El escondite

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La anciana que morirá de un modo cruel en tan solo dos días estaba durmiendo cuando un ruido en la casa la ha despertado. Todo está a oscuras. Saca el brazo por debajo de las mantas para encender la lámpara que descansa sobre su mesita de noche y averiguar la hora que es. Las tres y veinte de la madrugada. ¿Acaso lo habrá soñado? Agudiza el oído por si vuelve a escuchar algún sonido proveniente de la casa. ¡Ahí está! Parece que hay alguien en la cocina de abajo. Se percibe ligeramente desde la habitación el sonido de los cajones de la cocina al abrirse y cerrarse, como si alguien estuviera buscando algo. ¿Será un ladrón? ¿Quien si no un ladrón podría estar revolviendo entre sus cosas a estas horas? Solo ella tiene la llave de su casa. No quiso dejársela a nadie. Sus amigas de confianza ya murieron hace años y sus vecinas son demasiado cotillas o demasiado jóvenes. Ahora uno no puede fiarse de la juventud. Todos son unos drogadictos o unos maleducados. Y su hijo tampoco tiene llave. No la necesita. Para tres veces al año que viene a visitarla y siempre porque necesita algo… Cría cuervos…

El ruido de los cajones ha cesado. De nuevo se oyen pasos en el piso de abajo. Parece que el ladrón ha salido de la cocina. La anciana está asustada y no sabe qué hacer. Siente la necesidad de taparse con las mantas hasta la cabeza como cuando era niña pero es consciente de que eso no servirá de nada. ¿Qué puede hacer? Mira hacia los lados de la habitación buscando una solución. Es demasiado vieja para pelearse con nadie. No quiere que le den un golpe y acabar en el suelo, como todas esas ancianas que salen en la televisión agredidas por ladrones en los portales de sus pisos. Por ella pueden llevarse todo lo que quieran de su casa, pero no quiere que le hagan daño. Su respiración se acelera cuando oye los pasos subir por las escaleras. Ya no le da tiempo a salir de la habitación sin ser vista. Entonces le viene a la mente la imagen de ella y su hermano jugando al escondite por la casa cuando eran niños. Esta casa era ya antigua cuando ella era tan solo un bebé. Recuerda que ella se escondía en un cubículo secreto que hay tras el fondo del armario. Hace una eternidad que no se usa y es muy pequeño. Tan solo hay espacio para una persona de pie; pero está segura de que allí no será descubierta y estará a salvo.

Sale de la cama haciendo el menor ruido posible, abre el armario, retira la ropa y se introduce en él. Después cierra el armario, abre el compartimento secreto, vuelve a colocar la ropa en su sitio y cierra la puerta del escondite. Sólo entonces recuerda que no puede encerrarse por dentro. El cierre del pequeño cubículo está por fuera, en un sitio apenas perceptible, y mucho menos con toda esa ropa delante, de modo que intenta tranquilizarse para no malgastar demasiado oxígeno allí dentro. Lo ha visto en las películas de terror; esas que tanto le gustan y que siempre ve sola porque no tiene a nadie que le acompañe. Pero esto no es una de esas películas. Está sucediendo de verdad. Hay un ladrón en su casa y desde allí puede oír perfectamente como ha entrado en su dormitorio y lo está revolviendo todo.

Es consciente de que el ladrón debe pensar que hay alguien en la casa. La cama está caliente, deshecha y se ha dejado sin querer la lámpara de la mesita de noche encendida. Sin embargo, se siente segura allí dentro. Él no será capaz de encontrarla, y cuando coja las joyas que hay sobre la cómoda se marchará y ella podrá salir de su escondite. Solo tiene que tener paciencia y esperar un rato más allí quieta y callada. Sin embargo, su corazón se acelera cuando escucha como el ladrón abre las puertas del armario. Late con tanta fuerza que la anciana tiene miedo de que él pueda oírlo. Intenta respirar despacio para poder calmarse. Es imposible que conozca el escondite. No puede verlo. No puede saber que está ahí. Pero entonces oye un ruido de perchas al moverse. ¿Por qué estará rebuscando en su ropa? ¿Qué espera encontrar ahí? ¿Por qué no coge las joyas y se marcha? Al cabo de unos segundos cesa el ruido de las perchas, pero continúa escuchando pasos en su dormitorio y el sonido de abrir y cerrar cajones. La anciana suspira aliviada al darse cuenta de que no ha sido descubierta. Ya queda menos para que el ladrón se marche. Ya sabía ella que allí no la encontraría nadie. Todos los que conocen el escondite ya están muertos y enterrados. Los que les vendieron la casa a sus padres, sus padres, su hermano. Todos muertos. Solo tiene que esperar a que el ladrón coja lo que quiera y se marche; y espera que lo haga pronto, porque ya empieza a notar el peso de su cuerpo en sus desgastadas rodillas. No podrá aguantar de pie mucho más tiempo.

