David tuvo la culpa
6 de Marzo, 2012 3
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El profesor de biología entró al salón acompañado por un estudiante recién llegado a la preparatoria donde David estudiaba. Él vio al par desde que venían de las oficinas, en el piso de abajo. El profesor saludó a la clase con su habitual “buenos días”. Nada raro hasta ese momento.

—Les presento a Jaime —Anuncio el profesor a la clase—. Viene con su familia desde Monterrey, Nuevo León. Jaime, ¿puedes contarnos un poco de ti?

Jaime estaba plantado frente al pizarrón; más nervioso que una rata en un laboratorio.

—Me llamo Jaime Zavala —Se presentó a sus compañeros.

—Jaime, el niño tiene sed —Le Interrumpió una voz al fondo del aula; imitando un anuncio de televisión en el que aparecía un mayordomo del mismo nombre.

Todos rieron por la ocurrencia.

— ¡Basta! —Rugió el profesor— ¡Ya saben que no tolero estas cosas en mi clase! Para mañana quiero un reporte sobre el ciclo del carbono. Jaime, siéntate por favor.

David miraba a Jaime con curiosidad. La broma del anuncio fue idea suya. La baja estatura y el aspecto ictérico de su nuevo compañero le daban muchas ideas para sobrenombres, aunque todavía era pronto para decidir qué hacer con él. Lo mejor era observarlo de cerca primero.

Al terminar la clase, parte del grupo saliĂł a las canchas de la escuela. TenĂ­an la hora libre. David y sus amigos caminaban por los pasillos.

—Y entonces ¿Qué onda con el nuevo? —Preguntó Javier

—No sé —David se frotaba las manos pensando en las posibilidades—, ya se me ocurrió algo, pero quiero verlo bien antes. No nos vayan a dar otra como la que nos dio Rebolledo hace dos semanas.

—Si, es cierto —Replicó Javier— ¡Quien diría que era cinta negra en karate y campeón regional!

—Mi hermano fue campeón nacional hace dos años —Terció Oscar—. Si quieren le puedo decir que nos eche una mano.

—Estaría bien —Señaló David—. Pero a Rebolledo mejor nos lo despachamos otro día. Ahorita tenemos algo más importante que hacer.

El trío llegó a las canchas. Jaime también andaba por ahí.

— ¿Ya vieron quien está ahí? —David sonrió maliciosamente.

Jaime colocaba unos dispositivos extraños en el suelo, los observaba un instante y realizaba anotaciones en un cuaderno. Luego sacó del bolsillo de su camisa un artefacto parecido a un teléfono móvil. Estaba tomando lecturas o al menos eso parecía. Varias chicas lo miraban desde lejos, como si él viniera de otro planeta. De algún modo, podría decirse que Jaime se acostumbró desde hace tiempo a las burlas.

— ¿Qué es todo eso? —Oscar también encontró raro aquello.

— ¡Quién sabe! —Observó Javier— Parece comprado en la cómic-con.

David y Oscar lo miraron con extrañeza.

— ¿Y que cuerno es eso de la cómic-con? —Preguntó Oscar

—Es una de esas convenciones donde se juntan los “raritos” que leen cómics —Explicó Javier—. Sé eso porque mi hermana hace cosplay con sus amigas y las invitaron.

—Houston, tenemos un chiflado —Concluyó David.

—Se me acaba de ocurrir algo —Dijo Javier—. Vamos con el rarito.

—Vayan ustedes —David buscaba con la mirada— Yo los alcanzo luego.

Había varios jóvenes en la cancha jugando futbol americano. David hizo señas a un muchacho corpulento que tenía el balón.

— ¡Ey Gómez! —David señalaba con el dedo hacia Jaime— ¡Pase largo!

El muchacho lanzĂł el balĂłn. David lo atrapĂł.

—Einstein está equivocado —Decía Jaime febrilmente— ¡Yo lo sé!

— ¿Qué estás haciendo? —Oscar sacó a Jaime de su trance. Jaime lo miró sorprendido.

— ¿De verdad quieres saber? —Preguntó Jaime. No le parecía que fuera el caso.

— ¿Compraste esto en la cómic-con? —Javier tomó uno de los instrumentos. Parecía un cono de acero pulido con un reloj digital incrustado en la parte ancha.

—Yo los hice —Respondió Jaime toscamente—. ¿De casualidad no tienen algo mejor que hacer?

— ¿Tú sí o qué? —Oscar le dio un empujón a Jaime

— ¿Te parece poco demostrar que la teoría de la relatividad es incorrecta? —Jaime se acaloró.

—Mejor vámonos —Intervino Javier—. El amigo Jaime sí tiene algo que hacer.

— ¡Al fin alguien entiende! —Jaime les dio la espalda.

— ¡Tiene que arreglar sus juguetitos! —Javier pateó los instrumentos que Jaime había colocado en suelo; varios aparatos quedaron reducidos a pedazos inútiles. ¡Tanto trabajo le costó a Jaime fabricarlas para que terminaran despedazadas por una broma!

Oscar y Javier se alejaron riendo. Las airadas protestas de Jaime les importaban poco.

