Hasta aquí las cosas, el lector quizá consienta darle final a la historia de estos amantes, pero no me es del todo grato comunicarles que posiblemente este epílogo se extienda a tantas aventuras y desventuras por contar, que apenas tal vez este sea el comienzo de la verdadera historia y en vez epílogo podría contener palabras para un prólogo.
Después de un tiempo el joven regresó a la ciudad, habló con ella largas horas y luego de cruzar razones ambos lloraron, luego se abrazaron y de nuevo lloraron. Él le pedía que no lo abandonara nunca y ella con su voz atontada (o así se sentía ella) repetía una y otra vez “¡Basta! no más, no más, no más…” Si hubiese hecho caso a estas palabras, quizá este epílogo hubiese terminado con la última comilla, pero como él, más que escuchar palabras sabe leer ojos, veía como los de ella, brillantes y alegres repetían una y otra vez: “ Aquí he estado queriéndote, queriéndote como siempre Marcos, queriéndote”





Mabel
Ni en la Muerte se dejan de amar. Un abrazo Yulia y mi voto desde Andalucía
Yulia de la Tarde
Saludos Mabel.
VIMON
Muy buen micro, Yulia. Saludos con mi voto.
Yulia de la Tarde
Que bueno que lo leíste. Gracias por tu comentario. Saludos!