Héctor y yo éramos mejores amigos desde el nido. Yo sabía todos sus secretos y el los míos. Era tan grande nuestra amistad que a los 8 años sellamos nuestra relacion con un pacto. No nos atrevíamos a hacernos un corte en la muñeca, pero necesitábamos intercambiar algo para culminar la ceremonia amical. A la mañana siguiente Héctor llego a mi casa con un diente en la mano (se le había caído en el desayuno) y con la idea de intercambiar dientes, a falta de sangre. Corrí a mi cuarto, abrí mi cajita de tesoros y le entregue un diente amarillento y el me entrego el suyo. Juramos ser amigos por siempre, pero en el colegio algunos años después comenzó el fin.
Estábamos en esa etapa juvenil en la que no sabes lo que quieres y un fatídico día de marzo nos dieron un libro para leer en casa, Don Quijote de la Mancha. Lo que a mi parecer era un libro gigante y aterrador (útil quizá para trancar una puerta, pero para nada mas), era para él la oportunidad de acompañar al manchego y a su escudero en maravillosas aventuras. Perdí a mi gran amigo de la infancia el día que abrió esa novela.
Dejo de conversar conmigo en los recreos sobre el escote de la profesora de historia y de futbol, para adentrarse en esa cueva tan extraña para mí y para todos los demás alumnos. Llego a faltar a clases y se exonero de religión solo para poder leer, rodeado de miles de libros. Me empecé a preocupar y trate de conversar con él a la salida. No le entendía nada, me hablaba de unos rusos que yo suponía eran esos primos europeos de los que me había hablado hace algún tiempo. En el instante en el que me decía que se tenía que ir para estar con su primo Tolstoi, yo le pedí, rogué, implore que me invitara a su casa. Me dijo que el miércoles estaba libre y se fue.
Habían pasado tan solo unos meses desde que había comenzado a leer de forma tan voraz y ya su pelota, su Play Station 1 y sus álbumes de futbol habían sido desplazados por libros de todas las formas y colores. Fue una visita muy incómoda. Como no teníamos tema de conversación (no se rio con mis chistes y puso cara de aburrido cuando le hable de la chica nueva) tuvimos que entretenernos solos. Él se puso a leer y yo a jugar Play. Después tuvimos una pequeña discusión, porque él fue al baño con un libro y yo le dije que cagar y leer al mismo tiempo era asqueroso. “Leer y defecar son parte de los pocos placeres
combinables, acaso has visto a alguien tirando y jugando futbol” yo quede atónito ante esta respuesta y llame un taxi para que me recoja. Antes de irme descubrí uno de sus libros mojados, lo que me dejo muy intrigado.
Me empecé a juntar con otros chicos y dejamos de hablar, pero todavía tenía esperanzas de recuperar su amistad. Dos meses después teníamos que reunirnos un sábado para un trabajo (la elección de las parejas fue por sorteo). Llegue temprano a su casa. Su mama me recibió y me dijo que Héctor se estaba bañando y que lo podía esperar en su cuarto. Subí y mientras atravesaba el pasadizo camino al cuarto, vi la puerta del baño entreabierta. Sin pensarlo mucho me acerque y metí la cabeza en el espacio entre la puerta y la pared. Lo vi y después de sobarme los ojos seguía viendo lo mismo. Héctor estaba metido en la ducha, la mano derecha la usaba para jabonarse y la izquierda para sostener un libro. Estaba tan concentrado leyendo que no noto la presencia de mi cabeza. Lo había perdido para siempre.
Nota del autor:
Escribí este relato después de leer una cita de Roberto Bolaño sobre su amigo el poeta mexicano Mario Papasquiaro.
“Fue mi mejor amigo, mi mejor amigo de lejos (…) un ser extrañísimo, un lector empedernido con cosas tan extrañas como meterse a la ducha y salir leyendo. Siempre veía mis libros mojados y no sabía que había ocurrido ¿Será que México es tan grande que puede llover en ciertas partes? Me pregunté hasta que lo sorprendí leyendo en la ducha (…) Mario era un personaje fantástico, no tenía alguna disciplina. Él era un poeta poeta, un ser fantástico, muy valioso.”
Espero que lo hayan disfrutado, aunque sea un poquito.





Sandra.Legal
Felicitaciones Sebastián, muy buen relato, el que nos has compartido. La lectura en verdad que es atrapante y sin llegar a esos extremos, creo que todos de una forma u otra, dejamos poco a poco, ciertas actividades de lado. Por lo menos es mi caso.
Un abrazo y mi voto
sebastiancarrillo96
gracias
LUIS_GONZALEZ
Un hermoso cuento y si lo disfruté, te felicito, mi voto…
sebastiancarrillo96
gracias
volivar
Sebastìàn; sigo con la idea de que eres un gran literato, aunque debes recordar o tener presente que para logra el èxito se necesita mucho camino, mucha paciencia, no desanimarse, a pesar pàra nada.
Mi voto
Volivar (Jorge Martìnez. Mèxico)
sebastiancarrillo96
gracias por el consejo. Ten por seguro que lo tendre presente
VIMON
Muy buen relato, Sebastián. Saludos y mi voto.
C.R.Villanueva
Me ha gustado mucho! Te doy mi voto