Capítulo sin número: Silvina Guzmán Villamil

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    Lausanne, Suiza 2 de octubre de 2310

    Anoche alguien deslizó por debajo de la puerta un sobre verde dirigido a Silvina. Lo tomé y lo puse encima de su escritorio. Confieso que me estaba matando la curiosidad por saber de qué se trataba.

    Seguí leyendo a Salinger, hasta que amaneció. De pronto siento unos pasos que se aproximan desde el pasillo.

    - ¡BUEN DÍA! Saluda Silvina con su entusiasmo característico. A veces pienso que debería tomar conciencia de su vozarrón.

    Se amarra su largo pelo rubio en una cola de caballo y se prepara una taza de café negro sin azúcar ni endulzante. Abre el refrigerador y se lamenta porque se acabó el dulce de leche.

    Se sienta a la mesa e inhala el vapor que sale de la taza para sentir la intensidad del aroma entrar por su nariz en todo su esplendor. Siempre con los ojos cerrados y una gran sonrisa. Cuando hace ese gesto me recuerda a Leticia Brédice.

    De pronto despierta de su ensueño cafetero y me pregunta si he visto a Björn.

    - Creo que está en el baño. Le contesté.

    Se dirigió a la puerta del mismo y preguntó:

    - Einarsson, ¿estás ahí?

    - Sí, ¿por qué?

    - ¡Apurate, que quiero hacer pis!

    Björn le deja el baño libre y va a vestirse a su cuarto.

    Silvina vuelve al salón y revisa los papeles de su escritorio, encuentra el sobre verde y mientras lee su contenido veo como algo en ella se desmorona. Sigue leyendo a medida que camina por el pasillo y se encierra en su cuarto.

    Pasa media hora… Dos horas y Silvina no sale.

    - Silvina, ¿estás bien?, ¿quieres que te traiga algo de la cocina? Björn está preparando el almuerzo, ¿no vas a venir? -le pregunto y la escucho llorar del otro lado de la puerta.

    Yo puse los platos sobre la mesa, mientras Björn trataba de convencer a Silvina para comer. Pasó tanto tiempo encerrado conversando con ella, que yo me quedé dormida en el sillón y las milanesas se enfriaron en la sartén.

    Luego de varios días de insomnio por fin logré dormir hasta que ella misma me despertó.

    - Tengo ganas de salir un rato, ¿me acompañás al bar de la esquina?

    - ¿Ahora?

    - Sí, ahora -me responde ella, como una niña que no aguanta las ganas de revelar un secreto- Necesito hablar con alguien. ¿Puedo confiar en vos?

    - Sí, sí. Vamos.

    Me encojo de hombros, porque lo mío no es entablar lazos de amistad tan profundos. No es que me sea indiferente… Es que no sé cómo hacerlo.

    Nos pusimos los abrigos y bajamos la escalera del edificio sigilosamente. En este mundo lo más importante es no llamar la atención. Más que un rasgo cultural, es una medida de seguridad. Los centinelas están en todas partes y pueden aparecer en cualquier momento.

    Llegamos al bar y nos sentamos en la mesa que está más al fondo, donde no hay tanto ruido. Silvina pidió un Fernet y yo un jugo de naranja.

    - Parece que ese sobre te afectó -dije yo, para iniciar la conversación.

    - Es una carta de la familia de mi padre. Es para contarme que el viejo murió.

    - Que pena, lo siento mucho…

    - No te preocupes, no éramos tan cercanos. Falleció hace un par de días en el hospital. Tenía cáncer al pulmón… Y qué querés, ¡si se fumaba dos paquetes de cigarrillos al día, el hijo de puta!

    Sus otros hijos me escribieron para contarme los detalles del funeral y del entierro, por si tenía ganas de ir.

    - ¿Lo vas a hacer?

    - No sé todavía, es muy complicado.

    - ¿Se llevaban mal, te hizo algo?

    - No, o sea… Nos llevábamos, por decirlo de alguna manera. En realidad lo conocí muy poco, ¿viste? Él nos abandonó a mi y a mi mamá cuando yo era chiquita.

    Cuando ella se embarazó, él se hizo responsable y estuvo ahí, pero bajo ciertas condiciones… Su familia no podía enterarse. Eso a mi vieja le rompía las pelotas, porque él pensaba que dándome el apellido ya se merecía un monumento en la plaza mayor, ¿viste?

    Un día ella lo enfrentó, le dijo que no podía vivir negándome delante de todo el mundo. Él le confesó que no podía porque su mamá estaba enferma y porque le iban a quitar todos los privilegios de niño rico malcriado. Así que mi vieja lo mandó bien a la mierda.

    - ¿Crees que estuvo bien lo que hizo tu mamá? -Le pregunto yo.

    - Totalmente… ¡Totalmente! Él no mostraba verdadero interés ni por ella ni por mi, siempre buscaba una excusa tras otra para no reconocer que tenía una hija por fuera.

    Mi vieja cortó todo contacto con él y nos fuimos a vivir a la Argentina y allá crecí.

