El pájaro se posa en el alféizar y no tarda en picotear el cristal. Betulia no recuerda una sola mañana de su vida sin aquel emplumado visitante. Día tras día, mes tras mes, año tras año, él, insistente, se empeña en horadar el vidrio, micra a micra. Betulia lo observa con...
Archivado en Microrrelatos

