Es la hora. Tienen que salir de casa. Está oscuro, pero apenas han dado las nueve. No han comido nada en todo el día. Llevan, en la mochila, sus últimas provisiones y pertenencias: una botella de agua, una bolsa de palomitas y un bocadillo de salchichón con un poco de moho: para tres.
Las calles de la ciudad están vacías y el silencio es atroz; insoportable. Ellos se comunican entre mímicas para entenderse (el lenguaje humano está prohibido).
No quieren hacer enfadar al monstruo, que poco a poco, ha destruido casas y edificios; que ha recluido a la especie humana a la naturaleza. Desobedecen las órdenes y no son conscientes de la gravedad de la situación. En cambio, las casas de los vecinos ya están hechas añicos y los árboles empiezan a hacerse hueco entre ellas.
Saben que es la última ropa, que su pelo empezará a crecer de manera descomunal por cada recoveco de su cuerpo, para protegerlos del frío. Desde ese instante, tienen que adaptarse a la cadena alimenticia.
Volverán a desarrollar las muelas del juicio y a grabar su historia en rocas y cuevas. Quizá se olviden de su actual forma de comunicación.
Cuando el monstruo llegó, la condición era clara:
“El ser humano se comportará como un auténtico animal, si quiere sobrevivir”





The geezer
Me ha parecido muy interesante este planteamiento, mi voto y saludos!
César
Kiwi
Magnífica exposición. Me gustó.
Walter Alan
Es un relato que va creciendo. Hay momentos que una frase destruye todo una obra. No obstante su narración ha sido muy directa en mi opinión. Le sigo en lo adelante y mi voto.
Mabel
La propia Naturaleza va resurgiendo. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida
Antiorfeo
Muy oportuno. Votado.
Nerta
Qué bueno, es original y transmite tensión. Me ha gustado mucho.
MP
Me gusta tu relato, real por otra parte, aun en su vuelo imaginativo. Un saludo y mi voto.
Vir
¡Muchas gracias a todos!, me alegra que os guste. Este relato lo escribí cuando empezó el estado de alarma. Estaba un poco enfadada con la sociedad. Un saludo!