La fiesta de la Patrona del pueblo se aproximaba. Jaime se preparaba no sólo con el entusiasmo que proviene de lo más profundo de un alma devota, sino que sabía que de él dependían muchas cosas, lustrar la plata, hacer brillar los candelabros, lustrar los bancos, limpiar los ventanales, sacudir las arañas, sacarle lustre a ese piso, que
según el padre Francisco eran baldosas del más fino granito.
Entre los arreglos y los preparativos que el padrecito Francisco le había encargado para que el Altar de Nuestra Señora se vea con el brillo que la Madre se merecía, pensaba en Mercedes.
Mercedes, era hija del Comisionado Municipal del pueblo, demasiado para él, pensaba pero ella tenía la sencillez, la gracia y la dulzura que sólo los piadosos poseen y eso le daba esperanzas a ese amor que había ido creciendo desde que eran niños.
El padre Francisco sabía del amor de Jaime hacia Mercedes y sabía además, en secreto de confesión, aunque no hacía falta, porque todo el pueblo se daba cuenta cuando los veían juntos, que Mercedes estaba enamorada de Jaime desde que era adolescente. Las miradas al cruzarse gritaban al mundo ese sentimiento puro y auténtico que entre ellos existía.
Como pasa, casi siempre, si no es siempre, el padre de Mercedes no quería verlo cerca de su hija, cada vez que Jaime llamaba a su puerta con las frutas y las verduras que la madre de la joven le compraba al padrecito para ayudar de alguna forma a la parroquia, el padre con gesto de pocos amigos y con voz ronca y seca le decía que la próxima vez buscase a otro para acercar el pedido, que no lo quería ver rondando la casa.
La madre de Mercedes , en cierta forma lo defendía al muchacho, porque lo conocía desde que eran niños, los vio jugar con esa ternura e inocencia que sólo la infancia prodiga , Jaime se había criado junto con su hija ya que la mamá de del muchacho fue lavandera en la casa, hasta que murió de tuberculosis; a partir de entonces, el padre Francisco, se hizo cargo de Jaime al quedar huérfano.
Mercedes, como lo hizo siempre, se encargaba junto con su madre y otras mujeres, de lavar todos los manteles, organizar la comida que cada una de ellas aportaba, al igual que la bebida para los niños, puesto que el vino era cuestión de los hombres. Además la llenaba de alegría adornar el salón parroquial con flores, guirnaldas,
banderines blancos, celestes, amarillos, globos, entre el corretear de los niños para quienes las fiestas ya habían comenzado.
La mañana previa al día de la Virgen, el sol estaba radiante, no así el clima en casa del comisionado, Mercedes amaneció con muchísima fiebre, luego de haber pasado muy mala noche.
El médico se encontraba al lado de la cama de la joven, el padre lo había traído en su vehículo desde la ciudad, ya que en el pueblo sólo se contaba con un Puesto de Salud, al cual el facultativo, sólo concurría una vez a la semana.
El estado de salud de la jovencita se conoció inmediatamente en todo el pueblo, Jaime al enterarse, se desesperó, salió corriendo a verla, dejando lo que estaba haciendo. Al llegar , una criada de la casa le dijo que no podía pasar que el comisionado se iba a poner furioso y que el patroncito no estaba para malos momentos. Jaime le rogó, le dijo que sólo quería verla aunque sea por la rendija de la puerta o de una ventana.
La criada no tuvo más remedio que dejarlo pasar , al ver el rostro desencajado del joven. Así fue como Jaime, efectivamente, pudo verla escondido tras una puerta que comunicaba el dormitorio de Mercedes con la sala. Llegó para escuchar cuando el doctor le decía a los padres de Mercedes que debían trasladarla a la ciudad, que
necesitaba hacerle varios estudios clínicos y unas radiografías, que le preocupaban sus pulmones.
Jaime sintió que el pecho se le destrozaba de dolor, las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Algo sobre los pulmones había escuchado y sabía que eso era malo. No sabía que iba a hacer sin ella, nunca se habían separado por más de uno o dos días por algún viajecito que .el comisionado hacía con la familia a la ciudad.
