El GALLO DEL FORASTERO. CAP . FINAL

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Cuando Plutarco entra al baño la sorpresa que encontró lo dejó sin palabras, el forastero tenía la cabeza del guacharaco metida en la boca y con una voz de ultratumba le rezaba la misma oración igual que cuando entraron a la gallera. Esto le pareció a Plutarco muy raro, sobre todo  porque el gallo podía asfixiarse y morir en la boca del forastero.

La oración y sanación del gallo guacharaco termina y el forastero le dice a Plutarco que el gallo está listo y puede pelear cuantas veces quiera. El gallo se veía inquieto,  muy perturbado las plumas del cuello las tenía encrespadas y su respiración descontrolada. Plutarco mira al forastero y le dice advirtiendo con su dedo índice que si al gallo le pasa algo no responde, ya eran conocidas las reacciones violentas del gallero cuando de perder un gallo se trataba.

El forastero se le para firme a Plutarco y le responde que no le tiene miedo y que asume la responsabilidad por la integridad del gallo guacharaco.

La tensión subió al máximo entre los dos hombres mientras caminaban al ruedo para exponer al guacharaco en una segunda pelea la misma tarde.

Como era sabido las apuestas se desbordaron y el guacharaco triplicaba al pollo de los galleros de San Onofre. Además entre galleros se pactó una apuesta aparte, el que perdiera debía despojarse de sus ropas y quedar desnudo por cinco minutos expuesto a la burla del exasperado público de la gallera. Algo inusual entre estos personajes porque las apuestas eran por cosas materiales, y esta apuesta por lo particular  llamaba la atención.

Al momento de iniciar el pleito más esperado de la tarde el gallo guacharaco y el pollo de los galleros de San Onofre, la música aumentó de volumen y los gritos de los fanáticos que parecían alaridos, nadie se quería perder esa contienda se abarrotó todo a tal punto que cerraron la gallera para evitar que entraran más personas.

Los primeros segundos de la pelea fue como de estudio, el pollo se le movía al guacharaco por todo el ruedo, este lo perseguía y a la vez le tiraba para conectarle un  buen golpe pero el pollo estaba bien entrenado.

Los asistentes lanzaban gritos de aliento  a sus animales preferidos y los gallos en contienda hacían lo suyo. Cuando de pronto sucede algo inesperado el pollo le propina al guacharaco una seguidilla de patadas y lo deja tendido en el ruedo, eso no lo esperaba ni el más optimista. El ruido de la gallera se transforma en un suspiro general de los seguidores del guacharaco, quizás lamentando un posible desenlace fatal del animal.

Plutarco se altera y al ver a su animal tirado e inerme en el ruedo saca por tercera vez su pistola y le dispara en varias ocasiones sin medir las consecuencias. Al escuchar los disparos los asistentes se aturden y se repliegan a las gradas dejando el ruedo solo. Además el gallo guacharaco se levanta de su letargo y emprende una descarga de espuelazos a su contendor diezmando su ímpetu dejándolo sin ánimo de seguir luchando.

Eso que sucedió era más inesperado de lo acaecido al principio, por último el gallo guacharaco corta con sus espuelas órganos vitales y esto  produce al pollo una hemorragia que lo deja sin opción de seguir viviendo. Ahora sí se había acabado la pelea y el guacharaco triunfa, Plutarco se hallaba pegado a su pesto como petrificado al no creer lo que sus ojos veían.

En el momento que Plutarco se levanta para recoger a su gallo el guacharaco realiza un corto vuelo a una de las paredes de la gallera causando  otra rabia al gallero y le hace otro disparo para asustarlo, pero al contrario el guacharaco se da vuelta y arremete contra Plutarco posándose en su cara y con su espuela le saca un ojo.

Por un momento todo fue confusión los fanáticos no salían de su asombro, el gallo guacharaco propinándole un golpe fatal su gallero en una muestra de venganza, porque este le tiró a matar en varias oportunidades de un balazo pero falló en  sus intentos.

Aprovechando  la confusión los galleros de San Onofre se escabullen de la gallera y no cumplen la apuesta de quitarse la ropa y ponerse a la burla de los asistentes.

Plutarco dando muestra de valentía tapa su ojo el cual emanaba mucha sangre, pero a la vez lleno de furia busca afanosamente al forastero para recriminarle la acción del gallo guacharaco.

No lo encuentra y lo que haya es asombroso, la ropa del hombre  se hallaba puesta sobre la silla como si este se hubiese desintegrado.

