Tres anécdotas rescatadas de mi memoria

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Son hechos de mi vida que tuvieron lugar hace bastante tiempo. Cambié algunos nombres y agregué condimentos para hacerlos más divertidos, pero debo aclarar que ocurrieron de verdad.

 

Un obstetra obsesivo

Una de las cosas que le agradezco a la vida es haber elegido al profesional correcto para atender dos de mis tres embarazos y sus correspondientes partos por la vía cesárea.

El obstetra en cuestión, a quien llamaré R. F. para preservar su identidad, contaba con un currículum intachable en su desempeño profesional. Era obsesivo con la esterilización del instrumental quirúrgico y muy meticuloso en relación con los análisis requeridos al laboratorio; todo debía ajustarse a sus instrucciones sin excepción, él no admitía errores. Por eso tuvo que lidiar bastante con la inoperancia del personal a su cargo, puesto que en el hospital donde se desempeñaba no eran raros los casos de amputación de mamas equivocadas. Y ni hablar de los resultados de análisis cruzados con sus lamentables consecuencias.

El doctor R. F. desconfiaba hasta de su sombra y quiso poner a prueba la eficiencia de uno de los servicios del hospital.

En el pasado no existían los avances actuales que permiten conocer el resultado de un test de embarazo en pocos minutos, décadas atrás había que recurrir a un análisis de sangre u orina.

Una mañana R. F. concurrió al laboratorio y le entregó a la recepcionista un frasco conteniendo la orina de una paciente. Le indicó que se trataba de alguien cuyo estado de salud era delicado, y por ello el análisis debía realizarse con sumo cuidado para no cometer errores.

Al cabo de una semana fue a retirar el resultado y procedió a abrir el sobre delante de la recepcionista, la misma que le había recibido el frasco. Ella no pudo esperar a que él lo leyera y se lo anticipó sonriente:

Dígale a su paciente que el análisis dio positivo, está embarazada

El galeno la miró sorprendido y luego dijo:

¿Ah… sí? ¡Qué curioso! ¡La orina era mía!

 

Médico a domicilio

El timbre del portero eléctrico sonó a las 21:30 hs, dos horas después del llamado a Emergencias. Melina atendió y luego bajó a abrirle la puerta.

Apenas ingresó, el galeno solicitó a Carmiña –la paciente su carnet de afiliada junto con los cincuenta pesos del bono por atención domiciliaria. Esto último llamó la atención de la chica, quien le manifestó su incomodidad al respecto, diciéndole:

¿Tan apurado está por cobrar? ¿No debería revisarme antes y preguntarme qué síntomas tengo?

A lo que él respondió:

El orden de los factores no altera el resultado.

Acto seguido le hizo firmar una planilla, tras lo cual tomó su estetoscopio y la auscultó. A continuación Carmiña quiso ponerlo al tanto de sus síntomas, como suele ocurrir en toda consulta médica normal, pero apenas inició su exposición el médico la interrumpió.

Es suficiente, querida. No detecté agua en tus pulmones, así que vas a tomar esto que te indico en la receta y en unos días pedí turno con un otorrinolaringólogo

Terminó de decir esto y luego se dirigió a Melina:

A ver, criatura, marcá en tu teléfono fijo el número que te voy a dictar

La niña hizo lo que le pidió, creyendo que el llamado tenía que ver con la consulta de su tía.

Decime, pedazo de boludo, ¿por qué carajo me tuvieron esperando toda la tarde? Apenas un paciente me pasaron ¿Te crees que me gusta estar al pedo? dijo el médico a quien lo atendió del otro lado

Luego de haber escuchado tan elevada disertación universitaria, no resultaba entendible que Carmiña hubiera tenido que esperarlo durante dos horas. La explicación era sencilla: el médico no había llamado a Recauchutaje General -la obra social de Carmiña- sino a Socorros Oportunos, otra entidad dedicada a la salud. Es decir que utilizó el teléfono de su paciente para un tema personal, en lugar de su propio celular.

Finalizada la conversación telefónica, procedió a levantarse y dar por terminada la visita médica.

Cabe aclarar que la dolencia de Carmiña estaba relacionada con las vías respiratorias, así había sido informado a la recepcionista que atendió la llamada. No obstante esto, en la receta extendida por el médico figuraba su especialidad: Cirujano Gastrointestinal.

