Hace algún tiempo, me quedaba mirando un pequeño pajarito amarillo que asomaba en mi balcón. Contemplaba con admiración sus movimientos y su canto hasta que su sonido resonaba en mi corazón declamando las alegrías de aquel hermoso ser. Comprendía sus hábitos, de alguna manera, él y yo participábamos silenciosamente en una charla amena y sosegada.
Años después, me encontraba saturada de razones y pensamientos, y en medio de mi cotidianidad, percibía un triinnn triiiinnn triiiinn venido de afuera, que en ocasiones se me hacía odioso por distraerme de las tareas que, por alguna razón práctica, se me hacían prioritarias. Un día a solas, mientras contemplaba el universo de mi existencia, me quedé lela observando a aquel pajarito de afuera. De repente la resonancia divina volvió a mi corazón, y le vi luminoso en el verde paisaje.
En medio del silencio, entendí en su triinnn triiiinnn triiinn que aquel Rayito de sol me había extrañado.





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Yulia y mi voto desde Andalucía
Eli...
Que bello!!! 🙂
Mi voto y saludos.
JR
Que lindo cuando el mundo exterior a nosotros nos hace dar cuenta que estamos vivos y conectados en este universo tan enorme.
Saludos!
SDEsteban
A veces, con la vorágine de cosas rutinarias y pendientes, no somos capaces de fijarnos en la belleza de los pequeños detalles. ¿No será que deberíamos cambiar nuestras prioridades? Muy bonito. Saludos!
Yulia de la Tarde
@SDEsteban complemente cierto!
Yulia de la Tarde
@JR gracias por tu comentario!