La niña risueña

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Había una familia que había tenido una hermosa niña, era hija única por lo que era muy querida por sus padres. Su belleza era comparada con la de un ángel, pero había un problema, ella no sonreía. Al pasar los  años, pensaron que posiblemente la pequeña se sentía sola y lo que necesitaba era un compañero de juegos. Sin embargo, eso no ayudó y sus esfuerzos no lograron que la pequeña sonriera.

Un día, sus padres escucharon algo que les calentó el corazón, la niña reía, reía, y reía. Estaban maravillados, se preguntaban que había provocado ese milagro. Ansiosos buscaron a la niña para ver la fuente de su alegría. Cuando la pequeña apareció frente a ellos vieron que estaba cubierta de pintura, sus manos mostraron un dibujo que presumía con mucho orgullo, “¡Miren los dibujé! ¡Dibujé a mi familia!”,  decía la niña entre brincos. Sus padres emocionados tomaron su dibujo pero no lograron comprender lo que veían, no entendían por qué su familia estaba incompleta, por qué solo había tres personas.  Cuando la madre se acercó para preguntarle vio que la pintura en su ropa empezaba a adquirir un tono marrón, inquieta le cuestionó acerca del origen de la pintura.

La pequeña corrió emocionada para señalarles de donde la había sacado. Los padres temerosos se acercaron al cuarto señalado y cuando abrieron la puerta vieron algo que los marcaría de por vida. El cuarto estaba rodeado de otros dibujos similares al anterior y en medio de la habitación estaba la explicación que necesitaban.

Fue entonces cuando sus padres comprendieron que en realidad la familia de aquellos dibujos estaba completa para la niña, que ella sí había  puesto a cuatro personas, solo que la última estaba representada por una cruz. Los padres aterrorizados soltaron un grito desgarrador mientras abrazaban el cuerpo inerte de su hijo.

Comentarios

  1. Mabel

    7 septiembre, 2020

    ¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Eli...

    8 septiembre, 2020

    Muy buen relato.
    Espeluznante por cierto, se me hizo un nudo en mi estómago.
    Abrazo

  3. Fa

    29 septiembre, 2020

    Te dejo mi voto y felicidades. Miedo me da leerte…

  4. Alejandro F. Nogueira García

    29 septiembre, 2020

    Pido disculpas a DalaCC y a Fa por ejercitar mi extremada vagancia comentando sus textos al mismo tiempo. Ambos comparten la temática de la muerte liberadora y ambos han recibido por parte de otros usuarios comentarios en los que aparece la palabra “triste”.
    ¿Triste?
    “No era tristeza, no. Triste es el mundo;
    pero la inmensa alegría invasora del universo
    reinó también en los pálidos días.”—dice Vicente Aleixandre en “No basta”, el último y fundamental poema de “Sombra del paraíso” (1944).
    En efecto; tanto la protagonista de “Gracias” como la protagonista de “Detrás de la puerta”, cada una con sus motivaciones y medios, dejan un mundo en el que la alegría les es imposible. Eutanasia o suicidio enfrentan al ser humano con su instinto de conservación, con su ansia y voluntad incondicional de vida. Así pues, dejando al margen los preceptos morales y religiosos de cada cual, siendo la única especie que sabe que va a morir y que puede elegir cuándo hacerlo, sería necio no hacer uso de esa facultad si es necesario. A sabiendas —eso sí— de que esa facultad solo se puede usar una única vez.
    En el caso de la protagonista de “Gracias” existe el importante matiz de que precisa de otros para ejercerla. A veces incluso se plantea el caso de que la persona está clínicamente muerta y son otros los que no sólo deben ejercerla sino también decidirla. Creo que nuestra sociedad debe dar respuesta a este espinoso asunto. En los últimos años, las investigaciones sobre la actividad cerebral han llevado a importantes avances para cuantificar el grado de consciencia que habita en una persona clínicamente muerta. Incluso se ha llegado a establecer un método (la prueba “zap y zip”) que permite determinar si un persona se puede considerar consciente o no.
    En el caso de la protagonista de “Detrás de la puerta”, el diagnóstico habitual que la sociedad hace del suicida suele estar repleto de prejuicios erróneos e incomprensiones. Salvo casos patológicos, el suicida teme la muerte pero teme más la vida. Y él es el único que posee todo la información sobre las posibilidades y alternativas de las que dispone. El inviolable principio de “de la piel pa´dentro mando yo” debería ser aplicado a este caso por extremo y trágico que se nos antoje.
    Fa, has demostrado en tu microrrelato una enorme capacidad de encapsular sentimientos en palabras. En menos de cien has conseguido comunicar los estados emocionales del necesario cooperante y de la enferma antes y después del pinchazo.
    Y tú, DalaCC, nos has dejado de momento tres relatos que narran un suicidio y dos asesinatos en el entorno familiar. Uf… Dala…; espero que tus allegados no sean demasiado susceptibles… Pienso que tienes un prometedor camino por delante como escritora. Si con solo 20 años escribes así, puedes aspirar a conseguir todo lo que te propongas.
    Enhorabuena a ambas.
    No me resisto a terminar este comentario con otro fragmento de un poema de “Sombra del paraíso” de Vicente Aleixandre titulado “El mar”:
    ¿Quién dijo acaso que la mar suspira,
    labio de amor hacia las playas, tristes?
    […]
    Allá, reverberando,
    sin tiempo, el mar existe.
    ¡Un corazón de dios sin muerte, late!

  5. DalaCC

    29 septiembre, 2020

    Agradezco mucho su apoyo, es agradable saber que les ha gustado. Por otro lado, Alejandro… me ha alegrado tu comentario, es muy lindo de tu parte que te hayas tomado el tiempo para opinar sobre mis relatos y darme una crítica constructiva; y así como los ha dicho, espero que pueda ir mejorando como escritora y en un futuro seguir entreteniendo al mundo con mis historias.

    Saludos y un abrazo a todos.

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