La ceguera de una falsa fe

En una parada cualquiera, en un lugar indistinto de san miguel, una par de amigos cristianos se encuentran esperando el colectivo. Mientras uno, cura de una iglesia, explica lo perdido que “esta todo”, como el “infierno calcinara las almas impuras”, el otro mira distraído la nube obscura que se coloca sobre ellos, pensando en la ropa que dejó colgada en el tender, sin prestar tanta atención a las ideas Apocalípticas inmediatas que su amigo manifestaba de una manera caótica, sin puntos ni comas.

- ¡Es así amigo mió! El mundo se esta muriendo y todo por culpa de la falta de fe. De la carencias del hombre sin dios. Del ateo y las prostitutas.- Su amigo se concentro en sus dientes manchados, producto de su afición por el cigarrillo; un vicio de lo más común en un hombre con tan perversa mirada de la humanidad.

Al discurso desgarrado del cura, su amigo solo asentía. Ni siquiera sabia porqué, eran más sus ganas de abrir la boca y decirle unas cuantas verdades a su compañero, que las de quedarse como un simple espectador. Pero no quería perturbar el lazo que habían creado con noches de reflexión, y favores retribuidos; no valía la pena.

- ¡Ya se darán cuenta los pecadores! ¡Ya verán lo que la ira del todopoderoso puede hacer! Sus lascivos órganos se marchitaran y perderán importancia…- Y así continuo hasta que su cara se puso roja, y sus manos comenzaron a agitarse con mucha fuerza.

Su amigo solo asentía, y pensaba en dios, es su omnipotencia. No era un hombre que creyera en la iglesia, ni tampoco en los hombres que la manejaban. Prefería rezar antes de cada sueño, y pedirle a su dios que lo guiara por el buen sendero; pero nunca sintió la necesidad de entrar en una iglesia para llevar acabo un ritual ínfimo con dios. La iglesia le parecía más bien un chantaje, una mafia.

- Que bueno que vos no hayas pedido la fe en dios y la santa iglesia.- Escuchó desprevenido, distraído; estaba tan ocupado pensado que no pudo decirle lo que para él era importante. “Yo creo en nuestro señor, no en usted, y en ninguna figura humana que se crea santo. Tanto la iglesia, como su historia esta manchada de sangre, y de horrores inimaginables. ¡Cuantas violaciones a los mandamientos abran perpetrado hombres como usted y como yo! La iglesia no me parece más que una jaula, tanto para los creyentes, como para su mismo dios. Lo único capaz de crear una iglesia, es la exterminación de vidas por el bien propio, y los ideales de enriquecimiento que las raíces de los templos sagrados no tenían en cuenta ¡Hasta el mismísimo vaticano esta lleno de mierda invisible de la que no estamos enterados!”; esa hubiera sido su respuesta, pero sus reflexiones fueron demasiado lentas a comparación de la lengua de su amigo.

Cuando el cura estaba por cerrar su teoría sobre el Apocalipsis, y los aspectos “cancerigenos” que la sociedad arrastraba, el ladrido de un perro interrumpió la conversación. Los cristianos de dieron la vuelta para ver lo que sucedía. Un perro callejero, rabioso y de mal humor, estaba toreando y persiguiendo a un grupo de jóvenes de melenas largas, y barbas tupidas. El cura intervino y dijo.

- Los perros tienen la habilidad de detectar en las personas sus mugrosos secretos y echar a la luz la naturaleza satánica de sus seres ¡Y este echo prueba que estoy en lo cierto! Ese can tiene los ojos de dios, y con ellos condena con sus ladridos y mordidas a los pecadores.- Su amigo, que decidió dejar de serlo al escuchar al cura, estaba harto de palabras tan absurdas y vomitivas. Solo quería que su boca se sellase, y nunca se abriese. Pero algo interesante sucedió para alegría de él. Unos minutos después, el mismo perro, ladraba con rabia, y con furia perseguía a un grupo de sacerdotes que iban caminando por la vereda contraria. Una sonrisa irónica se hizo presente en el rostro del cristiano atormentado por el cura.

- Sabe amigo. Creo que usted tiene toda la razón.- Soltó, con un alivio enorme y un tono burlón, en la cara del cura.

Luego de este suceso el cura no volvió a cruzar palabra con el “hereje”.

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