29 de mayo
Se tumbó la noche. Y encima la luna. Enredándose como dos cometas enamorados del viento. Se envolvieron finalmente la una a la otra. Jugaban, se acariciaban, se destrozaban…La luna se rompió en pedacitos quedando toda la noche estrellada.
La noche siguiente no se la volvió a ver. La noche la ahogó tan fuerte que perdió el sentido. Y ya no estaba a la hora cada noche para tumbarse de nuevo sobre ella. La noche no la echó de menos. Buscó otros astros, planetas, luces y farolillos, pero ninguno como ella. La noche lo sabía. Se conformaba con tenues destellos fugaces cada vez. Mientras, la luna seguía perdida. Buscando la oscuridad, se conformó desentrañando la suya propia. Y la divisó oculta. La otra cara de la luna. Así pues, se transformó y no supo nunca más como volver a ser la que era.
Sumida en su propia ambigüedad, la luna volvió a la noche. Y comparte y se divide con todo aquel que la quiera en su lugar. Hay noches que se la vislumbra tenue y misteriosa, pero ella hace un guiño de complicidad para hacernos saber que todas las noches sale para todos los amantes pasajeros que la buscan.




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Ascension
Muy bonito. La luna y la noche compartida por todos los que vivimos hoy en este mundo tan triste.