La Comarca de Aquel Tiempo… III El Obediente de Sueños

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Tenía el salón absolutamente lleno. Quedaba pequeño para la multitud que allí se agolpaba.

Su vida había transcurrido entre frascos llenos de preparados; muy pocas veces los había utilizado. Más que un médico, parecía un brujo.

Hacía poco tiempo que había recibido la herencia del Guardián. Sin dudas, él era una persona muy encumbrada.

Daba números desde que salía el sol. No alcanzaba a atenderlos. Al día siguiente, igual. Se sumaban los nuevos con los que allí habían dormido. Estaba feliz de tener tantos pacientes. Era lo que había soñado.

“Dicen que hay que tener cuidado con los sueños, porque tarde o temprano se cumplen”.

Cambió su atuendo negro, por un guardapolvo blanco. La costurera del pueblo, feliz, se lo había confeccionado. Así se sentía más doctor.

¿Por qué lo visitaba tanta gente, si de enfermos tenían muy poco?

Todos se quedaban en su casa. Sin embargo, nunca invitaba a nadie a comer; él sabía cocinar para uno. Cocinaba muy rico. En una oportunidad había intentado hacerlo para dos; imaginando que invitaba a una señorita. Y el resultado fue repugnante, tenía su arte culinario; un arte para sí mismo.

A pesar de estar acompañado, seguía estando sólo.

Alguna vez quiso enamorar a alguna soltera. Sus galanteos se opacaban. ¡Ay, esos ungüentos! Mezclar un ojo de sapo, la cola de un chancho y los pelos odoríferos de la cola del caballo; espantaban a cualquier muchacha, aunque él fuera un buen partido.

Una joven después de ser atendida volvía al día siguiente y sacaba número. Era la que más tiempo permanecía en el salón. Abría la puerta para llamar al siguiente y la veía. De tanto verla empezó a mirarla. Era muy bonita, rozaba con la perfección.

Reconoció que él también anhelaba el día de su regreso. Teniéndola cerca se olvidaba de todo.

Estaba tan desorientado con las mujeres que a nada atinaba. Prefería que estuviera ahí, sin tocarla. Ni recordaba cómo era eso de hacer el amor. ¿Cuánto hacía que no lo hacía?

Más de una vez había pensado estar a solas con ella. Con su hogar lleno, imposible.

¡Semejante muchedumbre! Y los que traían una peste en el plantón se curaban. Estaba tan apurado, que no prestaba atención a las actitudes de esas personas.

Decidido a escudriñar, se relajó; dialogó con cada uno y tomó nota.  Ellos se mostraban inquietos y prontos a salir de allí. Miraban la puerta, no al doctor. ¿Sería que disfrutaban estando en la sala de espera y no les importaba ser atendidos?

La única que le hablaba mirándolo a los ojos, era esa bella mujer por la que él suspiraba; aunque todo seguía igual, ni un paso adelante.

Una noche se desveló, se levantó para ir a buscar su libreta.

Afuera todos dormían, viviendo solo andaba en puntas de pie y en silencio. Sentía que su casa no le pertenecía. Abrió la puerta del consultorio, girando su cabeza observó el bizarro gentío; mientras un haz de luz entraba en la sala, haciendo brillar el imponente reloj. Quedó estático.

La mañana siguiente buscó su escalera y una enorme sábana. Tapó la máquina. Los que se habían despertado emitieron un largo ¡oh!

Al comenzar con la consulta, había menos gente. Y cuando salían, algunos se iban deprimidos. Comenzaron a visitarlo sólo los afectados por alguna dolencia; su casa había vuelto a ser suya.

Mientras la sábana se llenaba de tierra, la que seguía viniendo sin estar enferma; y él la atendía protegiendo un secreto compartido; era esa señorita.

Tomo una segunda decisión, y aprendió a cocinar para dos.

Comentarios

  1. Eli...

    23 julio, 2020

    ¡Muchas gracias Chino! Y vienen más relojes 😉

  2. Labrida

    23 julio, 2020

    Me ha encantado, muy buen relato, un saludo y mi voto.

  3. Mabel

    23 julio, 2020

    Muy buen Cuento. Un abrazo Eli y mi voto desde Andalucía

  4. AsNoren

    23 julio, 2020

    «De tanto verla empezó a mirarla», que agradable lectura Eli. Ya tienes mi voto.

  5. Eli...

    24 julio, 2020

    Gracias Labrida, Mabel y Asnoren. Es un honor que les gusten mis relatos.
    Ya mismo me corro a leer los vuestros.
    Abrazos

  6. Luis

    25 julio, 2020

    Buen relato. Un saludo y mi voto Eli-.

  7. Eli...

    26 julio, 2020

    Hola @edhipo vos sabés que no encuentro tu comentario, ni tu voto… Ya sé, me lo robó Falsaria, o se equivocó ja,ja,ja.
    Abrazo y gracias

  8. Eli...

    26 julio, 2020

    Ay, ay Falsaria, se olvidaron de agregarme dos votos 🙁
    Anda como la pandemia esto grrrrr

  9. MP

    29 julio, 2020

    Que rara tu historia, la metáfora y el sentido permanecen escondidos hasta el final, y cuanto mas raro mas me atrae. Un abrazo.

  10. Eli...

    30 julio, 2020

    Gracias Mariela, son medio raros, hasta un poco ridículos jajaja

  11. Eli...

    30 julio, 2020

    Me encantaron tus palabras @mariela-puzzo, olvidé decírtelo.
    Muchas gracias por ver eso en estas fantasiosas historias del tiempo.

  12. gonzalez

    30 julio, 2020

    Eli querida, coincido un poco con el comentario de Mariela. Me gustó mucho. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

  13. Eli...

    30 julio, 2020

    Gracias compatriota, es lindo provocar eso, estuve pensando, y es exacto lo que @mariela-puzzo comentó. Vos también coincidís.
    Y sabés que no me había dado cuenta @gilgonzalez.
    Las palabras de ustedes, nos hacen repensar lo que escribimos, enhorabuena.

  14. JR

    29 agosto, 2020

    Yo creo que he dico todo lo que puedo decir en tus otras historias. Solo puedo decir: FANTASTICO!!! Aunque creo que ya lo habia dicho.

    Saludos!

  15. Eli...

    29 agosto, 2020

    GRACIAS, ¡así con mayúsculas!
    Siempre alentándome, eso es impagable.
    Abrazo!!!

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