– ¿Sabe? Nadie va a echarla de menos. Ahora mismo estoy colocando su ropa en su vieja maleta para simular que se ha ido de viaje. De todos modos, ¿a quién le va a importar? ¿Quién va a preguntar por usted? ¿Sus amigas muertas? ¿Las vecinas con las que apenas cruza una palabra? La gente siempre le ha importado una mierda. Lo único que le ha importado en la vida ha sido esta puta mansión. Siempre he tenido la impresión de que esta puta casa era más importante para usted que yo mismo. Ni siquiera me permitía jugar en ella cuando era niño. Nunca quiso deshacerse de ella; ni siquiera cuando yo se lo pedí porque necesitaba el dinero. ¡Necesitaba el dinero, joder! ¡Usted es mi madre! ¡Tenía que haberme ayudado! Pero no; la casa era más importante que yo. Usted no podía irse a vivir de alquiler a algún apartamento con lo que sacáramos de la venta. Noooo. Usted tenía que quedarse a vivir aquí para siempre, en su amada casa. Pues mire, no soy tan mal hijo. Al final le voy a conceder lo que usted siempre quiso.

La anciana se siente confundida. ¡No se trata de un ladrón! ¡Es su propio hijo el que ha entrado en su casa! ¿Pero qué es lo que quiere ahora? Ahora que sabe que es su hijo el que está ahí fuera se siente aliviada pero, ¿por qué no le avisó de que venía? ¿Y por qué ha venido a estas horas? ¡Menudo susto le ha dado! Menos mal que ya puede salir de allí; ya casi siente cómo tiemblan sus piernas del esfuerzo. La anciana empuja la puerta del cubículo pero ésta no se abre. Qué extraño, piensa. Algo debe de haberla atascado. Lo intenta de nuevo con más fuerza, esta vez utilizando el peso de su propio cuerpo, pero la puerta sigue sin abrirse.

– ¡Alberto! – grita desde dentro de su cubículo-. ¡Estoy en el escondite del armario! ¡La puerta ha debido atascarse! ¡No puedo salir de aquí! ¡Ayúdame!

– ¿Como usted me ayudó a mí cuando necesitaba el dinero? – le responde irónico su hijo. Y después añade con desprecio -. La puerta no se ha atascado madre.

Después coge la vieja maleta de su madre y, desde la puerta de su habitación, pronuncia las últimas palabras que oirá la anciana señora:

– Ya puede darme las gracias, madre. Va a permanecer en esta casa para siempre. ¿No es lo que usted quería?

Comentarios

  1. Luis

    2 octubre, 2020

    Terrorífico. Me recuerda a Misery, la película, un abrazo y mi voto Silvia!!

  2. SDEsteban

    2 octubre, 2020

    Muchísimas gracias, Luis por el comentario y el voto. Ya quisiera yo parecerme en algo a Sthephen King. Ja, ja, ja. Aunque lo seguiré intentando… 😉 Abrazos!!

  3. Beatrizz

    3 octubre, 2020

    Un relato para leer por la noche… si te gusta pasar miedo😱 a mi me ha atrapado desde la primera frase…🤭

  4. SDEsteban

    3 octubre, 2020

    Muchas gracias, Beatriz! Me alegra que te haya atrapado. Saludos!!

  5. Eli...

    3 octubre, 2020

    Muy buen relato, el hijo un hijo de su madre…
    Un abrazo y mi voto Silvi!

  6. JR

    6 octubre, 2020

    Muy bien escrito! A mi tambien me ha atrapado desde el principio. Yo diria a lo Edgar Allan Poe.