    - Yo pensaba que eras argentina…

    - Sí, o sea, mi vieja es Argentina, de Salta. Yo nací en Chile, tengo documentos chilenos y todo, porque mi padre es chileno, pero crecí en Rosario.

    - ¿Qué pasó después?

    - Cuando entré a la escuela me sentía como bicho raro, porque la mitad de mi clase eran hijos de padres separados o divorciados, pero a la salida igual el padre los iba a buscar, paseaba con ellos, les compraba un helado y les ayudaba a hacer las tareas.

    A medida que fui creciendo, me empecé a cuestionar por qué yo no tenía eso y le empecé a preguntar a mi mamá.

    - ¿Ella no rehizo su vida, no encontró otra pareja?

    - No. Por elección propia, ella prefirió quedarse sola. Igual yo la entiendo, tuvo una mala experiencia con un tipo y nunca más quiso saber nada con los hombres. Ella es feliz así, dice que tiene un problema menos.

    Además estaba sola con una nena y su familia no la apoyó. Al final, ella se dedicó a criarme y a trabajar como loca.

    Yo pienso que mi madre fue una mujer valiente, ¿sabés? No se rebajó a rogarle a mi viejo por dos mangos de pensión alimenticia. Se enfrentó a todo ese discurso tradicionalista de “cómo eres capaz de dejar a la nena sin padre”, “pobrecita, va a crecer sin una figura paterna”.

    Además, me sacó de un país en el que yo no iba a tener ninguna oportunidad. Imagínate que mi certificado de nacimiento dice “hija ilegítima”, ya con eso empezamos mal.

    Argentina no es un país perfecto, lejos de eso. Pero allá pude ir a la universidad y hacer lo que me gusta, sin tener que hipotecar mi casa y endeudarme hasta la otra vida. En Chile no habría tenido oportunidades para desarrollarme como persona.

    Yo no puedo condenar a mi madre… Al contrario, ella me sacó adelante como PUDO. Hasta tuvo que rogarle a un juez para poder sacarme de Chile sin la firma de mi padre. Le demostró que él sólo me había dado el apellido y nada más. Lo hizo porque consideró que en Argentina iba a tener un futuro mucho mejor.

    - ¿Nunca tuviste curiosidad de conocerlo? -La interrumpo yo.

    - Y sí… Cuando era adolescente, lo contacté. Necesitaba verle la cara, ver si yo tenía algo de él, saber si era una persona real y no un ser abstracto. Me mandó un billete de avión para ir a Santiago. Mi vieja me llevó de Rosario a Buenos Aires, al aeropuerto de Ezeiza.

    Llegó la hora de embarcar, mi madre me abrazó y me dijo al oído que en Chile iba a aprender una lección muy importante.

    Cuando llegué a Santiago, mi padre me fue a buscar al aeropuerto y de inmediato hubo mucha química. Los dos estábamos nerviosos, como en una cita a ciegas, porque eso era en el fondo: ir a encontrarme con un completo desconocido para ver si teníamos algo en común. No sabía si saludarlo de beso en la mejilla o con un apretón de manos..

    Durante dos semanas me llevó a conocer el centro de la ciudad, al zoológico, pasear por los parques, tomar helados… Todas esas cosas que se supone que hacen los padres con sus hijos cuando están chiquitos, pero yo recién lo estaba experimentando a los 17 años.

    - ¿Lo disfrutaste?

    - Me trató bien, pero de todas formas yo lo seguía sintiendo como un extraño. A pesar de tener cierto parecido físico, sobre todo en los gestos, siento que en las cosas que importaban no teníamos nada en común. Él era fanático de Alan Parsons, en cambio a mi me gustan Los Redondos de Ricota, Fabiana Cantilo y Juana Molina.

    - Te gustó el país, al menos…

    - No tanto… O sea, el centro de Santiago es simpático, podés subir a los cerros que son re turísticos, podés ir al mercado a comer mariscos… Del casco histórico ya no queda nada. Él me explicaba que las constructoras se hicieron montón de guita echando abajo la arquitectura europea del siglo XIX para construir unas torres de veinte pisos, todos cuadrados, grises y feos donde la gente se endeuda y vive con la mujer y los pibes en 35 metros cuadrados. Tenés otro bebé y lo tenés que meter en el baño porque ya no hay más espacio.

    - ¿Él te hablaba de todas esas cosas?

    - Sí. También me preguntaba por mi vida, si iba a la escuela, si tenía amigos, si tenía novio… Me dijo que tenía que cuidarme y usar siempre condón, porque después me podía arrepentir. Supongo que lo decía por mi. Si él lo hubiera usado, yo no existiría.

    - ¿Y luego?

    - Lo que duró mi estadía en Chile, salíamos todos los días, nos llamábamos por teléfono, me contaba chistes… Me hacía reír un montón. Pero mi viaje terminó y tenía que volver a Rosario. Cuando mi mamá me encontró en el aeropuerto, me abrazó con los ojos llenos de lágrimas pero no me dijo nada. En el carro hablamos puras pavadas.

