Nace durante la noche, en la profundidad del bosque, y en el cielo no hay estrellas. Es una niña. A los pocos días, su madre regresa al pueblo con ella. Ninguno de nosotros logra verla a la niña, su madre la lleva envuelta entre unas telas blancas, pero la escuchamos llorar. A todos nosotros nos parece que esos gritos no pueden ser de un bebé, sino de un animal salvaje. Es peligroso, pensamos, debemos hacer algo al respecto: nadie sabe en qué cosa podría transformarse al crecer.
Entonces su madre se marcha otra vez al bosque, con ella.
Pasan los años. Aquella niña crece.
Ahora una pantera camina tranquilamente por entre las casas del pueblo. Su madre camina junto a ella. Al ver a la pantera, todos nosotros corremos a escondernos detrás de los postigos de madera. La pantera se detiene junto a la fuente, en el patio central del pueblo, y con voz amable su madre nos llama, y señala la superficie calma del agua. Salimos de nuestras casas, y nos acercamos todavía con miedo. La pantera ve su reflejo, por primera vez. Todos lo vemos: los rasgos suaves y hermosos de una mujer negra.





SDEsteban
Hola Marce. Me ha gustado mucho. Percibo, más allá de las letras, algo que no está escrito: el amor de una madre, su instinto de protección; el miedo ante lo desconocido de la masa, el rechazo y la discriminación que ello produce; la fuerza, la lucha, la necesidad de socialización, la valentía del que se siente rechazado; la ceguera del que mira, … o, al menos, es lo que a mí me ha llegado a través de ellas. Hermosísima metáfora.Te doy las gracias y te sigo. Un abrazo!
Luis
Encantador texto, me gustó mucho. Un saludo Marce y mi voto!!
Opzmo
Hermoso cuento, Marce, me gustó mucho!!!
Marce.Galbán
Gracias Estebàn por tu tiempo y tus palabras.
Walter Alan
Me resultó genial leerle. Le sigo en lo adelante. Mi voto desde La Habana. Atte. Walter