Sí, padre: este hueso,
que ha tocado con fuego,
de alba furiosa y gasógeno,
en diagonal prodigio, tus manos.
Que, de repente, se han vestido,
de álamo y celeste, con varias
primaveras encima, para acompañarme.
Tan niño en la mirada, con los ojos
enfrente, quieren tocarte, la buena gente.
Risueño y frecuente, locuaz y elocuente,
con los gestos, de pocas palabras y verbos.
En cambio, pocos, malos, arribistas,
con un número efímero, oscuro, sobre
su eterna frente marchita, vespertinamente,
andan descalzos, azufre y cal y amianto.
Asfalto, sombra, agua, nada.
Sí, padre: fíjate en los olivares, cómo han
crecido, sobre tu vientre, sobre tu abdomen,
limpiamente-.
©





Esruza
Hermoso y a la vez triste.
Mi voto. Luis
Estela.
Luis
Lo tomaré como un cumplido, un abrazo y gracias Estela!!
ginimar de letras
Todo se transforma y la vida continúa de múltiples formas. No me importaría reencarnarme en árbol. Me encanto tu poema, Luis. Un abrazo 🙂
Mabel
¡Qué maravilla! Un abrazo Luis y mi voto 10 desde Andalucía para portada
Luis
A mí tampoco, o a mí también. Gracias Ginimar, un abrazo!
Luis
Muchas gracias Mabel, un abrazo felicitándote el nuevo año!
dehesa
Una delicia, toca algo en profundidad. Es magnífico.
Luis
Gracias Dehesa, un abrazo!!