    Los meses que siguieron, hablaba con mi viejo por Skype cuando volvía de la escuela, yo misma le enseñé a usarlo.

    Durante un buen tiempo desapareció… Hasta que un día me mandó un mail para explicarme que no podía hablar más conmigo. Su esposa, la señora que conoció después de mi mamá, le armó un quilombo y lo obligó a elegir entre “su verdadera familia” o yo.

    Yo estaba destrozada… Por primera vez en mi vida experimentaba lo que es tener un padre y ahora lo volvía a perder. Mi vieja me abrazaba y sólo atinó a decirme que uno debe tener cuidado con lo que desea, porque luego se cumple y hay que afrontar las consecuencias.

    ¡Tenía tanta rabia! Contra el mundo, contra mi padre, contra su esposa… Después entré a estudiar psicología en la Universidad de Buenos Aires, y en los talleres grupales fui procesando mi historia, mis vacíos, mis dudas existenciales… Luego hice las prácticas clínicas en una institución psiquiátrica, un lugar bien feo donde los enfermeros hacían lo que querían con los pacientes y a nadie le importaba.

    En ese hospital trabajé con esquizofrénicos, alcohólicos, depresivos y con adictos. Me tocaba asistir como oyente a las sesiones de terapia con los familiares, gente que tenía problemas tremendos.

    Ahí me di cuenta de que tener una figura paterna no garantiza nada. Descubrí que a pesar de ser hija de madre soltera igual estaba de pie, que sin un padre presente igual había logrado construirme a mí misma, ser una chica madura, con metas, que estaba estudiando en la universidad; mientras que otros sí lo tuvieron y sus vidas eran una cagada. Entonces, dejé de auto-compadecerme y decidí que el hecho de no haber tenido padre no me convertía por defecto en una persona “incompleta”.

    Recuerdo que después de las prácticas volvía a mi casa y me agarraba la cabeza, porque no podía entender por qué siempre la sociedad me hizo sentir que yo era “distinta”, siendo que en el Neuro veía padres que eran alcohólicos, que le pegaban a la mujer, que torturaban o violaban a los niños. También había otros que pagaban para que los médicos le “arreglaran” al hijo y se desentendían del tema.

    En cualquier escuela de psicología te van a enseñar que el padre es tan importante como la madre en el proceso de desarrollo emocional y afectivo del niño. Con el alcance de que una mala figura paterna puede hacer incluso más daño que no tenerla.

    Unos años después me titulé y gané una beca para hacer un master en Suiza. Aquí conocí a Einarsson, totalmente consciente de que yo en él espero encontrar una pareja y no el padre que nunca tuve.

    El mesero se acerca y nos indica que ya van a cerrar. Silvina posa su brazo derecho sobre la máquina para pagar y volvemos caminando al departamento, totalmente en silencio.

    Nota: los nombres y hechos utilizados en esta historia no tienen ninguna relación con la realidad.

    Comentarios

    1. Avatar de Mabel

      Mabel

      25 junio, 2014

      Me gusta la Novela, es juvenil y llamativa, un abrazo y mi voto desde Andalucía

    2. Avatar de Gusadro

      Gusadro

      29 julio, 2014

      Concuerdo con Mabel. Pero entrando en detalles, la historia esta muy bien descrita y llevada. Me sorprende ello porque yo no soy alguien que lee textos tan largos sin distraerse, pero el tuyo, al estar muy bien compuesto, no me dejo mas que seguir leyendolo. Luego, el tema muy bien desarrollado, desde la presentacion del mismo, hasta la forma en la que lo vas desarrollando. Algunas pequenias observaciones (perdon que haga eso pero tengo un laptop con teclado en ingles):
      1) Ten cuidado con los pronombres que sobran, con el poner primero “mi madre y yo”.
      2) Al inicio la historia esta buena, pero creo que puedes hacer una mayor descripcion del lugar y del scenario No te esmeres tanto en ello, solo una breve descripcion de medio parrafito para que el lector se de una idea del lugar (asumo que no se te hara dificil, visto que describes muy bien).
      3) Trata de usar las comillas para separar discurso de narracion.
      Pero mas alla de ello no creo que pueda decir. Ten en cuenta que he sido realmente quisquilloso para notar todas esas cosas, pero creo que se deben decir para que tus textos esten el 100%. Escribes muy bien, tienes un talento narrativo increible. Sigue asi, leere mas textos tuyos. Un saludo y un merecido voto.

      • Avatar de Julieta-Urbana

        Julieta-Urbana

        31 julio, 2014

        Gracias por lo de los comentarios sobre los pronombres y la sugerencia de describir el lugar. Respecto al tercer punto, reconozco que los dialogos son mi punto débil porque no sé como tratarlos, nunca sé si poner un guion al principio, si ponerlos entre comillas o de alguna otra forma.

        En general, agarro un libro, veo que como lo hizo el diagramador y yo intento hacer lo mismo.

        Saludos.

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