El profesor de biologĂa entrĂł al salĂłn acompañado por un estudiante reciĂ©n llegado a la preparatoria donde David estudiaba. Él vio al par desde que venĂan de las oficinas, en el piso de abajo. El profesor saludĂł a la clase con su habitual “buenos dĂas”. Nada raro hasta ese momento.
—Les presento a Jaime —Anuncio el profesor a la clase—. Viene con su familia desde Monterrey, Nuevo León. Jaime, ¿puedes contarnos un poco de ti?
Jaime estaba plantado frente al pizarrón; más nervioso que una rata en un laboratorio.
—Me llamo Jaime Zavala —Se presentó a sus compañeros.
—Jaime, el niño tiene sed —Le InterrumpiĂł una voz al fondo del aula; imitando un anuncio de televisiĂłn en el que aparecĂa un mayordomo del mismo nombre.
Todos rieron por la ocurrencia.
— ¡Basta! —Rugió el profesor— ¡Ya saben que no tolero estas cosas en mi clase! Para mañana quiero un reporte sobre el ciclo del carbono. Jaime, siéntate por favor.
David miraba a Jaime con curiosidad. La broma del anuncio fue idea suya. La baja estatura y el aspecto ictĂ©rico de su nuevo compañero le daban muchas ideas para sobrenombres, aunque todavĂa era pronto para decidir quĂ© hacer con Ă©l. Lo mejor era observarlo de cerca primero.
Al terminar la clase, parte del grupo saliĂł a las canchas de la escuela. TenĂan la hora libre. David y sus amigos caminaban por los pasillos.
—Y entonces ¿Qué onda con el nuevo? —Preguntó Javier
—No sé —David se frotaba las manos pensando en las posibilidades—, ya se me ocurrió algo, pero quiero verlo bien antes. No nos vayan a dar otra como la que nos dio Rebolledo hace dos semanas.
—Si, es cierto —ReplicĂł Javier— ¡Quien dirĂa que era cinta negra en karate y campeĂłn regional!
—Mi hermano fue campeón nacional hace dos años —Terció Oscar—. Si quieren le puedo decir que nos eche una mano.
—EstarĂa bien —SeñalĂł David—. Pero a Rebolledo mejor nos lo despachamos otro dĂa. Ahorita tenemos algo más importante que hacer.
El trĂo llegĂł a las canchas. Jaime tambiĂ©n andaba por ahĂ.
— ¿Ya vieron quien está ah� —David sonrió maliciosamente.
Jaime colocaba unos dispositivos extraños en el suelo, los observaba un instante y realizaba anotaciones en un cuaderno. Luego sacĂł del bolsillo de su camisa un artefacto parecido a un telĂ©fono mĂłvil. Estaba tomando lecturas o al menos eso parecĂa. Varias chicas lo miraban desde lejos, como si Ă©l viniera de otro planeta. De algĂşn modo, podrĂa decirse que Jaime se acostumbrĂł desde hace tiempo a las burlas.
— ¿Qué es todo eso? —Oscar también encontró raro aquello.
— ¡Quién sabe! —Observó Javier— Parece comprado en la cómic-con.
David y Oscar lo miraron con extrañeza.
— ¿Y que cuerno es eso de la cómic-con? —Preguntó Oscar
—Es una de esas convenciones donde se juntan los “raritos” que leen cómics —Explicó Javier—. Sé eso porque mi hermana hace cosplay con sus amigas y las invitaron.
—Houston, tenemos un chiflado —Concluyó David.
—Se me acaba de ocurrir algo —Dijo Javier—. Vamos con el rarito.
—Vayan ustedes —David buscaba con la mirada— Yo los alcanzo luego.
HabĂa varios jĂłvenes en la cancha jugando futbol americano. David hizo señas a un muchacho corpulento que tenĂa el balĂłn.
— ¡Ey Gómez! —David señalaba con el dedo hacia Jaime— ¡Pase largo!
El muchacho lanzĂł el balĂłn. David lo atrapĂł.
—Einstein está equivocado —DecĂa Jaime febrilmente— ¡Yo lo sĂ©!
— ¿Qué estás haciendo? —Oscar sacó a Jaime de su trance. Jaime lo miró sorprendido.
— ÂżDe verdad quieres saber? —PreguntĂł Jaime. No le parecĂa que fuera el caso.
— ÂżCompraste esto en la cĂłmic-con? —Javier tomĂł uno de los instrumentos. ParecĂa un cono de acero pulido con un reloj digital incrustado en la parte ancha.
—Yo los hice —Respondió Jaime toscamente—. ¿De casualidad no tienen algo mejor que hacer?
— ¿Tú sà o qué? —Oscar le dio un empujón a Jaime
— ÂżTe parece poco demostrar que la teorĂa de la relatividad es incorrecta? —Jaime se acalorĂł.
—Mejor vámonos —Intervino Javier—. El amigo Jaime sà tiene algo que hacer.
— ¡Al fin alguien entiende! —Jaime les dio la espalda.
— ¡Tiene que arreglar sus juguetitos! —Javier pateĂł los instrumentos que Jaime habĂa colocado en suelo; varios aparatos quedaron reducidos a pedazos inĂştiles. ¡Tanto trabajo le costĂł a Jaime fabricarlas para que terminaran despedazadas por una broma!
Oscar y Javier se alejaron riendo. Las airadas protestas de Jaime les importaban poco.