    Saludos!

  7. SDEsteban

    6 octubre, 2020

    Muchísimas gracias, JR. ¡Menuda comparación! 😉 No veas lo contenta que me he puesto, ji, ji, ji. Muchas gracias.

  8. The geezer

    7 octubre, 2020

    Tremendo!!! Creíamos verlo venir con la pista que das al principio, pero aún hemos sufrido unas cuántas vueltas más….suscribo lo de Poe, y eso porque no he leído al famoso Stephen KIng jaja
    Creo que dice mucho en tu favor la variedad de registros, desde lo súper tierno a lo más terrorífico, ¡enhorabuena!
    César

  9. JR

    8 octubre, 2020

    @silvia-docongmail-com – Pues yo me he alegrado mucho mas de que mi comentario te haya puesto contenta. Espero te motive a brindarnos mas historias tan bien escritas como esta. Esta clase de historias te quedan muy bien y como puedes ver por los comentarios, les gusta a muchos.

    Saludos y estoy muy feliz por ti.

  10. SDEsteban

    8 octubre, 2020

    Ja, ja, ja. Muchas gracias por el comentario, César. Agradezco enormemente tus palabras. Un abrazo!

  11. SDEsteban

    8 octubre, 2020

    Muchas gracias Jose Rubén. Agradezco muchísimo tu apoyo, que recuerdo que tengo desde mis principios. Un abrazo enorme!

  12. Alejandro F. Nogueira García

    12 octubre, 2020

    Lo que más me sorprende de tus aportaciones, Silvia, es saber que escribes desde hace menos de dos años. Se deduce que te lo has tomado muy en serio. No solo por el ritmo al que has publicado en Falsaria (aproximadamente una entrada semanal) sino por el hecho de la existencia de un estilo propio (algo que —a veces— lleva muchos años establecer). En efecto, esa autora omnisciente que se expresa casi siempre en presente de indicativo, “galopando” en narraciones —ora reflexivas, ora vertiginosas— o en frenéticos monólogos interiores, es, para bien o para mal, un sello de tus escritos.
    También es sorprendente, tal y como ha señalado Cesar en algún comentario, la variedad de registros anímicos en los que te mueves. Hay escritoras que, por ejemplo, hacen maravillosas prosas poéticas repletas de ternura pero son incapaces de narrar un cuento de terror o viceversa. No es tú caso: tú estás en todas. “Primer amor” y “El escondite” son ejemplos extremos de lo que acabo de decir. Tampoco ignoras el ensayo reflexivo (“Obsolescencia programada”) ni la lírica (“El tiempo” —aprovecho para decir que ese poema, visto desde lejos, tiene una silueta muy peculiar. No sé si lo has hecho propósito pero a mí me ha recordado a los caligramas de Apollinaire—).
    Aunque no tenga que ver con el contenido de los relatos, también quiero destacar tu buen gusto por las imágenes adjuntas. Me sorprendería que me dijeses que no pasas mucho tiempo seleccionándolas. Por contra, si me permites la broma, creo que deberías tener más cuidado con los títulos. Incluso un tipo tan desvergonzado como yo, he tenido reparos al pinchar “Me gusta” en alguna de tus narraciones. Ahora, en el hiperespacio internáutico, habrá quedado registrado que a Alejandro F. Nogueira García le gustan “Las bragas”.
    Con respecto al contenido (el “qué” de tus relatos) suele ser banal, basado en lo cotidiano, lo que le pasa a la “maruja” todos los días, a la pareja engañada o enamorada, a la niña que disfruta o echa de menos el amor paterno o materno, a la chica que desoja la margarita o al matrimonio mal o bien avenido. Pero casi siempre se atisba o se intuye un trasfondo universal. En eso consiste, al fin y al cabo, la “mímesis” aristotélica destinada a provocar la “catarsis”.
    Por último, con respecto al continente (el “cómo” de tus relatos), ya he hablado antes de “tu” estilo. Me sorprende que esté tan arraigado en alguien que lleva poco tiempo escribiendo porque conlleva trabajar con unas voces y tiempos verbales difíciles de trabajar. Supongo que lo utilizas porque te sientes a gusto pero no es un estilo nada apropiado para relatos como “El escondite” o “La novia”. Creo que si imaginas cómo quedarían esos relatos narrados en pretérito perfecto simple sabrás por qué lo digo. Pero no es menos cierto que la escritura, como toda disciplina, es una larga carrera de obstáculos y me parece muy elogiable que seas coherente con tu estilo aun cuando parezca no ser lo más apropiado.
    Espero, Silvia, que sigas mucho tiempo escribiendo y dándonos la oportunidad de leerte. Por los comentarios que reciben tus aportaciones veo que generas mucho placer estético. Estaremos expectantes ante tu próxima entrada.
    Muchas Gracias.