 

Otra consulta médica a domicilio

Dicen que el humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra…

Transcurrieron algunos meses desde aquella peculiar visita médica y Carmiña volvió a requerir los servicios de otro galeno a domicilio.

Esta vez no fue su tos el motivo de la consulta, sino un fuerte dolor en la cintura, ocasionado por la hernia de disco que se le originó tras un esfuerzo laboral.

No era un día oportuno para enfermarse, ninguno lo es para nadie en realidad, pero ése menos que cualquier otro.

Ese jueves de un verano implacable, con una sensación térmica que rondaba los cuarenta grados, se estaba llevando a cabo un paro general de índole nacional. Y Carmiña tuvo la gran puntería de enfermarse en esa jornada.

A sabiendas de que no habría colectivos, ni taxis, ni nada que pudiera cargar con su dolorida humanidad hacia una entidad de salud amparada por su obra social, no le quedaba otra alternativa que intentar suerte con la consulta a domicilio. El servicio de emergencias de una obra social no puede negarse a atender pacientes en ningún caso, es lo que corresponde.

Sabíamos de antemano que habría que esperar bastante para la llegada del médico, teniendo en cuenta los numerosos cortes de calle –efectuados por los manifestantes que complicaban el desplazamiento de los pocos vehículos que circulaban ese día.

Cuando atendí el portero eléctrico supe que esta vez era una doctora.

Apenas descendí del ascensor y dirigí la mirada hacia la entrada del edificio tuve la impresión de que se trataría de otra visita médica de singulares características. La doctora llevaba puesto un cuello ortopédico.

Cuando abrió la boca para explicar la situación en la que se hallaba, su voz denotaba una profunda disfonía. Además caminaba con dificultad, tuve que ayudarla a sortear el escalón previo a la puerta de ingreso.

La expresión de mi cara habrá sido elocuente por demás para motivar que ella soltara una leve carcajada. Fue como una descarga necesaria antes de continuar con su laboriosa explicación para justificar su presencia allí en ese calamitoso estado. No exagero si digo que demoró cerca de cinco minutos para llegar al ascensor, apoyándose en mí. Mi comentario jocoso no se hizo esperar:

¿Es una obviedad si le digo que usted se encuentra más delicada que la paciente?

Volvió a reírse y luego siguió hablando con su voz apenas perceptible:

Es el peor día para solicitar médico a domicilio. La ciudad es un caos, muchos colegas quedaron atrapados en medio de los cortes y no pudieron cubrir las demandas. Yo estoy con licencia, pero ante la falta de cobertura profesional debido a lo que acabo de explicar, solicitaron mis servicios. Y como mi domicilio se encuentra cerca del suyo, aquí estoy.

Entendí sus argumentos y me compadecí de ella, no obstante no me pareció adecuado el modo de proceder de la obra social.

El rostro de Carmiña no fue menos expresivo que el mío ni bien la vio entrar al departamento, entonces le hice una seña para que no preguntara nada, así le evitaba a la pobre mujer repetir su exposición.

La doctora la revisó con mayor esmero que el galeno que nos había tocado en suerte la vez anterior, resulta importante destacarlo considerando su precario estado de salud. Le indicó realizar varias sesiones de masajes en un centro especializado, colocarse una bolsa de agua caliente sobre la zona afectada y tomar unos analgésicos para el dolor.

Por último cobró el bono correspondiente a su consulta y se retiró.

Al observar la receta para dirigirme a la farmacia y comprar los analgésicos lancé una carcajada. La especialidad que mostraba el sello era Pediatría.

 

L. C.

(03/06/21)

Comentarios

  1. Opzmo

    7 junio, 2021

    Hola, Laura. ¡Qué historias de lo más graciosas, solo te faltó una con veterinario, que en una confusión por cuenta de llamados telefónicos cruzados, aparece preguntando ¿acá es donde la vaca que está de parto? (buena idea para un cuento humorístico, je je je…) Un saludo, Laura, y que tengas una linda semana!

  2. Laura C.

    8 junio, 2021

    Gracias, Francisco, por acompañarme siempre al pie de mis letras.
    Tengo por allí una historia risueña de veterinarios. Son muchos mis archivos y no tengo idea dónde la guardé; si logro hallarla la pondré por aquí.
    Agradezco tus buenos deseos, me vienen bien ya que no tuve gratas noticias en estos tiempos.

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