Un mundo para compartir

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    La noche, oscura y fría, empujaba a los habitantes de la ciudad a resguardarse en sus hogares cerca de los braseros, ataviados con batas y polares que los protegían de aquel infierno que se disfrazaba de invierno.

    Michael Powel, uno de los policías al cargo de hacer guardia aquella gélida noche, sentía que el frio calaba en sus huesos, impidiéndole realizar movimientos completamente articulados. Su cuerpo, protegido por una camisa térmica, chaleco y chaquetón, eran acompañados de los pantalones del uniforme y aquellas grandes botas reglamentarias .

    Era su tercera guardia consecutiva, los nuevos tiempos habían dejado la economía del núcleo familiar algo debilitada, y no podía permitir que su mujer, Kate, ni su hija de 8 años Susan pasaran ninguna necesidad. Habían tenido multitud de problemas para llegar a final de mes. Su hija Susan, padecía autismo, y los psicólogos y docentes especializados en el tema, no estaban siendo en absolutos baratos…

    - Vaya noche nos espera .- exclamo su compañero mientras hundía su cuello bajo sus hombros haciendo ademan de protegerse del frio.

    - Eso parece, este invierno es el más frio que recuerdo, el tiempo está loco .- Aquel invierno estaba siendo insufrible, nevaba constantemente, y rara vez las temperaturas superaban los cero grados.

    - Este frio, va a acabar conmigo, mañana traeré calcetines triples porque he dejado de sentir los pies .- Dijo su compañero en tono burlón, aunque probablemente fuera cierto, a pesar de aquellas botas y sus consiguientes calcetines dobles que llevaba puestos, Michael tenía un frio atroz tanto en sus pies como en sus manos, por no nombrar su nariz, ya roja y helada, que no podía sentir.

    De repente, comenzó a sonar el móvil y cuando Michael vio, el nombre de su esposa iluminando la pantalla, saltaron las alarmas, ¿Por qué me llamara? Ella no me suele llamar cuando trabajo, ha pasado algo malo seguro. Se apresuro a coger el teléfono preocupado por la situación que estaba viviendo su pequeña.

    - ¿Dime Kate, que ocurre? .- Dijo con tono dulce, intentando expulsar cualquier halo de preocupación que impregnaran sus palabras, no quería que ella se preocupase.

    - Lo siento, tenía que llamarte, ella no habla… está completamente abstraída en su mundo, cariño estoy muy preocupada .- Respondió ella entre llantos y lamentos .- Además se nos acaba el fondo para pagarle a los especialistas y temo que por no darle la suficiente atención, se convierta en algo completamente irreversible.

    - Tranquila, no te preocupes por el dinero, lo conseguiré, esta jornada volveré a trabajar todas las noches y podremos salir de nuevo adelante, como lo hacemos siempre .- Era un especialista en dar respuesta tranquilizadoras y lo sabía, aunque esta vez la situación no era muy esperanzadora.

    - De acuerdo, te estaré esperando por la mañana, no sabes cuánto te quiero…

    -Y yo a ti cariño, acuesta a la pequeñaja y descansa, nos vemos por la mañana .- Él respondió con ternura y amor, la quería por encima de todo y no soportaba verla tan alicaída.

    Tras horas recorriendo las calles, estaba deseando volver a casa, no podía olvidar la voz rebosante de pena de su esposa, y no podía evitar estar preocupado por su retoño.

    Gracias a dios, ya se dirigían su compañero y él decididamente a llegar a comisaría, quitarse el uniforme, ponerse una buena ropa de abrigo de calle, y marcharse cada uno a sus respectivas casas, ya podía avistarse la comisaria al fondo de la calle.

    - Michael, sé que no estás pasando por un buen momento, llevamos siendo compañeros de trabajo un par de años y me considero un buen amigo, me gustaría tenderte una mano, si necesitas algo de dinero no dudes en pedírmelo.

    - Muchas gracias, de veras, es todo un gesto por tu parte pero por ahora estamos bien – respondió con una sonrisa cargada de gratitud .- Aunque si pudieras dejarme las noches extras esta semana también, te lo agradecería enormemente.

    - Por supuesto, no hay problema, pero te recuerdo que necesitas descansar.

    - No te preocupes, por mi, soy un roble .- bromeo dibujando una extraña mueca en su rostro .

    Continuaron hasta el fondo de la calle bromeando e intentando combatir con carcajadas, aquel frio penetrante.

    Por fin habían llegado a la comisaria, estaba ansioso de volver a casa, pero cuando se apresuraba a subir las escalares de la comisaria, quedo completamente asombrado ante una imagen que no distaba cinco metros de donde él se encontraba en dicho momento.

    Al lado de las escaleras, un indigente reposaba su cabeza tiritando contra la fría pared del edificio vecino a la comisaria. Llevaba un pantalón harapiento, una camiseta maltrecha acompañada de una gabardina vieja y agujereada y sus pies… ¡Estaban descalzos!. Llevaba toda la noche sufriendo aquel amargo frio, cargado de ropa y abrigo y le había costado mucho sobreponerse a él. Sin embargo, aquel hombre probablemente estaría helado.

    Eran fechas cercanas a la navidad y aquel contraste de esplendorosas luces iluminando el rostro cansado de aquel vagabundo… Le dio un vuelco enorme al corazón.