  13. SDEsteban

    13 octubre, 2020

    @fa140728 ¡Guay! ¡Qué bonito regalo acabas de hacerme, Alejandro! Gracias, gracias y mil veces gracias. Te agradezco todo el tiempo que has dedicado a mis escritos para poder hacer un comentario tan meticuloso y pulcro sobre ellos. Me siento una privilegiada al haberlo recibido y ten por seguro que voy a intentar aprovecharlo al máximo.
    Empezaré por seguir tu consejo en cuanto a los tiempos verbales, pero, en cuanto a esta cuestión, me surge una duda, y espero no abusar de tu amabilidad por ello 🙂 . Según tu experiencia (que aventuro mucho mayor que la mía), ¿qué tipo de textos ganan en calidad al hacerlo en un tiempo pretérito perfecto simple? ¿Es algo intuitivo o se puede seguir ciertas normas? Espero que disculpes mi ignorancia sobre el tema porque, aunque sí he experimentando con diferentes registros, no lo he hecho con los tiempos verbales o voces narrativas, y creo que es el momento de hacerlo.
    Como tú comentabas, me siento cómoda escribiendo en presente, aunque considero que por cambiar en algunos textos el tiempo verbal no perderé “mi estilo” ya que, como señalabas, también hay algunos otros rasgos que lo caracterizan, y, por contra, podría ganar en calidad, por lo que me interesa mucho todo lo que pueda aprender en cuanto a esta cuestión.
    En cuanto a esta cuestión y en otras que tú consideres a bien darme tu opinión. Siempre estoy dispuesta aprender y lo hago rápido. Muchísimas gracias por tu interés y por dedicarme tu, estoy segura, preciado tiempo. Un fortísimo abrazo.