Regresó a seguir son sus tareas, doliente, profundamente perturbado, la angustia hizo que fuera directo y se arrodillara frente a la imagen de la Madrecita, a quien él abría su alma y le contaba todo lo que hacía durante el día, eso fue así desde que perdiera a
su mamá, hacía ya cuatro años. Los clavos profundos que desgarraron su corazón
aquella vez, los volvía a sentir en estos momentos.
El padrecito Francisco lo vio, se le acercó y poniendo su mano sobre la cabeza del joven, le dijo que rezara, que la Madre Celestial lo estaba escuchando.
Jaime sabía que no podía fallarle a la Virgencita, porque faltarle a ella era como si le fallase a Mercedes ya que en sus oraciones le prometía que iba a terminar sus estudios, que se iba a esforzar, como jamás antes lo había hecho, pero eso era nada
comparado con lo que Mercedes la estaba necesitando ahora, por lo que le pidió
que la protegiera a ella, que la sanara, que la traiga de vuelta a casa.
Así, sin dormir prácticamente, volvió ante la Virgen y de rodillas rezó, sólo rezó, poniendo no sólo la fe sino todo su ser. Jaime alistó todo para la misa y
la posterior procesión, para la cual se ofreció a ser uno de las que llevarían en andas la imagen de la Virgencita, el Párroco no se negó a ello, sabiendo de la fe y devoción
de Jaime.
Terminada la celebración religiosa, y en medio de los festejos en el salón parroquial, entró de improviso el comisionado.
Cuando observaron su rostro, pudieron ver que estaba desfigurado del dolor. Fue corriendo hacia el padre Francisco y por su llanto desgarrador, no se entendía lo que decía. A Jaime se le paralizó el corazón. Todos los presentes al verlo entrar de esa forma presintieron lo peor.
EL comisionado le pedía al padre Francisco que lo acompañara, que su hija pedía por él y por Jaime. Inmediatamente el párroco se dirigió hacia la Sacristía y preparó un maletín. Jaime, como muerto, no lloraba sólo esperó parado al lado del auto del padre de su amada Mercedes.
Al llegar al hospital el comisionado y el párroco corrían, Jaime caminaba, más bien,
arrastraba sus pies. No quería verla. No quería confirmar lo que todos suponían. Seguía sin derramar ni una lágrima, sentía que estaba seco, vacío.
En el pasillo vio a la mamá de Mercedes, quien en un mar de lágrimas se abrazó a Jaime, mientras, repetía entre sollozos, que su hija no merecía esto. Jaime seguía como en otro mundo, impávido, insensible, endurecido, se podría decir.
Cuando salió el comisionado de la habitación en donde se encontraba su hija, Jaime
vio a ese hombre como nunca lo había visto, encogido, abrumado, empequeñecido.
Salió el padre Francisco y le dijo a Jaime que Mercedes quería hablar con él, pero él dudó, no respondió nada, quedó allí parado inmóvil. Los tres, padre, madre y párroco le dijeron que por favor entrara.
Se dirigió hacia la puerta, entró y la vio. Ella con mucho esfuerzo le regaló una sonrisa, le extendió sus brazos. Él se acercó al pie de su cama. Ella le pidió su mano, al tocarla, Jaime reaccionó como si alguien lo hubiese sacudido y la abrazó con tanta ternura, dejando su alma en ese abrazo, y le dijo, que se iba a poner bien , que pronto iba a estar repuesta y cuando regresara al pueblo iba a pedir su mano al comisionado y allí la besó con la suavidad de una brisa, y ambos percibieron la frescura del aroma de rosas, y sin decirlo, con sólo mirarse a los ojos supieron que la Virgen estaba presente en ese beso.
Cuando salió de esa habitación, los que esperaban lo vieron cambiado, transformado y les dijo que Mercedes se iba a curar que la Virgen ya había intercedido para que ello ocurriera. De regreso, dirigiéndose al Comisionado, le dijo que él como padre de Mercedes iba a acompañar a su hija hasta el altar para que el padre Francisco los convirtiese en marido y mujer ante Dios.
