Aventura en el bosque

Escrito por
| 480 25 |

    Érase una vez un hermoso lobezno de pelaje gris. Travieso y retozón, se divertía jugando al escondite con su madre y sus hermanos lobitos. El intenso color azul del iris de sus ojos hizo que le pusieran de nombre Lobo Azul.

    - No os alejéis demasiado. Pronto oscurecerá - advirtió mamá loba.

    Lobo Azul, curioso por naturaleza, decidió aprovechar el juego para explorar los secretos del bosque, desoyendo los consejos de su madre.

    Junto al arroyo, entre la vegetación, descubrió a una rana patilarga. Lobo Azul saltó para atraparla; era su primera aventura como cazador, pero la rana, adivinando las intenciones del lobezno, se escabulló dentro del agua, escapando de las garras del cachorro.

    Desilusionado ante el fracaso de su primera cacería, continuó buscando un lugar donde esconderse. No quería ser el primero en ser descubierto. Corrió y corrió, mientras mamá loba con los ojos cerrados, contaba hasta cien.

    El viento sur mecía la hierba y las hojas de los árboles. Lobo Azul, entusiasmado por la belleza del paisaje, observaba con detenimiento las plantas y flores del campo; no quería perderse ningún detalle. Para esconderse eligió un frondoso pino, tras el que permaneció durante mucho tiempo. Cansado de esperar a que lo encontrasen, salió de su escondite. Miró a uno y otro lado, pero no vio a nadie.

    - ¿Dónde estarán mis hermanos lobeznos y mamá loba? - se preguntó, extrañado.

    Corrió de un lado a otro buscando las huellas de su madre y sus hermanos, mas no encontró ni rastro de ellas.

    Sediento por la caminata, llegó al río y bebió sus cristalinas aguas hasta calmar la sed. La noche, con su manto cuajado de estrellas, cubrió el bosque. Lobo Azul, asustado, recordó las advertencias que mamá loba le hacía siempre sobre los peligros del bosque.

    De pronto, una dulce voz femenina le sacó de sus pensamientos:

    -¿Qué haces en el bosque a estas horas? ¿No deberías estar durmiendo?

    Lobo Azul, sorprendido, miró a uno y otro lado.

    - No tengas miedo. Soy la luna, la reina de la noche.

    El pequeño lobo elevó sus ojos hasta el cielo. La luna de plata danzaba entre las estrellas. Coqueta, se miraba en el espejo de las aguas del río, alardeando de su belleza.

    - ¡Qué guapa es! - pensó el lobezno con admiración. Había escuchado muchas historias sobre la luna y los lobos, pero nunca la vio tan de cerca.

    Como si pudiera escuchar los pensamientos del cachorro, la luna respondió de inmediato:

    - Desde siempre han existido numerosas leyendas sobre la mágica relación que existe entre los lobos y yo; pero todas las leyendas son mitad verdad, mitad fantasía.

    Tras unos segundos, la luna preguntó a Lobo Azul:

    - ¿Te has perdido?

    - Si - asintió, avergonzado.

    - Desobedeciste a tu madre. Eso no está bien; lo sabes, ¿verdad?

    - Si, lo siento - admitió el lobezno, bajando la mirada.

    - No te preocupes, pequeño. Sígueme; yo te guiaré hasta la manada.

    - ¿De verdad lo hará, Señora Luna?

    - Confía en mí. Sigue el curso del río; el reflejo de mi rostro en las transparentes aguas te servirá de guía.

    Lobo Azul se sintió aliviado. Caminó durante horas, hasta acabar extenuado. Agotado y somnoliento, se reclinó junto a abedul para descansar. Apenas se hubo recostado, quedó dormido de inmediato.

    Cuando despertó había amanecido; buscó a la luna en el río y en el cielo, pero no estaba. Lobo Azul se sintió abandonado.

    - ¿Quién va a ayudarme ahora? – pensó, angustiado.

    Una serpiente se deslizaba contoneando su cuerpo sobre el campo. A través de sus grandes ojos, observaba con minuciosa atención a Lobo Azul. Y no porque quisiera hipnotizarle, sino porque las serpientes carecen de párpados y no pueden cerrar los ojos.

    - ¿Qué haces por estos lugares? – le preguntó.

    - Me he perdido y no encuentro el camino de regreso a la guarida. La luna prometió ayudarme, pero me ha dejado solo.

    - No debes fiarte de todos los que encuentres en tu camino - replicó la serpiente -. La luna es mágica y engañosa; con su hechizo de plata, hace ver cosas que en realidad no existen. Cuando llega el día se esconde y, por más que la busques, no podrás hallarla.

    La serpiente continuó su charla, evitando acercarse demasiado a Lobo Azul; no quería asustarle. Los reptiles de su raza no devoran a los lobos, pero el cachorro era demasiado joven y tal vez lo ignorase.

