El pájaro se posa en el alféizar y no tarda en picotear el cristal. Betulia no recuerda una sola mañana de su vida sin aquel emplumado visitante. Día tras día, mes tras mes, año tras año, él, insistente, se empeña en horadar el vidrio, micra a micra. Betulia lo observa con atención, el tiempo no parece afectarle igual que al resto de seres vivos. Lo conoció de ese tamaño, con esa forma y ese color, siempre el mismo, sin cambios. Es su pájaro, su compañero, su esperanza. Se alegra de que no haya faltado a la cita ese amanecer. Betulia es ya muy vieja. Está enferma. Se muere. La vida se le escapa por momentos, lo nota, aunque se resiste a partir. El pájaro golpea hoy con más fuerza, Betulia respira cada vez con más dificultad. Por fin, el pico anaranjado atraviesa el cristal. Todo se detiene alrededor de Betulia, desde el reloj de pared hasta la más pequeña partícula de polvo, desde el crujir leve de las maderas hasta el estruendo del agua del río que corre junto a la casa. El pájaro, como una caricia, pasa por el diminuto agujero y vuela con dulzura, despacio, por la estancia. Betulia ya no respira. El pájaro se posa sobre su pecho. Se miran, sonrientes, y desaparecen fundidos en un soplo de brisa fresca.



Creo que es una maravilla este relato. Esto demuestra que se puede hablar de las cosas importantes, de las cosas de siempre, de los temas que nos han preocupado durante milenios, y resultar completamente novedoso y emocionante. Me encantó, qué bien escribes, enhorabuena.
Aura, es bella la historia y hermosa la manera de contárnosla.
¡Enhorabuena!
Maravilloso relato, Aura!
Es increíble como, incluso en la misma muerte, se puede encontrar belleza para decir.
Me gustó mucho lo visual de tu relato.
Hermosísimo el relato, de gran belleza y sensibilidad. Felicitaciones Aura.
Muchas gracias por vuestros comentarios. La verdad, no suelo escribir cuentos (contarlos sí, que la pasión por la narración oral me viene de familia). Lo que me gusta escribir son novelas, y eso come bastante “tiempo interno creativo”. Así que me alegra un montón que os guste este “microrrelato”.
Abrazos.
Aura.-
Precioso relato. Me alegra saber que hay gente hoy en día capaz de demostrar que la auténtica belleza puede ser contada con palabras.
Intimo y emocionante, dulce y placido. Nada inquietante. Un placer nada micro este que nos has reglado. Gracias por pensarlo, sentirlo, plasmarlo y compartirlo.
Gracias, Pedro.