Ninguno articuló palabra, se limitaron a asentir y abrazarlo, convencidos que ese joven amaba a su hija al extremo que la Virgencita produjese el milagro de salvarla.
Llegaron juntos al pueblo, abrazados en el asiento de atrás, el pueblo todo, sabedor de la noticia se acercó a la puerta de la casa de Mercedes ´para esperarlos. Fue un júbilo
cuando la vieron bajar del auto, débil aún , pero con una sonrisa que el sol
empequeñecía ante ese brillo, no pudieron dejar de aplaudir y de agradecer a la Virgen cuando lo vieron a Jaime, hecho hombre en apenas pocas semanas, tomarla de la cintura como si el brazo mismo del universo estuviese allí para protegerla.

RafaSastre
Muy bello relato de amor, Sandra. Te confirmo que cada vez me gustan más tus textos, siento que estás dotadísima para la escritura. No lo dejes nunca, por favor. Un abrazo y mi voto.
VIMON
Muy buen relato, Sandra, tan solo cuida un poco mas la sincronización de los tiempos verbales. Un saludo y mi voto.
oscardacunha
Bella historia la de ese amor entre Mercedes y Jaime. Me gustó, pero haz caso a Vimon, algunas frases “suenan” mal por ese detalle.
Un abrazo.
Mariana2510
Hermosa historia Sandra, me encantó te envío un grande abrazo.
LUIS_GONZALEZ
Encantadr relato, me gustó mucho, te mando mi voto…
Patricia.Legal
MARAVILLOSA HISTORIA, ME ENCANTO, UN BESO Y MI VOTO.
Sandra.Legal
Gracias a todos por leer este texto. Agradezco ,especialmente sus comentarios y sus correcciones , eso evidencia que me estiman… Gracias de todo corazón.
Un beso a todos
Sandra
AmilcarMartinez
Una cuestión de fe estupendamente descripta…
Me gustó…. Mi Voto ? Soy el N° 8…….Saludos, Sandra.
Butterfly
Hermosa historia, Sandrix….mi voto 10 y a portada, sin dudarlo.
SALAMANDRA
Estupenda Historia de Amor y Fe Sandra
te felicito. Abrazos.
Eva.Franco
Me encantó. Es una historia llena del elemento clave para seguir, nuestra fe. Comparto el sentimiento de Rafa, nunca dejes de escribir y ser tu misma.
Mi voto y un fuerte abrazo.
Sandra.Legal
Gracias por sus comentarios tan afectuosos. Llenan de calidez mi corazón
Un fuerte abrazo a todos .
Sandra
Lu Hoyos
Muy tierna historia de amor. Mi voto.
Sandra.Legal
Mi querida Lu gracias por tus comentarios y por tu apoyo constante
Un beso
Sandra
Fabrizzio Velaochaga
Me mantuvo expectante con el juego de palabras que muy bien sabes plasmar. Buen relato. Mi voto.
Saludos, Sandra.
Sandra.Legal
Gracias Fabrizzio por detenerte a leer este relato. Eres un joven que pinta para destacarse en este difícil arte de escribir.
Un abrazo
Sandra
DavidRubio
Muy buena historia y escrita con dulzura. Tu estilo empieza a ser reconocible aún no sabiendo quien es el autor. Solo una sugerencia en cuanto a la estructura que creo que lo haría más bonito, ¿Has pensado en una forma de narrar no tan lineal?. Por ejemplo Jaime limpiando el altar de la Virgen ya sabiendo que Mercedes está mal y, a partir de ahí, narrar su historia y lo que quiere pedirle; o bien Jaime al lado de Mercedes en la cama del hospital y, a partir de ahí, explicar cómo han llegado ahí. Son sugerencias muy personales, el texto es tuyo y me encantó. Un enorme abrazo y voto 14.
Sandra.Legal
Ohhh!!! David querido ¿Cómo crees tú que no voy a atender tus sugerencias?.¡Pues claro que si!!!! Y gracias por hacerlas. Voy a releer el texto a ver si puedo lograrlo, si??? Espero hacer las cosas mejor
Un fuerte abrazo , amigo
Sandra