    - Con la luz del día podrás ver con mayor claridad.- continuó explicando la serpiente-. Utiliza sabiamente tus sentidos si quieres regresar sano y salvo a tu guarida. Escucha atentamente los aullidos, gruñidos y ladridos de los animales; presta mucha atención a tu olfato para distinguir el olor de las diferentes especies y agudiza la vista para reconocer las huellas de la manada de lobos. Recuerda que en el bosque existen multitud de animales; algunos pueden ser tus aliados, y otros, feroces enemigos Deberás aprender a distinguirlos; de no ser así, te perderás siempre. El bosque está lleno de peligros para alguien tan indefenso como tú.

    El lobezno sentía ganas de llorar; pero reprimió el llanto, intentando parecer valiente.

    - Gracias por sus consejos, Señora Serpiente.

    - Buena suerte, pequeñín.

    Lobo Azul emprendió el camino a casa, poniendo en práctica los consejos recibidos.

    De pronto, sintió un intenso dolor en una de sus patas traseras; intentó seguir caminando, pero no pudo. Había quedado atrapada en un cepo. Cegado por las lágrimas, aullaba con desesperado lamento.

    Pedro caminaba por el bosque en busca de leña. Amante de los animales, poseía en su granja un refugio para aquellos que encontraba heridos o abandonados.

    Alarmado por los aullidos del lobezno, acudió en busca del animal herido.

    Le encontró a los pocos metros, desfallecido y con la patita ensangrentada.

    - ¡Un hombre! - exclamó Lobo Azul, alarmado. Temblaba de dolor y sus dientes castañeteaban de miedo.

    Recordó las temibles historias que antaño le narraron sus antepasados; historias en las que el hombre era el peor enemigo del lobo. Competidores irreconciliables, disputaban por capturar las mismas presas: jabalíes, corzos, cabras montesas o conejos.

    Pedro se acercó con sigilo hasta el cachorro para no asustarle.

    - No te preocupes, pequeño, te rescataré - le dijo, con ánimo de aliviar su temor.

    Le liberó del cepo y le cogió en brazos para llevarle hasta la granja. Una vez en el hogar, desinfectó las llagas y vendó la pata herida del lobezno. Le alimentó y le dio agua. El pequeño lobo estaba muy débil; había perdido mucha sangre y presentaba signos de deshidratación.

    Lobo Azul admiró, sorprendido, a su salvador. Su comportamiento no se parecía en nada a lo que le habían contado sobre los humanos. Pudo comprobar que, como ocurre con cualquier otro ser vivo, no todos los hombres eran malos. Descubierta la bondad del ser humano, se sintió satisfecho y agradecido.

    Por fin, llegó el gran día; Lobo Azul se había recuperado por completo.

    - Es el momento de volver con tu familia - dijo Pedro -. Te llevaré de nuevo al bosque para que puedas regresar con la manada.

    Recorrieron muchos kilómetros antes que Pedro reconociese las huellas de los lobos en el bosque.

    Al sentir que alguien le observaba, se detuvo en seco. Descubrió entre unos matorrales la profunda mirada de unos ojos rasgados, color ámbar. Era la madre de Lobo Azul.

    Se miraron a los ojos durante unos minutos. No había odio en sus miradas; transmisoras de nobles sentimientos, comprendieron que el hombre y los lobos no son enemigos. Ambos actúan de igual modo: solo atacan cuando se sienten amenazados o acorralados.

    Pedro acarició al lobezno en señal de despedida; Lobo Azul le lamió la mano, agradecido por los cuidados y mimos recibidos durante su convalecencia. Tras la emotiva despedida, el cachorro corrió feliz hacia mamá loba.

    Pedro regresó a su hogar y el lobezno volvió junto a la manada, donde recibió una buena reprimenda por desobedecer a su madre. Los corazones de Pedro y de los lobos quedarían unidos para siempre.

    El tiempo pasó y Lobo Azul se convirtió en un hermoso y valiente lobo, de pelaje gris y rasgados ojos azules. Cada noche de luna llena, subía a la montaña más alta del bosque, elevaba los ojos al cielo y aullaba a la luna.

    Desde su granja, Pedro reconocía, con orgullo y admiración, la majestuosa figura del lobo sobre la cima de la montaña. Ambos sabían que el mágico ritual era el homenaje de respeto y agradecimiento que Lobo Azul y su manada hacían a Pedro por salvarle la vida y enviarle de nuevo a casa. Habíase reconciliado, para siempre, la relación entre lobos y humanos.

     

    FIN

     

    Comentarios

    1. El Moli

      12 noviembre, 2012

      Ya te comenté en tu blog. Precioso trabajo.
      Un abrazo.

      • María del Mar

        12 noviembre, 2012

        Muchas gracias, querido amigo, Moli, por escribirme aquí y visitar mi blog con tan dulces palabras.
        Un abrazo.

    2. LUCIA UO

      12 noviembre, 2012

      ¡¡¡Precióso!!!
      Bello de inicio a fin. Me encantó
      Un gran abrazo y mi voto.

      • María del Mar

        12 noviembre, 2012

        Querida amiga Lucia Uo, me siento muy feliz al leer tu comentario; es maravilloso poder conectar con gente tan extraordinaria como tú.
        Un beso.

