“¿Me dejas?”, te ofreciste aquella tarde lluviosa, mientras me envolvías bajo el manto de aquel enorme paraguas.
“¿Me dejas?”, preguntabas, al invitarme a un capuchino en aquel pequeño café italiano.
“¿Me dejas?”, te brindabas solícito, cada vez que me acompañabas a casa, después del trabajo.
“¿Me dejas?”, me susurrabas cálidamente al oído, mientras tus labios jugaban a mordisquear mi oreja.
“¿Me dejas?”, me decían tus ojos, al hablar con los míos, antes de besarnos.
“¿Me dejas?”, me interrogabas dulcemente, al deslizar aquella delicada sortija entre mis dedos.
Y te dejé.
“¿Me dejas?”, suspiraba yo, diciéndote adiós con la mano, desde el umbral de la puerta, al verte partir cada día.
“¿Me dejas?”, susurraba abatida, cada vez que te besaba el cuello pintado de carmín ajeno.
“¿Me dejas?”, te apartaba enfurecida, ahogando un sollozo y reprimiendo una amarga lágrima.
“¿Me dejas?”, cuestionabas con atónita sorpresa, viendo un par de maletas llenas de recuerdos y desengaño encima de la cama.
“¡Me dejas!”, exclamabas con amargo semblante, implorando un perdón inalcanzable.
Y te dejé.




Mabel
Muchas veces queremos algo que con el paso del tiempo no podemos evitar. Un abrazo Lourdes y mi voto desde Andalucía
JR
De verdad que me he quedado sin palabras al leer un desenlace que sospechaba desde los primeros versos. Muy original! Hermoso! Saludos!
Gian
Bastante original como dice JR y cuanta tristeza transmite el poema.
Saludos y mi voto.
Gian.
MadreMar
Gracias a todos por vuestros comentarios y votos.
Quise jugar con la dualidad que semántica que presenta el verbo «dejar» para construir este micro.
Lourdes
Walter Alan
¿Me dejas decirte que me encanta?
Mi voto garantizado.