Las cataratas del amor

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Tarobá, el poderoso indígena guaraní de la tribu de los Kaiowa, quedó impresionado por la belleza de Naipí, hija de Ignobi, cacique de los mbya, otro clan guaraní.

Cada fin de la época de las lluvias, todas las tribus guaraniés se reunían en torno al Río Yguazu ( Y = agua, guazu = grande). Se acercaba la gran ceremonia, donde todos los clanes unidos, rendían culto a Mboi, el terrorífico Dios-Serpiente que habitaba en el río, hijo de Tupâ, el Creador y de Arasy, diosa de la Luna. Allí estaban también los ñandeva, los tapietes, los chanes y otros clanes llegados de zonas más alejadas.

Pese a ser un pueblo muy pacífico, los guaraníes, no dejaban de ser muy supersticiosos y la celebración acababa con un trágico ritual: un sacrificio, un sacrificio humano. Desde el principio de los tiempos, la más bella de todas las jóvenes de las diferentes tribus era ofrecida a Mboi.

Tarobá, se encontró con Naipí, nada más llegar con su clan al río. Su padre, Arandú, sabio cacique de los Kaiowa, saludaba al resto de jefes, entre ellos a Ignobi. Mientras sus padres hablaban, ellos quedaron como hipnotizados, en su cruce de miradas. Ambos eran jóvenes y hermosos. De rasgos faciales suaves y bonitos, piel morena.Como todos, iban casi desnudos. Ella, grácil y esbelta, él musculado y curiosamente alto para la media de los de su tribu. En un impulso poco habitual, Tarobá pidió permiso a ambos progenitores para pasear con Naipí junto al río. Los dos caciques se sorprendieron, pero aceptaron.

Él no era hombre de dar rodeos, era muy directo, así que las primeras palabras que le dijo fueron:

  • Pese a estar con cara de preocupada o enojada, eres la mujer más bella que he visto en mi vida

Ella no se ruborizó, ni se puso a la defensiva, parecía no importarle nada…

  • Agradezco tus palabras, en otro momento hubiera sido dichosa. Entre las jóvenes Mbya, tu nombre es conocido, Tarobá. Pero ¿ cómo no estar preocupada si mi belleza va a suponer mi muerte? Las ancianas de las tribus me han elegido a mí, yo seré el sacrificio a esa asquerosa serpiente!

Quedó apesadumbrado. No entendía como podían seguir con esa costumbre ancestral. Su pecho de guerrero, curtido en batallas, se encogió ante la afligida belleza que tenía delante.

  • Yo nunca he creido en este ritual. Mañana lo propondré en el consejo de caciques, lo cambiaré… por ti….- dijo como siempre parco en palabras.

Ella levantó la cara, había algo había en la mirada de ese bello y atrevido joven, un destello de locura que le transmitió un haz de esperanza. Aun así, sabía que estaba sentenciada y volvió a bajar la cabeza.

  • Me alegro que compartas mis pensamientos… Es un honor que tan bravo y hermoso guerrero, haga esto por mí. Pero no malgastes fuerzas, es una batalla perdida.

  • Ninguna batalla está perdida, mientras quede un resuello de aliento! - le dijo, mientras levantaba su cara suavemente por la barbilla.

La miró fijamente, con sus fieros, pero a la vez tiernos ojos. Ahora si, se sintió estremecer. Esa determinación sin límites, parecía inculcarle fuerzas y fé.

  • Como quieras! Pero si no lo consigues, cuando salga el sol 7 veces, mi vida se apagará.

  • No morirás mujer!

Se dio media vuelta, y ella le vio alejarse, empezando a notar que emergía una llama en su interior por aquel formidable guerrero.

Quedó contemplando su belleza, reflejada en el espejo del río, sus facciones perfectas, su frondosa cabellera de pelo negro que llegaba a su cintura, y golpeando con rabia el agua, maldijo ser portadora de todos esos encantos.

Tarobá, como hijo de cacique, podía permanecer en el consejo. Los jefes de los clanes aprovechaban estos días para comentar sobre guerras contra otros indígenas que tenían ambición de ampliar sus imperios. También solían hacer meditaciones profundas, junto con los chamanes.

Estaban alejados del resto, sentados en el suelo o sobre pieles, bajo un gran árbol. Allí estaban Angatupyry, Marangatu, Moroti, Abaangui, Pytajovái, Ignobi y Arandu.

