Es culpa de Schrödinger

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ES CULPA DE SCHRÖDINGER

(por Eréndira Corona)

Es culpa de Schrödinger. Sí, de él. Que insistió en imaginar a un gato dentro.

Pienso aquello, mientras balanceo indeciso el lápiz sobre el papel y observo al minino rodear el cubo acartonado con soltura, y entrar en él de un solo salto. Movimiento que lleva a cabo, en modo como acostumbra siempre un gato, grácil y elegante.

Aquel imaginario experimento, debió joder su imaginaria memoria colectiva y dejar una marca en el subconsciente de los morrongos; por lo cual ahora, siempre que pueden proclaman el recuerdo de su ancestro dentro de la caja. Le observo atento. Sí, a mi gato. Le observo dentro de aquel receptáculo como congelado en el tiempo… como guardando un minuto de silencio para disculparse. Sí, para disculparse. Porque dentro de unos instantes, saltará de nuevo fuera de la caja, y habrá sellado el destino de aquel imaginario susodicho del experimento, para siempre.

Ramsés decide de qué lado cae la moneda, mientras se impulsa con el resorte de sus patas traseras y aparece casi instantáneamente en el lado contrario. Parece que le ha sido suficiente de sentimentalismos. Menea lentamente su cola y da la vuelta en forma airosa hacia el alargado pasillo. Desfilando por éste, hasta llegar a su lugar favorito, un rectángulo luminoso que se forma en el piso de losetas, entibiado por el sol de la tarde. Donde ahora se posa extendiendo sus patas delanteras, adoptando una posición que resembla a una esfinge en miniatura. —¿Cómo puede caber infinito garbo en ese pequeño cuerpo?—me pregunto, mientras él me mira condescendientemente por no saber la respuesta. No han pasado ni bien tres segundos, y ya me ignora de nuevo, dirige su atención hacia otro punto en el espacio. O sabrá Dios… quizás incluso, en el tiempo.

Mira fijamente hacia un lugar, aparentemente próximo a donde yo me encuentro. Y que, sin embargo, me es totalmente ajeno. Las constelaciones ambaradas que conforman el universo particular, expandiéndose al interior de aquel par de ojos, trazan un viaje cuyo destino siempre ha sido y seguirá siendo un misterio para mi. De pronto, me aventuro a elucubrar algunas razones de aquello que ven con tanto afán. Una de mis teorías dice que, lo que ven, es un camino vedado a los ojos de los hombres; el lugar donde guardan celosos los secretos de su gracia y el misterio de su esencia. Otra, que durante esos instantes, fungen como los observadores destinados a mantener nuestra experimental existencia, de este mundo tal y como es, y que por ello se saben superiores a nosotros. Otra, que éste Ramsés, mí Ramsés (expresado así por mero afecto, ya que los gatos se pertenecen solamente a ellos mismos) entra en estado de petrificación temporal debido a la rápida estampida – detrás de algún ratón – que ha emprendido otro Ramsés, al que no reconozco como mío. Y así podría seguir desvariando… hasta cansarme y optar por la explicación más aburrida de todas. Es decir, aquella que enuncia, que quizás, sea simplemente un bicho en la pared al que mi cansada vista no alcanza a distinguir. No lo sé, creo que quizás será mejor que nunca lo sepa.

En cualquier caso, sigo pensando que es culpa de Schrödinger, (insisto) mientras borroneo indeciso el título de un cuento, que finalmente decido no escribir.

 

Comentarios

  1. Mabel

    25 agosto, 2020

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

  2. The geezer

    5 septiembre, 2020

    Ha sido un placver sumergirme en este tan interesante relato/reflexión, y de camino conocer la paradoja de Schrödinger. Un saludo y mi voto!
    César

  3. Alejandro F. Nogueira García

    17 septiembre, 2020

    Este relato contiene casi todos los ingredientes que me gusta encontrar en un trabajo literario. Uno de ellos es la “mirada oblicua”. Aunque en casi todos los aspectos de la vida es preferible mantener una “mirada frontal” —entre otras cosas porque conviene saber qué hay delante—, en literatura prefiero que las cosas se presenten desde un ángulo de visión agudo u obtuso. Ejercitando las “miradas oblicuas” se revelan aspectos insospechados sobre los más diversos asuntos. Es la mejor forma de evitar que el punto ciego incida siempre en el mismo sitio.
    En este caso, el relato aporta una visión inesperada sobre un hecho intrascendente de la vida cotidiana. El narrador elucubra sobre algo tan intangible como el lugar al que dirige la mirada su gato. Sus divagaciones entran en el fascinante mundo de las paradojas de la física cuántica en las que se discute cómo se debe interpretar la contradicción entre el carácter probabilístico de sus predicciones y lo que nuestro sentido común nos dice sobre la realidad; el llamado “problema de la medida” o “colapso de la función de onda”. Schrödinger tal vez fue el que llevó más lejos esa discusión al presentar un experimento mental en el que un parámetro tan importante del mundo no cuántico (la vida o la muerte) se hace depender de un único fenómeno cuántico (la desintegración de una partícula). Otros experimentos reales o mentales, como el de la doble rendija o el propuesto en la paradoja EPR, también ponen en cuestión la “completitud” de la mecánica cuántica dando lugar a hipótesis (variables ocultas, múltiples universos, ”rescate” del éter prerrelativista, incorporación de los fenómenos psíquicos como parte indisoluble de la realidad física, etc) que pretenden deshacer la contradicción antes referida. Los interesados en el asunto sabrán que, en 1964, John Bell obtuvo un brillante resultado teórico (Teorema o Desigualdades de Bell) por el que se hizo posible ejecutar experimentos que permiten discernir qué teorías o hipótesis responden mejor a la realidad. Como resultado de esos audaces y sofisticados experimentos que se han venido realizando los últimos cincuenta años, ha quedado establecido que las predicciones de las teorías de las variables ocultas locales no se ajustan a la realidad.
    Enhorabuena a Eréndira por haber creado este relato que me ha sorprendido gratamente. No solo nos hace reflexionar sobre muchas cosas sino que está muy bien escrito, haciendo uso de un rico vocabulario y eficaces metáforas que conjugan perfectamente el lirismo con la claridad. Hay alguna expresión que, por reiterativa, me parece fuera de lugar. Pero no supone ningún inconveniente para calificar este relato como sobresaliente.

  4. ErendiraCorona

    18 septiembre, 2020

    Agradezco mucho sus lecturas y comentarios tan enriquecedores y motivadores. Si les interesa leer más escritos míos y de otros escritores, los invito a visitar mi perfil en Boukker (el registro es gratuito). Un abrazo.

  5. Opzmo

    20 abril, 2021

    Ingenioso relato, Eréndira, saludos!

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