No importa cuán profundo haya descendido, ni cuán espeso sea el lodo allí debajo, de la nada suele surgir una mano para ayudarme a emerger.
Las ciénagas, de cuyas profundidades asomaban monstruos de lenguas repugnantes y pegajosos tentáculos, me acompañaron durante gran parte del trayecto, inclusive en mis sueños… y me dejé atrapar, cayendo en interminables túneles hacia la nada, a centímetros del fondo.
Afortunadamente nunca permanecí en los abismos por tiempo prolongado. Estando en ellos sentí como si me brotaran alas, quizás haya sido la encantadora voz que suele filtrarse en el estentóreo silencio de mis cavernas la que produjo el milagro.
¡Y volví a nacer!
Ya de regreso observé la vasta negrura de otras cuevas… y ello hizo que la mía reluciera.
L. C.





eleachege
Profundo sentir. Un saludo y mi voto, Laura C.
viky
Me encantó tu poema. Mi voto para ti.
aylacosmos
qué bonito, lo de las alas…
Mabel
¡Qué hermoso! Un abrazo Laura y mi voto desde Andalucía.
JRPineda
Bonito y profundo. Gracias.
Laura C.
Muchas gracias eleachege, viky, aylacosmos, Mabel y JRPineda por sus comentarios y votos.
Saludos cordiales para todos.
ginimar de letras
Nuestra es la capacidad de renacer de nuestras cenizas aunque todo es más fácil con una mano amiga. Bellas letras, Laura. Un abrazo 🙂
Laura C.
Ya se me hizo costumbre renacer una y otra vez.
Gracias por tu visita, Ginimar.
Un abrazo.
Luis
Bello renacimiento entre cenizas y cavernas solitarias. Un abrazo y mi voto Laura!!
Laura C.
Gracias, Luis, retribuyo tu abrazo.
Opzmo
Excelente, Laura. Ya sabes, dicen que cuando se llega al fondo del pozo (abismo, cueva, etc.) lo que queda es empezar a subir. Saludos!!!
Laura C.
Tengo experiencia en eso de llegar al fondo y rebotar.
Gracias mil veces, John.