  14. Alejandro F. Nogueira García

    14 octubre, 2020

    Gracias a ti, Silvia, por esta replica tan amable a mi comentario.
    Es posible que mi experiencia sea más longeva que la tuya pero me siento mucho más “lector” que “escritor”. Jamás me he tomado la escritura tan en serio como tú. Por tanto, todo lo que yo pueda decir debes tomarlo como la opinión de un lector, ni más ni menos informada que cualquiera otra.
    Trataré, no obstante, de ayudarte en la cuestión concreta que planteas. Disculpa si mi sinceridad me lleva a decir algo hiriente.
    Cuando escribí que tu estilo es difícil de trabajar no me refería al tiempo verbal sino a la combinación del tiempo verbal con la presencia del autor omnisciente. Es esa combinación la que considero inapropiada para determinados relatos. Si utilizas el presente de indicativo y no haces uso de la omnisciencia, no hay problema. En ese caso, estaremos hablando de un recurso con el que se han construido miles de novelas de muy buena calidad (“La Colmena” de Cela por poner un ejemplo paradigmático). Pero, al introducir la omnisciencia, te metes en problemas de los que , seguramente, ya eres consciente puesto que he visto en tus escritos que los has resuelto de alguna u otra manera (a veces con éxito y a veces no tanto).
    Aunque hacer este tipo de generalizaciones es muy arriesgado, entiendo que tu estilo es ideal para situaciones concretas y breves en las que no se hacen extrapolaciones temporales y en las que el personaje es el único o casi el único protagonista (ejemplos de ello sería “Trayecto a casa” o monólogos interiores como “¿Bailas?” o “Las bragas”). Pero no es adecuado cuando hay personajes secundarios que no sean meras comparsas (como el hijo en “El escondite” o el novio en “La novia”) o cuando hay saltos temporales (como “Estrella fugaz”).
    En “La novia” se ejemplifica el problema que existe con tu estilo al existir dos personajes. Antes de la irrupción del novio, el lector se ha identificado con la novia. Empatiza con su situación y, algunos más y otros menos, comprende su decisión de perdonar la aventura del novio. Cuando irrumpe el novio y expone su postura ¿cómo pretendes que el lector empatice con él? ¿Acaso es tu intención que el lector vea al novio como un canalla? Yo creo que no o, al menos, creo que tu intención es dejar que el lector decida sobre la moralidad de cada personaje y, en este caso, no lo consigues. Para la mayoría de los lectores la novia es víctima. Sin embargo, si le das la vuelta y lo narras en pasado, comenzando la acción en el momento de la llamada en la puerta y luego expones la situación y explicación de cada uno, el lector comprenderá y empatizará con las dos versiones (algo que, según creo, está más cerca de tu intención).
    “Estrella fugaz” me servirá de ejemplo para exponer el problema de los “saltos temporales”. Hay una primera parte en presente y luego, abruptamente, irrumpe en el relato la voz del todopoderoso autor omnisciente diciendo lo que pasará. El lector (o yo, por lo menos) experimenta eso como una explicación “Deus ex machina”, como algo gratuito que ha de creer. Experimenta, además, que la historia termina a mitad del relato, que todo lo demás es un añadido que se deriva de lo anterior (cosa que, evidentemente, no es correcta). Si ese mismo relato lo narras dándole la vuelta en pretérito perfecto de indicativo —empezando por ejemplo: “Ahora que ya han pasado tantos años, ella recordó aquella noche que, feliz y despreocupada, caminaba con él por la orilla de la playa, aquella noche en la que divisaron la estrella fugaz…”. Y luego, sin dejar de utilizar el pretérito, sigues narrando lo de la promesa, lo de la ruptura y lo de sus vidas separadas…—, el lector percibirá una continuidad que le mantendrá en todo momento en la historia.
    En tu réplica hay una pregunta que me he hecho muchas veces “¿Es algo intuitivo o se pueden seguir ciertas normas?” Nunca he asistido a un taller de escritura y no he leído casi nada sobre técnicas narrativas. Por sentido común, creo que hay ciertas normas pero, seguramente, serán tan obvias y genéricas que no merece la pena tenerlas demasiado en cuenta. Tampoco creo que la intuición sea, al menos al principio, una buena consejera. Más bien creo que la práctica exhaustiva e intensiva es lo que va haciendo que la escritora vaya introyectando esos “trucos” o “técnicas” y los vaya adaptando a un estilo que, tarde o temprano, irá aflorando casi sin quererlo. Llegados a ese punto, es discutible si la escritora debe dar otro paso adelante para “matar” su estilo o no.
    Estoy seguro de que otros usuarios de “Falsaria” pueden dar opiniones mucho más sólidas e inteligentes que ésta y creo que se podría abrir un interesantísimo debate al respecto. En cualquier caso, termino agradeciéndote tu confianza y enviándote un fuerte abrazo (virtual para evitar el riesgo de contagio).

  15. gonzalez

    14 octubre, 2020

    Me gustó mucho, SDESTEBAN. Mi voto y un abrazo.

  16. Beatrizz

    14 octubre, 2020

    Hola de nuevo. Leyendo los comentarios me llama la atención el sincero diálogo que se ha abierto entre la autora y Alejandro F. Nogueira y en el que me gustaría participar con permiso de ambos.
    Pienso que cada uno interpretamos y extraemos unas conclusiones de lo que leemos, y desde mi punto de vista los de Alejandro son lúcidos y constructivos; yo misma al leer algún relato de esta misma autora me he imaginado que me lo contaban en pasado y no podía dar una explicación… sin embargo, en el caso concreto del relato de la novia, me gusta que esté en presente, pues yo percibo que la intención no es empatizar con ambos personajes. Ni tampoco veo al novio con malos ojos… yo tuve la impresión de estar con ella en cada momento: en sus dudas, en su aceptación, en su sorpresa y su final conocimiento de que la realidad supera la ficción.
    El presente con el narrador omnisciente en ese caso me pareció muy inteligente. Como lector sientes lo mismo que ella al mismo tiempo y en vistas de cómo termina, es más efectivo así.
    Por cierto, esto es mi únicamente mi opinión como lectora.
    Espero que sirva de algo, sea constructiva y alentadora. 😉
    Os seguiré leyendo. Hasta la próxima.