La reunión estaba siendo tranquila, intrascendente, hasta que Tarobá, levantó la voz y se puso en pie. Era algo intolerable en presencia de los caciques, su padre fue el primer sorprendido, pese a que conocía a su impetuoso hijo.

-Quiero proponer al consejo, la abolición del sacrificio! Y lo argumento, diciendo que Mboi no es ningún Dios, sino una bestia inmunda a la que habría que matar.

Los murmullos y las caras de indignación entre los jefes eran evidentes. Todos miraban a Arandú, era a él a quien correspondía reprender a su hijo. No le dió tiempo. Tau, el chamán con cara de víbora, se dirigió en voz baja y grave a Arandú:

  • córtale la lengua a tu hijo, si no quieres que la cólera de los dioses se lance contra nuestro pueblo!!

Arandú, era un hombre de unos 70 años, delgado, con grandes y profundas arrugas en la cara, de porte sereno y ojos inteligentes. En cuanto vio la mirada de fuego entre su hijo y Naipí, supo lo que estaba sucediendo. Poco podía hacer. No sólo era Tau, el resto de chamanes tenían mucho poder ante los demás caciques. El miedo siempre ha funcionado en materia de creencias religiosas para que los humanos cometiesen auténticas barbaries. Ir en contra del ritual era cavarse la propia tumba.

  • Dejadme hablar a solas con mi hijo- dijo con voz solemne.

Arandú, le calmó, le habló del orden establecido, de ese orden que no se puede cambiar de un día para otro, que los cambios trascendentales en la forma de pensar de las personas, llevan su tiempo. Tarobá asentía, también era inteligente pero mucho más impulsivo que su padre. Él quería salvar a Naipí, no disponía de tiempo.

  • ¿ Crees que yo no he sufrido por tantas y tantas jóvenes que han sido sacrificadas? Quizá si fuese sólo nuestro clan, podríamos interceder, pero los demás, tienen pánico a los dioses, cualquier desastre natural, lo atribuyen a su ira, y no quieren provocar su cólera.

  • Pero padre, tú eres el más sabio de los caciques, por qué no les convences? Yo sé que no crees en esa maldita serpierte…. En quien crees tú?

  • Hijo mío, no importa en quien yo crea, aunque, te diré que no creo que todo sea una casualidad, los rayos del sol llegan a nosotros cada mañana en la intensidad justa, las estaciones dan equilibirio a las tierras, las lluvias calman nuestra sed y la de la tierra, cada animal tiene su cometido… no, no creo que estemos solos, debe haber un Creador, pero desde luego no esa maldita serpiente gigante!

  • Padre! Proponlo en el Consejo, que las tribus decidan, transmite estas palabras.

  • Si propongo esto tal cual, nuestras cabezas estarán en una lanza al anochecer. Debemos ser más inteligentes y diseñar una estrategia….Pensaré en ello, y mañana lo propondré al consejo.

Tarobá respiró aliviado. Se fue en busca de Naipí. Fueron caminando hasta un apartado lugar, donde un pequeño afluente del gran río, formaba una especie de lago de aguas tranquilas y poco profundas. La noche estaba cálida, apenas sin brisa. Le transmitió la noticia de que su padre, llevaría la propuesta de abolición del sacrificio al Consejo. Ella parecía no querer ilusionarse.

  • Por qué haces todo esto? Preguntó casi rogando la respuesta que quería oir.

  • Porque nadie debe morir de esa forma tan absurda, y fundamentalmente…. por que mi corazón late fuerte en mi pecho… con solo escuchar tu nombre.

  • Ohh Tarobá- le susurró al oido, mientras acercaba sus labios a los suyos.

Se besaron apasionadamente, hasta que Naipí sonrió y se quitó las pocas ropas que llevaba para sumergirse en el agua estancada…. La luz de la luna llena se reflejaba en el agua permitiendo ver a Tarobá su espléndida silueta introducirse en el lago. Se desnudó y se adentró junto a ella. Jugaron como niños, tirándose agua, sumergiéndose, besándose…. y por primera vez la vio distendida y pudo escuchar su risa, pensó que nada podía igualar a aquella joven riendo, aquella hermosa indígena que lo enamoraba.

Con sus poderosos brazos la sacó del agua, la posó suavemente en la orilla e hicieron el amor hasta la madrugada.

Arandú, busco aliado en Ignobi, el padre de Naipí, este era un buen jefe, pero muy influenciado por su chamán. Al final prevaleció el amor a su hija, y le dio su palabra que apoyaría su propuesta.

