El día transcurría lento y pesado, como todos los anteriores. El reloj no pasaba de hora y los cigarros se consumían por decenas. El humo emborronaba su rostro preocupado y nervioso. Dos mechones, que caían de su alborotado pelo atado en un moño, adornaban sus mejillas arrugadas, muestra del paso del tiempo y de la preocupación. Una manta tejida por su madre, encamada en la UCI, la arropaba dándola la poca fuerza que la quedaba para soportar tanta tensión. Una vez más miró el reloj, solo cinco minutos transcurrieron desde que apagó el ultimo cigarro. Volvió a encender otro mientras golpeaba a ritmo ansioso sus uñas, con algunos restos de pintura, la mesa antigua que presidía el salón. El humo se impregnaba en el jersey de poliéster que usaba desde hacía tres días y en los vaqueros, una mancha de café oscurecía una parte de la rodilla que subía y bajaba sin control. Otra mirada al reloj. Solo habían pasado cinco minutos más. Otro cigarro la levantó del sillón orejero que en otros tiempos tanto la reconfortaba. Miró tras la ventana cerrada a esa gente que aplaudía. -Esas personas no se preocupan. Tan felices…- pensó ella a la vez que apagaba el cigarrillo en el cenicero cubierto de colillas.
Okoto




SDEsteban
Desgarrador. Mi voto y mi bienvenida.
Okoto
!Muchas gracias! Un saludo.
Milagros Blanco Muñoz
Esta genial!! Me encanta! Con cuatro pinceladas has recreado los sentimientos de muchas personas Q están pasando x un infierno. Enhorabuena!
Mabel
¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido
Okoto
¡Gracias Mabel! ¡Un abrazo!
Walter Alan
Tiene usted mi voto y le sigo. El relato es muy interesante en género literario cuando tiene algo que decir, o sugerir. Yo como intensivista de la UCI, he tenido la oportunidad de estar en ambos lados de la ventana. Su relato me encantó.
gonzalez
Me gustó mucho, Okoto. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.