Al otro lado del espejo
7 de Marzo, 2012 4
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Tengo muchos años y hoy siento como la vida se me escapa. Sentado en mi mecedora favorita, al calor del tibio sol de otoño que entra por la cristalera, contemplo en el bruñido espejo mi decrépita imagen, mientras presiento que la muerte se acerca para llevarme en mi último viaje.
Un escalofrío recorre mi espina dorsal al recordar que en mis viajes he aprendido que algo de verdad subyace siempre en las antiguas leyendas y en los viejos ritos que perviven en el recuerdo gracias a la tradición oral.
Recuerdo que en las aldeas, aisladas por inmensos bosques, de una brumosa zona de Centroeuropa, sus habitantes cubren los espejos cuando se produce un fallecimiento.
Se hace así, porque si la imagen del difunto se reflejara en el espejo entraría en contacto con el otro mundo que hay más allá de su superficie. Un mundo frío y oscuro en donde reina el diablo, que atraparía la imagen apoderándose de su alma.
Es general la creencia en la existencia de ese otro mundo de los espíritus, al que se puede acceder en contadas ocasiones y mediante extraños ritos. Y un espejo desvelado es una puerta abierta al otro lado.
En las largas y frías noches de invierno, al calor de la lumbre, he oído contar a las lenguas ociosas, que hasta hace pocos años, cuando moría alguna bruja o hechicera que hubiese supuesto algún tipo de amenaza para los habitantes del lugar, solían poner un espejo ante su cadáver para que su espíritu se trasladase al otro lado. Luego, el espejo se rompía, y cada trozo era enterrado en un lugar diferente, para evitar que pudiese regresar al mundo de los vivos.
Ahora que la muerte me abraza y las últimas fuerzas me han abandonado, veo horrorizado que se empieza a materializar mi imagen en el otro lado del espejo, y no puedo hacer nada para evitarlo.

4 Comentarios
  1. Buen relato, bien logrado. Saludos.

  2. Breve pero sustancioso. Presenta un delicioso gusto literario. Transmite emociones que despiertan miedos ancestrales.

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