El consejo fue tenso, era un tema sagrado, los chamanes estaban enfurecidos ante la osadía de plantear si quiera la abolición, amenaban con grandes desgracias si no abandonaban pronto esa senda del menosprecio a los dioses.

Arandú ofreció un gran discurso, tenía el don de convencer con la palabra, tocó la fibra sensible y planteó la legítima duda: no era posible saber si los dioses se enfurecerían porque nunca se había dejado de hacer el sacrificio. Argumentó con buen criterio que cabía la posibilidad que Tupâ y Arasy, fueran indiferentes al sacrificio. Parecía que su mensaje iba calando, hasta que Tau, se levantó indignado y exclamó:

  • Maldito blasfemo, ¿quieres llevarnos a la exterminación? ¿ Qué es la vida de una estúpida joven, si con ello nos garantizamos el aprecio de los dioses??- y escupió a los pies de Arandú.

Tarobá saltó como un resorte, agarró una lanza e hirió de gravedad, aunque no mortalmente a Tau.

La impulsividad de Tarobá, le costó que lo ataran a una estaca clavada en el suelo, en espera del juicio de los jefes, atacar a un chamán era algo muy grave. A pesar de ello, se decidió que a la mañana siguiente, se votaría el desenlace en cuanto al ritual.

Ignobi y Arandú, consiguieron el apoyo de Marangatu, pero los otros cuatro caciques votaron en contra de la abolición del ritual. Naipí sería arrojada al río como sacrificio al día siguiente.

Decidieron atar a los amantes uno al lado del otro, en sendas estacas clavadas al suelo a orillas del río. Al día siguiente Naipí sería ofrecida a Mboi y Tarobá decapitado por la agresión a Tau, el chamán. Arandú, permanecía callado, pero en su cabeza una idea se iba forjando….

Naipí y Tarobá, apenas hablaban, ella rendida, resignada a su suerte, él fiel a su karma luchador, intentando deshacerse de las cuerdas. Ella admiraba eso en él. Le hubiera gustado tanto ser la madre de sus hijos. Los rumores acerca de su valor no eran exagerados en absoluto.

Al amanecer, unas sombras se dirigían hacia los prisioneros, tan solo dos guardias vigilaban a la pareja . Arandú no estaba dispuesto a dejar morir a su hijo. Había meditado profundamente, aquello supondría su muerte, pero había guerreros jóvenes capacitados para guiar a los Kaiowa. Se sentía viejo, ya no le temía a la muerte.

Con dos de sus leales guerreros, acabaron rápidamente con uno de los centinelas, pero el otro consiguió zafarse y dar la alarma antes de morir. No había tiempo que perder, Arandú cortó las cuerdas con una afilada piedra, primero las de Naipí y después las de Tarobá. El resto de guerreros se dirigía hacia ellos, el plan de Arandú de que escaparan por tierra adentro, no pudo ser por la alarma del centinela. Sólo quedaba la salida del río….

Padre e hijo se fundieron en un abrazo. Dos valerosos guerreros, enfrentados a toda una tribu por un ritual salvaje.

Tarobá, cogió en brazos a Naipí y la subió en una canoa. Se adentraron en el río. Arandú le entregó su lanza. Si tenía que morir, lo haría como un guerrero. Nadie se atrevió a seguirles por miedo a Mboi, la fuerte corriente los arrastraba.

Al poco rato, empezaron a sentir las primeras turbulencias en el cauce del río. Naipí gritó aterrorizada. La enorme serpiente los perseguía enfurecida a toda velocidad. Tarobá le tiró su lanza, dándole en el ojo, fue su última hazaña de guerrero. Mboi, retorciéndose de dolor y de odio, levantó su gigantesco cuerpo sobre el agua. Los amantes, se abrazaron sobre la canoa. El gigantesco dios- serpiente, dejó caer su lomo y toda su ira sobre ellos, con tal fuerza que partió el cauce del río, formando las cataratas.

Según la mitología guaraní, a Tarobá lo convirtió en un arbol junto al río, y la cabellera de Naipí la transformó en la catarata que hoy se conoce como la Garganta del Diablo, donde escondido Mboi vigila que los amantes no se reúnan… Sin embargo, en los días soleados, un hermoso arcoiris, burla al malvado Dios serpiente y une a los amantes…

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    26 julio, 2017

    Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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