Qué cosas tan misteriosas, un gallo arisco muy violento con su gallero y un forastero desaparecido sin dejar huella. Nadie vió salir al forastero.

Plutarco estaba turulato por la pérdida de sangre y nadie se atrevía a ayudarlo, quizás por las reacciones violentas de este obstinado hombre que estaba acostumbrado a ganarlas todas y en ese momento estaba  inerme a su suerte. Los responsables de la gallera se acercan cuidadosamente a Plutarco y le insisten que debe ir al hospital, no obstante ese sitio a Plutarco le producía pavor.

Este gallero desde muy pequeño les tenía fobia a los médicos, a las enfermeras, por esa razón decía con orgullo que podía contar con los dedos de la mano las veces que estuvo visitando a un matasanos.

Al fin accede a trasladarse al hospital acompañado de varias personas que decidieron colaborarle, pararon un carro Nissan Patrol color blanco para que los llevara al sitio en mención, el conductor del carro se percata de la emergencia y sale como alma que lleva al diablo.

Llegaron al hospital en medio de la jarana de la gente que veía el grotesco espectáculo, al ingresar por la Urgencia los médicos lo conducen a hospitalizarlo y a realizarle exámenes para proceder a operarlo.

El encargado de llevar la fatal noticia a su mujer fue Tobi, aquel fiel amigo que siempre estaba acompañando a Plutarco cuando este estaba en otra gallera diferente a la “Paridera”.  Este en medio de un temblor explica a la mujer que el gallero sufrió un percance y le dice que la acompañará al hospital.

Cuando estos llegaron Plutarco estaba en la urgencia recibiendo abundante solución salina para que esta la ayudara a eliminar el alcohol por medio de la orina.

La intervención quirúrgica debía esperar, los médicos no podían  sedarlo en ese estado por posibles efectos secundarios. Además no podían salvarle el ojo pero debían realizar una operación para extraer el dañado y preparar la cavidad para un futuro implante, el cual sería para fines estéticos si este lo autorizaba claro está.

Esa tarde noche tanto la mujer como Tobi no pudieron hablar con el gallero ya que se mantuvo en la camilla inmóvil esperando su desintoxicación. Entonces pasaron toda la noche dormidos en una banca del hospital.

A la mañana siguiente Plutarco despertó desesperado con menos alcohol etílico en su organismo, de inmediato fueron iniciados los preparativos para su intervención quirúrgica.

La operación de Plutarco se llevó a cabo sin contratiempos y luego de casi cuatro horas su mujer y Tobi pudieron verlo. Conversaron de manera muy corta ya que el gallero se hallaba débil e indefenso tendido en una camilla de hospital lugar donde no se sentía cómodo.

Al día siguiente la mujer de plutarco preparaba su salida del centro hospitalario, Plutarco al verla se alegró mucho pero esta tenía preparada unas condiciones para seguir al lado del gallero.

Sin asco y a quemarropa le dijo que ella seguía viviendo con él siempre y cuando su hijo Esteban regrese a casa y por otro lado le hizo saber que estaba enterada de las encerronas y acosos que le propinaba a estrellita. El gallero quedó impávido casi sin color al escuchar a su mujer hablar de esa forma, se la queda mirando fijamente y tomándola por una de sus manos le dice con  voz lastimera que acepta las condiciones aunque por dentro se lo comía el orgullo y su altivez.

Pasaron los días, las semanas, los meses y el gallero no se acomodaba a su nueva vida con un solo ojo, esto lo mantenían incomodo por esa razón guardaba largos silencios. Cuentan los que conocieron esta historia que Plutarco bajó de peso y su fisonomía desmejoró notablemente lo mismo que su situación económica.

Decían algunos conocidos del gallero que regularmente lo veían deambular por el lugar de los hechos y preguntaba afanosamente que fue lo que realmente  ocurrió aquella fatídica tarde, cuando perdió su ojo y si habían visto al forastero. Ninguna de las dos preguntas tenían respuesta, la gente no quería recordarle el día que la mala hora tocó al gallero, del forastero jamás se supo nada a este personaje parecía que se lo hubiera tragado literalmente la tierra.

Del gallo “guacharaco” se especula que anda silvestre, cantando por las mañanas en los montes aledaños al pueblo aumentando la leyenda de este espécimen del cual se pensaba que sería una quimera y se convirtió en pura y física superstición.

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