Carta blanca

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Aquella mañana fue distinta. La idea era salir, hacer unas cuantas fotos y seguir trabajando luego en casa. Vagando en la presunta ilusión que le haría recibir una llamada, salió corriendo. En otro momento se hubiese quedado, pero ya era tarde para volver a atrás. La pequeña oficina que había creado en su cuarto se le estaba viendo encima. Le costaba comprender todo lo que habías pasado. Entendió que nunca debió involucrarse mucho en el asunto de la enfermedad de esa persona que amaba. -El único modo de alcanzar una razón es perderla por completo. - Susurró casi sin ganas. Será por eso, que hay cosas que merecen no ser comprendidas del todo. Los más sencillos detalles son lo que te arrebatan las fuerzas. Mientras caminaba al destino del recuerdo sin un rumbo fijo pensó, que hacía mucho tiempo que nadie se sentaba a la mesa, que había borrado del móvil su canción favorita, y que en el pasado había quedado la leche con café de las mañanas, había otra historia perdonada en su corazón y que las personas buenas cometen un sinfín de estupideces que llegan a herir a otras. Nadie dijo que tienen que quererte por sentirlo todo y el verdadero amor no pide excusas, ni implora, solo fluye con la más inflamable llama que brota del abismo. ¿A caso no es el amor aquello que hace sacar lo mejor y peor de todas las personas? Es la razón lo que el amor abandona.

Le hubiese gustado pensar que no ha querido pretender nada en la vida, pero era una doble mentira. Pensar que alguien es el indicado para hacer feliz a otra persona te llevaría a tu propio ocaso. En cambio (si lo piensas bien), el éxtasis de la ignorancia conduce a un insoportable vacío infinito. Entonces, es menester transitar por el arduo camino de la vida y aprender el oficio de matar pasiones inmediatas. Ser bueno o malo, es solo un punto de vista de mentes no creadoras. Cuánto no daría ella por vivir la novela de la vida al revés. Cada paso no había sido, sino otra exaltación del alma. Debería censurarse por ello, y cómo no hacerlo sin culpar a la visceral distancia, con tal de que la culpa no caiga nunca en el suelo. Porque para ser sincero, ella había indagado en el peligroso juego de ser bueno, en casi todas las oportunidades que tuvo. Tal vez nadie sabrá lo que hay detrás de la pesada máscara del ser humano. La careta mantiene aparentemente inmune a todos por el exterior, cuando por dentro son reducidas a cenizas y nadie lo verá nunca. Se goza la vida con máscaras, pero es un goce totalmente superficial, vacío y hediondo. Puede ser posible que mirara a un lado y a otro como si se sintiese vigilada o víctima de una sociedad que detestaba con todas sus fuerzas reducidas a cero. Aunque en su discurso se mostraba absolutamente entusiasta. Daba la sensación, que le importaba todo un carajo. Demasiada humana eran las dos o tres pasiones que le quedaban y pensaba conservarlas un rato más. Recuerdo escucharla gritar al viento que la política era impúdica y desleal en cualquier lugar del mundo, y que lo único que podría salvar a la humanidad era desprenderse de todas las ambiciones del ser.

Un mal caso condiciona un sinfín de pensamientos que quizás nos desnude el ser interior cuando desea salir a la luz. Todos los derechos no los pretender el amor, sino la razón mediocre del ser. Algo sabido por todos.

La única verdad de la que podía estar segura, era su pasado, cuando traicionó el alma, las noches que alquiló su corazón por momento de gloria, la emboscada de su orgullo al amor en nombre del amor, las huellas y las cicatrices que albergaba su corazón, la frialdad de su mirada, los labios cerrados, el filo de su rosada lengua ensangrentada. Su verdad también fueron las veces que amaneció en otros brazos y otros… (En otra cama). Pero distinta la vieron volver en la tarde, traía consigo una sonrisa, como si su dolor fuera cosa de su otra verdad, de su exquisito pasado. ¿Será acaso una careta, o algo le hizo mirar a otro lado? Lo cierto es que pasaron los años, se marchó a otra ciudad, y un día regresó resplandeciente con un niño es sus brazos, otro de la mano y un anillo en su menudo dedo anular. Sencillamente había cambiado, mi enfermedad había mejorado y ella había prometido cuidarme siempre. Walter Alan

Comentarios

  1. JRPineda

    6 abril, 2021

    Buena historia amigo, con un puñado de cosas para pensar. Gracias.

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