La “Martona” era gooorda gorda; inmensamente gorda. También, dentro de lo que cabe, era feliz. Una tarde borrascosa de horas largas e inciertas, sopló advenedizo un vientecillo frío dentro de la casa; revoloteó desparpajadamente alrededor de lámparas y focos; botó y rebotó contra las paredes sospechadamente azules; y se...
Archivado en Cuentos
