Está sola. Se desnuda y al hacerlo, deja la ropa tirada por el pasillo; del dormitorio al baño. Abre el grifo y espera a que la bañera se llene de agua caliente. Introduce el pie derecho: quema, pero no le importa. El sudor empieza a resbalar primero por sus brazos; el espejo se ha empañado al instante: ya no puede verse.
Se tiende, echa la cabeza hacia atrás, se moja el pelo y suspira. Se quita el coletero. Le escuece el alma: como si muchas heridas le recorrieran el cuerpo. Sabe que están ahí, pero no son superficiales; se alojan dentro.
Solo tiene ganas de cerrar los ojos. No pensar. Tiene miedo a quedarse dormida: por si vuelve la incertidumbre e intenta ahogarla. No quiere ponérselo tan fácil.
Sus dedos se arrugan por el paso de las horas. Mira sus manos, se las toca y siente el peso de los años; la edad, las dificultades y el reloj, que no para. Siente que no sabe aprovechar su momento y por eso se quiebra.
Escucha la puerta de la calle. Alguien entra y lo ignora. Toca dos veces; ella no dice nada, se limita a esperar. Un abrazo, ya más cálido que el agua, la envuelve y la agobia. Sigue sin decir palabra. Su corazón empieza a latir más rápido de lo normal.
Ha llegado de nuevo, sí, se ha quedado dormida.





Esruza
Me parece muy triste, es la soledad y las ensoñaciones.
Mi voto y un saludo
Estela
JRPineda
Me gustó tu narración, los detalles, como lo llevas. Gracias.
mary poppins
Muy bien insinuada la muerte