  17. SDEsteban

    14 octubre, 2020

    @beatrizz;@fa140728 En primer lugar tengo que decir que estoy encantada del debate que se ha generado porque estoy segura que aprenderé muchísimo del mismo, por lo que os agradezco enormemente vuestra opinión, Alejandro y Beatriz. Por cierto, Alejandro, jamás me sentiría herida por una opinión bienintencionada como la tuya; más bien al contrario, como ya he señalado, me encantará contar con ella en todos los escritos que desees comentar.
    Habéis hablado sobre el relato de “La novia” con diferentes opiniones y vuestros comentarios me han empujado a rememorar mis intenciones cuando lo escribí. Mi objetivo en este relato, como aventuraba Beatriz, era que el lector se identificara con la novia y fuera descubriendo junto con ella los acontecimientos que le esperaban. No me planteo lo que pensarán los lectores del novio, ni pretendo que lo juzguen ni empaticen con él. Ni presentarlo como bueno o malo. Lo cierto es que lo dejo en segundo plano para darle toda la importancia a ella. No es un mero espectador porque, obviamente, forma parte de lo que sucede y ha sucedido, pero pretendía centrarme en ella y sorprender al final a los lectores de igual modo que se sorprende ella. Aunque es posible, como apuntaba Alejandro, que debiera no haber usado un narrador omnisciente para ese objetivo; es posible. Tal vez debí narrarlo sólo desde la voz de ella.
    Y lo mismo sucede con “La estrella fugaz”. Con el relato no pretendía contar una historia completa y correlativa, ni que el lector pudiera seguirla fácilmente. Mi intención era resaltar la importancia de ese momento. Lo que ellos como adolescentes sentían. La fuerza y la pureza de ese amor. Por eso lo presento en primer lugar y por esa misma razón, el último párrafo tiene un ritmo tan rápido en contraste con el resto del relato: para restar importancia a lo que sucede después en comparación con ese “presente”. Tal vez no lo conseguí; o sí.
    Soy consciente de que en muchos de mis relatos doy mucha importancia a algunas cosas y doy por obvias otras; o me centro en algo y desdibujo todo lo demás. Tal vez no soy ni clásica ni habitual en las formas pero, al fin y al cabo, como Alejandro apuntó, tendré que decidir si seguir fiel a mi estilo o plantearme algunos cambios, por lo que seguiré trabajando en ello.
    De todas maneras, reitero que agradezco enormemente vuestros comentarios y espero que mi réplica no os desanime para volverme a comentar lo que os apetezca. Espero más bien que os incite a seguir haciéndolo porque creo que esto es lo que nos enriquece a todos o, por lo menos, a mí. Un abrazo enorme a los dos.
    Por cierto, Alejandro, que sepas que a raíz de tu comentario me he puesto a estudiar como una loca los tiempos verbales y su relación con los escritos, de modo que, muchas gracias. 😉

  18. SDEsteban

    15 octubre, 2020

    Muchas gracias González por tu comentario y voto. 😉

  19. Alejandro F. Nogueira García

    15 octubre, 2020

    Estoy muy contento de tener esta oportunidad de participar en este intercambio de opiniones tan fundamentadas y bien informadas. Vaya por delante mi agradecimiento a los responsables de Falsaria por facilitar que esto sea posible.
    Después de la oportuna intervención de Beatriz y de las aclaraciones de Silvia he comprendido que lo que a veces se percibe como falto de sentido puede explicarse como una falta de “sintonización” con la “frecuencia” a la que se ha emitido el mensaje.
    Agradezco, Beatriz, tu necesaria y apropiada aportación. Ha sido un verdadero placer leer tus palabras. Estaré encantado de volver a coincidir contigo en estos “lugares comunes” tan enriquecedores.
    Iba a terminar diciendo, Silvia, que esperaba aún con más expectación que hace dos días tu próxima aportación. Pero me acabo de enterar que ya la has publicado. Así pues, lo que tenga que decir sobre ella, lo diré en la sección correspondiente.
    Creo que tendremos muchas más ocasiones para intercambiar opiniones y abrazos virtuales como el que os envío ahora a las dos.

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