Cristina permaneció oculta toda la noche, sumida entre los árboles de copas majestuosas y los espesos matorrales, hasta que a las primeras horas del día, cuando los más madrugadores sacaron el perro a pasear, la descubrieron.
-¿Señorita se encuentra usted bien?
El perro se acercó impertinente para olfatearla, y al instante se puso a ladrar.
El lugar se llenó de coches de policías y ambulancias poco rato después de que el amo del perro los hubiera llamado. Señaló el sitio tratando de no acercarse demasiado:
-¡Está ahí, entre los arbustos!
Me habría gustado estar allí para decir a aquellos policías que ese era un crimen malogrado, que no valía. De igual manera que no vale el borrador de un escrito antes de pulirlo bien para darlo a la imprenta. Era un suceso que daba para poco. Un pobre esbozo de dibujo mal hecho. Improvisado. Había que descartarlo.
-Por favor enfermeros revívanla y ofrézcanle disculpas de mi parte. Aquí no ha pasado nada. De verdad. Mi intención era otra.
fin




Mabel
¡Impresionante! Un abrazo Antonio y mi voto desde Andalucía
Sosias
Hola Antonio nos quedamos con ganas de seguir leyendo.
Buen trabajo.
Saludos y mi voto
Gian
Interesante cuento. Me ha gustado.
Saludos y mi voto.
Gian.