    Su compañero le observaba con atención mientras él se hundía en si mismo absorto en sus pensamientos.

    Realmente no tuvo mucho que pensar, se dio media vuelta y de dirigió decidido a una tienda que se encontraba a escasos veinte metros de la comisaria.

    Se planto delante de las puertas mecánicas, que se abrieron de par en par invitándole a entrar justo cuando pisaba aquella alfombra que le daba la bienvenida con el lema del establecimiento, “Su felicidad es nuestra felicidad”.

    Giro las primeras dos calles de aquella tienda y se dirigió a la zona de calzado, allí se hizo con unas botas de montaña y se dirigió hacia la caja.

    -Disculpe, ¿Cuánto cuestan estas botas ?

    - sesenta euros caballero .- Respondió el dependiente amablemente.

    - De acuerdo me llevo este par y… aquel par de calcetines .- exclamo señalando unos calcetines térmicos para la nieve que se encontraban situados en el estante, al lado de la caja.

    - Son sesenta y cinco euros con veinte céntimos .

    Saco su cartera y extendió su tarjeta de crédito para que la dependienta pudiera tomarla. No estaba seguro de tener tal cantidad en su cuenta en aquel momento, pero si no se equivocaba, le habrían pagado ya su noche de guardia anterior y no tendría ningún problema. Cruzo sus dedos y suspiro aliviado al comprobar que el cargo en la tarjeta se producía sin ningún altercado.

    -Gracias caballero.

    - De nada , ha sido un placer – respondió despidiéndose con una sonrisa de oreja a oreja.

    Retorno hacia el lugar donde se encontraba aquel viejo indigente, y observo como todavía su compañero lo miraba extrañado ante aquella insólita situación. Michael sin prestar atención a su compañero, hinco su rodilla en el suelo y se dirigió hacia aquel hombre con palabras educadas.

    -Disculpe señor – Dijo mientras observaba la cara arrugada y asustada del pobre vagabundo.

    - Lo siento agente, ya me voy… .- susurro débilmente, mientras intentaba enderezar su castigado cuerpo.

    Sus labios completamente agrietados debido al frio intenso de la noche, dejaban entrever, que le faltaban varios dientes, y su escuálido cuerpo denotaba una abundante falta de alimentos.

    -No por favor, escúcheme vengo a hacerle un pequeño regalo .

    Aquel vagabundo lo miro con cara extrañada.

    -He comprado estos zapatos y calcetines para usted- explicó Michael tendiéndole las botas.

    Una débil sonrisa iluminó la cara de aquella persona.

    -Hacía mucho tiempo que no tenía unos zapatos.

    Al ver que no podía ponérselos, Michael le coloco primero los calcetines y después aquellas recién adquiridas botas.

    -¿Quieres una taza de café o chocolate caliente?¿Quieres entrar?

    -No gracias, se lo agradezco mucho, pero prefiero quedarme aquí.

    Sus palabras parecían sinceras, Michael se despidió de aquel hombre, quien lo siguió con mirada agradecida mientras subía seguido de su compañero las escaleras de la comisaria.

    Una vez llegado a los vestuarios su compañero le expreso a Michael su más profundo respeto, ya que había invertido en aquel hombre parte del dinero que tanto dinero le estaba costando ahorrar.

    A lo que respondió Michael.

    -Sabes lo que más me entristece, que nuestro trabajo es servir a todo y cada uno de los ciudadanos de esta ciudad, sin embargo cuando me agache para ofrecerle mi ayuda a aquel hombre, pensaba que iba a echarlo del lugar. Somos policías, ¿No debería haber pensado que queríamos ayudarlo?

    Su compañero perplejo ante aquella respuesta, se quedo sin palabras.

    -Bueno, descansa y que tengas buen día, nos vemos mañana.- despidió con la mano a su compañero, todavía conmocionado por aquella experiencia.

    Salió de la comisaria y observo que aquel vagabundo ya no estaba, y aunque no había olvidado los problemas que le aguardaban en casa, recordaba aquella sonrisa que le había provocado y sabia que ahora no caminaría descalzo.

     

    Pensativo y sonriente, camino hacia casa, deseando compartir esta sensación de bienestar con su familia.

     

     

     

     

     

    Comentarios

    1. volivar

      5 diciembre, 2012

      Aesus: te felicito por haber hecho esta bella narración de un suceso de la vida real, que impresionó al mundo entero, lo que significa que aún tenemos esperanza en que e nos humanicemos, en que nos volvamos nuevamente hermanos, y no lobos que atacaban a sus semejantes.
      Mi voto que aquel gusto
      Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México

      • Aesus

        5 diciembre, 2012

        Muchas gracias, sentí la necesidad de narrarlo cuando leí la noticia, parece que todavía hay esperanza.
        Un saludo en la distancia Volivar.

    2. VIMON

      5 diciembre, 2012

      Muy buen relato. No sabia que se trataba de una noticia. Que bien que suceden estas cosas, aunque sea de vez en cuando… Saludos y mi voto.

    3. halize

      5 diciembre, 2012

      Precioso cuento,estas cosas también ocurren, aunque pocas veces en la vida real.
      Un saludo y mi voto.

    4. LAIYA

      15 diciembre, 2012

      Hermoso relato , muy bien escrito.Tienes mi voto

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