Aunque muchos lo hagan difícil, del mundo seremos los únicos culpables en ser desiguales. Vamos en contra de su pedregosa dirección, los cruzamos manteniendo la mirada triste y harta de verlos, y les duele la médula porque jamás la bajamos; esa es su propia cárcel, barrotes sin religión, menos fríos...
Archivado en Poesía