—Es todo tuyo —Javier palmeó la espada de David.
Mientras Jaime recogĂa rabiosamente sus instrumentos, David le lanzĂł el balĂłn. La punta se le incrustĂł a Jaime en la cara. El golpe le hizo perder el equilibrio y soltar sus cosas. Lo poco que sobreviviĂł terminĂł rompiĂ©ndose tambiĂ©n. Las risas no se hicieron esperar, como tampoco el disgusto de Jaime. ÂżPor quĂ© siempre le pasaban esas cosas?
— ¿Qué les pasa? —Jaime le dio un empellón a David— ¡Siempre es lo mismo!, donde quiera que voy, tiene que haber un fastidioso ¡Ustedes son la peor plaga que la humanidad ha conocido! ¡Si tan solo pudiera exterminarlos apretando un botón!
— ¡QuĂ© bueno que no puedes! —David sonrĂo sarcásticamente
David notĂł en la camisa de Jaime el Ăşnico aparato extraño que aĂşn estaba intacto. Se lo arrebatĂł hábilmente. Aquel dispositivo era similar a una calculadora cientĂfica, pero mucho más compleja.
— ¡Eso no es un juguete! —Jaime querĂa recuperar su aparato— ¡DevuĂ©lvemelo!
— ¿Lo quieres? —David arrojó el dispositivo al aire. Javier lo atrapó— ¡Ve por el!
Jaime corriĂł hacia Javier, quien arrojĂł el aparato de regreso a David.
— ¡Ya dámelo! —Demandó Jaime
—No sé —Dijo David. Comenzó a presionar los numerosos botones del aparato— ¿Qué hace esta cosa?
—Nada que a ti te importe —Jaime se veia preocupado—. Mejor devuélvemelo, no sabes lo que puedes causar.
— ÂżPor quĂ©? —David seguĂa burlándose— ÂżPuedo causar una invasiĂłn si no regresas a tu planeta?
— ¡No toques los botones, idiota! —Jaime intentaba arrebatarle a David el dispositivo pero éste lo esquivaba con gran pericia.
David se detuvo. TenĂa en mente romper ese raro aparato antes de regresárselo a Jaime y hacerle mofa una Ăşltima vez. Pero antes de eso, decidiĂł jugar otro poco. ¡Nunca es demasiado cuando de fastidiar al prĂłjimo se trata!
— ¿Para qué será este botón? —Dijo David en son de burla mientras presionaba botones al azar
Jaime se alejĂł corriendo y gritando cuando David presionĂł un botĂłn azul.
— ¿Y ahora qué le pasa? —Dijo David riendo entre dientes.
Repentinamente, un jet de pasajeros apareciĂł en medio del patio escolar arrollándolo todo a su paso. Los pilotos de la nave hacĂan hasta lo imposible por detener la marcha mortal mientras alumnos y profesores corrĂan frenĂ©ticamente para salvar sus vidas. Finalmente, la aeronave detuvo su recorrido al romper las vallas del plantel y colisionar con una casa de dos pisos. En poco menos de media hora, un contingente de periodistas y reporteros de la televisiĂłn llegaron a la escuela.
Jaime contemplaba el desastre desde lejos. Escondido debajo de un automĂłvil.
— ¡Acabo de llegar aquà y otra vez ya tengo que irme! —Se quejó— ¡Le dije a ese idiota que no era un juguete!
Salió de su escondite. Caminó tan rápido como pudo, pero tratando de no llamar la atención. Algunas calles más adelante, subió a un bus urbano. Sacó su teléfono móvil una vez que consiguió un asiento solitario y marcó un número.
— ÂżEres tĂş, Ravi? —PreguntĂł instintivamente cuando le respondieron—. Soy yo, Jaime. Todo bien por acá. Oye, Âżte acuerdas de lo que platicamos el otro dĂa? Bueno, ya lo conseguĂ, ve hoy las noticias de la noche. SĂ, eso mismo; necesita un ajuste pero no es la gran cosa, por lo pronto ya funciona.
ColgĂł.
Con lo sucedido aquella mañana, era seguro que Jaime no volverĂa jamás a esa escuela. Él creĂa que no lo necesitaba, ÂżPara quĂ© asistir a clases cuando se es capaz de abrir un agujero de gusano del patio de la escuela hasta un aeropuerto vayan ustedes a saber dĂłnde?
Jaime siguiĂł su trayecto tranquilamente. No habĂa por quĂ© se sintiera culpable. David tuvo la culpa de aquel rarĂsimo accidente de aviĂłn.



Me lo pasé muy entretenido leyéndolo, felicitaciones y gracias por compartirlo. Saludos.
Lot alkef: muy buen relato, amigo; atrapas al lector, y como dicen los gigantes de las letras, no le das tiempo a respirar. Te felicito, además, por tu enorme facultad para el diálogo. Escribes con gran pericia, denmostrando que en esto llevas un enorme trecho recorrido. Reguramente has ganado en los concursos literarios.
Si yo fuera parte de un jurado, escogerĂa esta narraciĂłn para el primer lugar.
Aentamente
Volivar(Jorge Martáinez. Sahuayo, Michoacán, México)
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Mi querido volivar.
Para ser honesto, nunca me ha dado por participar en un concurso literario. Pero igual se agradecen los comentarios. Si encuentro algun buen concurso, seguramente participo en el.