Vamos a jugar a suponer, amigo mío.
Supón que el día que nos conocimos en el metro, ya te conocía.
Supón que ya sabía dónde ibas a sentarte.
Supón que ya sabía qué ibas a decirme.
- ¿Me permite?
- Por supuesto. Va usted muy cargado.
- Pues sí, ya se sabe. Por estas fechas todo son compras.
- Claro. ¿Eso que lleva es un Scalextric? Mi hijo también ha pedido uno.
- Lo es, lo es. No vea lo que me ha costado encontrarlo. Me imagino que ya sabe de lo que le hablo.
- Sí, para qué voy a engañarle…
Supón que lo tenía preparado. Supón que no fue una casualidad, en absoluto.
- ¿Eso que lee es El Hobbit? Qué curioso, yo también estoy con él.
- ¿Ah si? ¿Y qué le parece?
- Bueno, es la tercera vez que lo cojo. Me encanta. ¿Y usted?
- Adoro a Tolkien. Tuvo una imaginación portentosa… Pero bueno, ¿dónde están mis modales? Me llamo Francisco, encantado.
- Paco.
- Bueno, mis amigos me llaman así, sí.
- No, no. Se equivoca: Paco, me llamo Paco. Mis amigos me llaman Francisco.
- Encantado, Francisco.
- Un placer, Paco.
Supón que te quiero fuera, lejos, muerto. Para que me dejes tranquilo de una vez, en paz.
- ¿Me permite, Paco? Bajo aquí.
- También yo bajo. ¿Quiere que le acerque a casa? Tengo el coche aparcado por aquí cerca.
- Oh, no se preocupe, aunque se lo agradezco. También tengo el coche por una de estas calles.
- Está bien… Veamos… ya lo veo, es aquél de allí.
- Vaya, tenemos el mismo modelo. Espere, diría que se ha equivocado. Ése es mi coche.
- Francisco, también es mi coche.
- ¿Cómo? Perdone, no le he oído bién, pero mire la matrícula: 375 HU. Es mi coche.
- Francisco, creo que no me ha entendido: también es mi coche.
Supón que aquella pistola no fue real. Tampoco la bala.
Supón que todo estaba en tu mente.
Supón que somos la misma persona.
Salvo que tú estás muerto…





Mabel
Hablar con tu propio yo es impresionante, como sacado de una película de Terror. Un abrazo Marisol y mi voto desde Andalucía
Pablo P.
Un relato estupendo. Bien estructurado y con una potencia fuera de lo común. Mis felicitaciones
enriccarles
Hola Sol
no tengo dudas de lo que digo, los que tenemos algunas neuronas sueltas lo sabemos bien
la disociación de la personalidad nos lleva a amar a una y odiar a la otra
cuando llegas a este estado, puedes llegar a situarte en un tercer punto, el de observador, el que no tiene sentimientos aferrados a ninguna de las dos partes en pugna y solo mira el espectáculo que se exhibe ante él.
este es capaz de tener su propia interpretación de los hechos y en determinado caso puede decidir sobre la vida o muerte de alguna de las enfrentadas. Me he planteado si es bueno mantenerse en esta tercera posicion y no lo entiendo como malo, creo que es una necesidad al fin para que la guerra entablada termine con un ganador, el que definirá permanentemente el yo existente… mientras el observador seguirá allí vigilante de como se desarrolla la vida sin el que ha muerto… al fin la dualidad no termina, solo se concreta.
en algunos escritos he hablado sobre esto que me ha ocurrido, pocos o casi nadie me ha resuelto algo, por eso no quería quedarme callado, tu sabrás entenderme.
un abrazo muy grande
Nana
Impresionante relato, Sol. Me gusta su estructura, su dinamismo, me has mantenido enganchada hasta el final. Mi voto y un fuerte abrazo 😉