    3. 1000Luna

      12 noviembre, 2012

      ¡Qué bonita historia! Como todas las tuyas :-)
      Y gracias por compartir conmigo los bonitos versos que le dedicaste a tu papá y por tus palabras.

      Un fuerte abrazo y mi voto.

      • María del Mar

        12 noviembre, 2012

        Querida amiga 1000 Luna, gracias a ti por tus bellas palabras, por la generosidad de tu corazón y por permitirme compartir contigo el dolor por la pérdida de mi padre.
        Cualquier cosa que necesites, cuénta conmigo.
        Cuando cierres los ojos y pienses en tu padre, seguro percibirás la calidez de su sonrisa y la ternura de su abrazo.
        Un beso, amiga.

    4. halize

      12 noviembre, 2012

      Precioso cuento, Cenicienta Literaria.Mi voto y mi enhorabuena.

      • María del Mar

        12 noviembre, 2012

        Querida amiga Halize, Lobo Azul, su manada y yo, te agradecemos profundamente tus bellas palabras. Un beso.

    5. VIMON

      12 noviembre, 2012

      Como siempre, Cenicienta, un hermoso cuento infantil con una bella moraleja. Te dejo mi voto y te invito a leer el articulo sobre Sor Juana, que esta ya en Portada en la sección de No Ficción. Un abrazo.

    6. María del Mar

      12 noviembre, 2012

      Querido amigo, Vimon, muchas gracias por asomarte a mis cuentos y compartir con los personajes sus aventuras y desventuras.
      Voy a leer el artículo que me indicas.
      Un beso, amigo.

    7. antoniosib

      12 noviembre, 2012

      Precioso cuento infantil, me gustan sus muchos personajes, te doy mi voto.

      • María del Mar

        13 noviembre, 2012

        Muchas gracias, antoniosib; me hace muy feliz que Lobo Azul y amigos hayan captado tu atención.
        Un abrazo.

    8. Richard

      13 noviembre, 2012

      Mi querida Dama.
      El niño que todos tenemos dentro necesita volar con fàbulas, cuentos, historias fantàsticas de vez en cuando.
      Pues siempre satisfaces al niño interior. Siempre. Es maravilloso.
      ¡TE das cuenta el valor que tiene lo que haces?.
      Un beso enorme y un voto mas grande todavia.

      • María del Mar

        13 noviembre, 2012

        Querido amigo, Richard, te agradezco de todo corazón tus amables palabras; doy gracias a Dios por permitirme alegrar a todos los niños/as interiores de todas las personas que dedican un poquito de tiempo a leer mis cuentos.
        No se si lo que hago es grande o pequeño, pero te aseguro que me hace muy feliz.
        Un beso grandote, amigo.

    9. volivar

      13 noviembre, 2012

      Cenicienta literaria: después del arduo trabajo del día, me he encontrado con esta narración,maravillosa,como todas las que salen de tu pluma, que, sin dudarlo, la dirigen los mismísimos ángeles.
      Mi voto
      Volivar,que te estima mucho, dama de las bellas letras

    10. María del Mar

      13 noviembre, 2012

      Muchísimas gracias, querido amigo Volivar. Siempre tienes bonitas palabras para mi humilde obra. Espero que los ángeles de la creatividad me susurren al oído mágicas historias para contribuir a hacer felices a mis semejantes.
      Un beso, querido amigo.

      • Cenicienta literaria

        14 noviembre, 2012

        Querida amiga, Martha Molina, no sabes cuanto celebro que el cuento haya despertado tu interés y aprobación.
        Un beso.

    11. nanky

      14 noviembre, 2012

      Muy bonita historia, mis felicitaciones y voto. Un gran saludo desde Buenos Aires.

    12. María del Mar

      14 noviembre, 2012

      Muchas gracias, querido amigo, Nanky; muchísimas gracias por tus amables palabras y fidelidad hacia mis cuentos.
      Otro saludo muy afectuoso para ti.

    13. Lidyfeliz

      14 noviembre, 2012

      Como nos tenés acostumbrados, una fábula hermosa para nuestros niños, los que siempre llevamos dentro. Mi voto

    14. Fanathur

      16 noviembre, 2012

      Un hermoso cuento que le leere está noche a mi niño. Mi voto.

    15. Diógenes

      17 noviembre, 2012

      Hola, Cenicienta. Un buen cuento infantil; me resultó original que hicieses que la serpiente fuera “buena”. No es fácil escribir para niños y creo que lo consigues.
      Un saludo, Dío

    16. Cencienta literaria

      17 noviembre, 2012

      Querida amiga, Diógenes; me alegra mucho que el cuento haya captado tu interés: Decidí cambiar el prototipo de luna, buena y serpiente, mala; me pareció una buena idea,celebro que te guste.
      Escribo para niños y mayores; dejo que la pluma manifieste aquello que el corazón siente; espero que el mensaje llegue a todos. Gracias por tus palabras y confianza.
      Un beso.

    Escribir un comentario