—Es todo tuyo —Javier palmeó la espada de David.

Mientras Jaime recogía rabiosamente sus instrumentos, David le lanzó el balón. La punta se le incrustó a Jaime en la cara. El golpe le hizo perder el equilibrio y soltar sus cosas. Lo poco que sobrevivió terminó rompiéndose también. Las risas no se hicieron esperar, como tampoco el disgusto de Jaime. ¿Por qué siempre le pasaban esas cosas?

— ¿Qué les pasa? —Jaime le dio un empellón a David— ¡Siempre es lo mismo!, donde quiera que voy, tiene que haber un fastidioso ¡Ustedes son la peor plaga que la humanidad ha conocido! ¡Si tan solo pudiera exterminarlos apretando un botón!

— ¡Qué bueno que no puedes! —David sonrío sarcásticamente

David notó en la camisa de Jaime el único aparato extraño que aún estaba intacto. Se lo arrebató hábilmente. Aquel dispositivo era similar a una calculadora científica, pero mucho más compleja.

— ¡Eso no es un juguete! —Jaime quería recuperar su aparato— ¡Devuélvemelo!

— ¿Lo quieres? —David arrojó el dispositivo al aire. Javier lo atrapó— ¡Ve por el!

Jaime corriĂł hacia Javier, quien arrojĂł el aparato de regreso a David.

— ¡Ya dámelo! —Demandó Jaime

—No sé —Dijo David. Comenzó a presionar los numerosos botones del aparato— ¿Qué hace esta cosa?

—Nada que a ti te importe —Jaime se veia preocupado—. Mejor devuélvemelo, no sabes lo que puedes causar.

— ¿Por qué? —David seguía burlándose— ¿Puedo causar una invasión si no regresas a tu planeta?

— ¡No toques los botones, idiota! —Jaime intentaba arrebatarle a David el dispositivo pero éste lo esquivaba con gran pericia.

David se detuvo. Tenía en mente romper ese raro aparato antes de regresárselo a Jaime y hacerle mofa una última vez. Pero antes de eso, decidió jugar otro poco. ¡Nunca es demasiado cuando de fastidiar al prójimo se trata!

— ¿Para qué será este botón? —Dijo David en son de burla mientras presionaba botones al azar

Jaime se alejĂł corriendo y gritando cuando David presionĂł un botĂłn azul.

— ¿Y ahora qué le pasa? —Dijo David riendo entre dientes.

Repentinamente, un jet de pasajeros apareció en medio del patio escolar arrollándolo todo a su paso. Los pilotos de la nave hacían hasta lo imposible por detener la marcha mortal mientras alumnos y profesores corrían frenéticamente para salvar sus vidas. Finalmente, la aeronave detuvo su recorrido al romper las vallas del plantel y colisionar con una casa de dos pisos. En poco menos de media hora, un contingente de periodistas y reporteros de la televisión llegaron a la escuela.

Jaime contemplaba el desastre desde lejos. Escondido debajo de un automĂłvil.

— ¡Acabo de llegar aquí y otra vez ya tengo que irme! —Se quejó— ¡Le dije a ese idiota que no era un juguete!

Salió de su escondite. Caminó tan rápido como pudo, pero tratando de no llamar la atención. Algunas calles más adelante, subió a un bus urbano. Sacó su teléfono móvil una vez que consiguió un asiento solitario y marcó un número.

— ¿Eres tú, Ravi? —Preguntó instintivamente cuando le respondieron—. Soy yo, Jaime. Todo bien por acá. Oye, ¿te acuerdas de lo que platicamos el otro día? Bueno, ya lo conseguí, ve hoy las noticias de la noche. Sí, eso mismo; necesita un ajuste pero no es la gran cosa, por lo pronto ya funciona.

ColgĂł.

Con lo sucedido aquella mañana, era seguro que Jaime no volvería jamás a esa escuela. Él creía que no lo necesitaba, ¿Para qué asistir a clases cuando se es capaz de abrir un agujero de gusano del patio de la escuela hasta un aeropuerto vayan ustedes a saber dónde?

Jaime siguió su trayecto tranquilamente. No había por qué se sintiera culpable. David tuvo la culpa de aquel rarísimo accidente de avión.

3 Comentarios
  1. Me lo pasé muy entretenido leyéndolo, felicitaciones y gracias por compartirlo. Saludos.

  2. Lot alkef: muy buen relato, amigo; atrapas al lector, y como dicen los gigantes de las letras, no le das tiempo a respirar. Te felicito, además, por tu enorme facultad para el diálogo. Escribes con gran pericia, denmostrando que en esto llevas un enorme trecho recorrido. Reguramente has ganado en los concursos literarios.
    Si yo fuera parte de un jurado, escogerĂ­a esta narraciĂłn para el primer lugar.
    Aentamente
    Volivar(Jorge Martáinez. Sahuayo, Michoacán, México)
    :

    • Mi querido volivar.

      Para ser honesto, nunca me ha dado por participar en un concurso literario. Pero igual se agradecen los comentarios. Si encuentro algun buen concurso, seguramente participo en el.

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