La pampa argentina es un territorio inmenso cuya superficie excede sobradamente a la de la provincia del mismo nombre. En idioma quechua pampa significa “campo raso”, nombre que hace justicia al terreno, que es absolutamente plano e incluye zonas secas y áridas en sus contornos y descomunales llanuras con pastizales en su interior. La extensión de dicha región es tan grande que casi duplica a la del Paraguay, mi país natal. Uno puede andar días y días viendo el mismo paisaje, llanuras verdes que se dilatan a ambos lados de la ruta hasta cortarse en el lejano horizonte; sabanas apenas moteadas por pequeñas islas de árboles o rebaños de vacas que pacen filosóficamente diría yo, o por los tradicionales e imponentes sembradíos de trigo o maíz, cuando no de soja, cultivo nocivo para la tierra, que se le está imponiendo a los otros dos debido a la facilidad con que crece dicha plantita, y a su alta rentabilidad.
Otro aspecto maravilloso son los cielos diurno y el nocturno. Escribo cielo y no cielos pues no está fragmentado por nada. Uno puede dar un giro completo sin dejar de contemplar su magnitud. De día luce celeste, brillante, límpido, muchas veces surcado por majestuosos tropeles de poderosas nubes blancas que adquieren todas las tonalidades del gris cuando traen bramantes tormentas eléctricas. De noche el espectáculo es mágico ya que todas las estrellas del universo brillan al amparo de una luna argéntea, que esplende mucho más que en cualquier otro sitio del mundo.
Así era el cielo de esa noche cuando nos detuvimos en un lúgubre parador cuyo cartel apenas titilaba defectuosamente a un costado del camino. Ya nos habíamos quedado sin provisiones y necesitábamos comer, estirar las piernas y respirar un poco de aire pampeano. A todos nos pareció sumamente simpático el nombre del parador: “El Acabose”.
DS decidió quedarse en el motorhome, cuidando de EP. Planeamos relevarlo media hora después y nos introdujimos en el local que estaba absolutamente vacío. Era un pequeño bar con cinco mesas y un ventanal sucio que enmarcaba a los dos surtidores de nafta sobre la ruta. El mostrador era de formica agrietada e inflada en los bordes. Bajo el mostrador se desplegaba la heladera en cuyo interior iluminado se veía a un pálido cerdito sobre una bandeja metálica. Nos llamó poderosamente la atención que dicho cadáver fuese el único alimento visible. No se exhibían comestibles ni bebidas sobre el mostrador, tampoco se las divisaba en las repisas dispuestas en la pared. Para colmo la iluminación mortecina provocaba la ilusión de que todo allí dentro estaba cubierto por una delicada ceniza. Oliverio descubrió en una pared lateral una pequeña nota periodística enmarcada que nos maravilló. Era de un diario de la zona llamado “El revisor”. El titular rezaba “Dueño del parador “El Acabose” caza extraterrestre”. El reportaje estaba fechado el 22/12/1999 y lo ilustraba una foto donde se veía a un hombre de unos treinta años, calvo y algo jorobado que apuntaba con una escopeta a otro hombre que tenía los ojos vendados y que vestía pantaloncitos Adidas y musculosa Nike. Era un hombre de dos metros de estatura, flaco, de aspecto sajón, al que el dueño del parador ceñía por el cuello como a un perro, con una cadena. El epígrafe de la foto nos informaba que había sido sacada por Ibañez con el celular antes de ingresar a la comisaría.
El reportaje era extenso, ocupaba dos páginas. Narraba los sucesos acaecidosdos semanas antes, la noche del 6/12/1999 en las inmediaciones del predio del parador. A las 22 hs. Maximiliano Adalberto Ibañez, el propietario, escuchó “un ruido parecido al de un ventilador viejo pero gigante” proveniente de la lomada que se despliega detrás de “El acabose”. Alertado buscó su escopeta y salió por la puerta trasera, viendo una moto detenida en el aire, a cinco metros del piso – anoté en mi libreta las palabras de Ibañez tal cual las citaba el entrevistador: “La moto flotaba como una nube y en la moto estaba este tipo que me hablaba sin mover los labios, su voz sonaba dentro de mi cabeza, y me decía que se le había averiado la nave y necesitaba ayuda, y que por éso me pedía por favor que le vendiese veinte pilas medianas y dos atados de Marlboro.”
Ibañez no se detuvo a pensarlo mucho: “Ese tipo era extraño, además de flotar en una moto tenía un acento medio yanqui y le brillaban los ojos; me pareció raro y le dije que yo atendía por adelante, que bajara y entrara al negocio, que ahí le iba a vender todo lo que él quería. Pero como se empecinó en que lo atendiera por atrás, le apunté con la escopeta y le dije que me parecía que no estaba en condiciones de exigir nada. Entonces me dijo que era ya no sé de qué planeta y que no me hiciese el valiente porque me podía hacer estallar la cabeza con la mente. Ahí nomás le pegué un tiro que esquivó agachando el cuerpo, cosa que le hizo perder el equilibrio y caer como una bolsa de papas frente a mí”.
Ibañez se le acercó apuntándole con la escopeta y notó que el extraterrestre no manifestaba dolor y que tampoco presentaba heridas, pudiendo ponerse de pie inmediatamente. “Fue ahí que me empezó a mirar con sus ojos dorados y a provocarme un dolor de cabeza insoportable. Este no me va a hacer estallar la cabeza un pito, pensé y acto seguido le di un culatazo en la cara y lo desmayé. Luego le vendé los ojos para que no me mirase más, le até las manos a la espalda y le puse una cadena al cuello para llevarlo a la comisaría del pueblo en la camioneta. Antes de irnos me acordé que la moto seguía flotando en la parte trasera del negocio; fui y le di un escopetazo en el tanque de nafta pero apenas se abolló; acto seguido le dirigí otro disparo al mismo sitio con él que sólo logré sacarle pintura y chispas; como tenía pocas balas, observé detenidamente la moto y advertí que era un poco diferente a las motos usuales. Las ruedas, por ejemplo, no eran ruedas sino una prolongación del chasis del tanque de nafta; el manubrio también presentaba diferencias, tenía un montón de lucecitas que titilaban como las de un arbolito de navidad y era más corto y recto; supuse que allí estaba el punto débil y disparé pero sin puntería; entonces me calenté y apunté con furia; hija de mil putas, te voy a hacer cagar nave del espacio sideral, te voy a hacer cagar y solo por invadir el espacio aéreo argentino, yegua puta, pensé antes de disparar y dar en el blanco, en el centro del manubrio, provocando una explosión silenciosa, sólo de luz, de una luz blanca tipo tubo fluorescente que duró dos segundos o algo más, incluida la súbita implosión que se tragó a la moto”.
En la última parte del reportaje, Ibañez cuenta lo que aconteció en la comisaria: “El comisario Papalardo es un auténtico idiota, un inútil, que está al servicio del gobierno secreto de los extraterrestres cuyo nombre no me puedo acordar porque este tal James Balfour, el nombre que le dio al comisario, me lo dijo una sola vez y luego lo negó sistemáticamente, alegando y probando ser ciudadano norteamericano de vacaciones en la Argentina, pues exhibió su pasaporte y presentó los recibos del hotel en donde se hospedaba en Ranqueles, provincia de Córdoba, a unos cien km de aquí. Este extraterrestre que ahora se hacía el humano alegaba haber sido secuestrado por tres piratas del asfalto en Ranqueles y solo por diversión. James aseguró que no le querían robar nada, ni siquiera la moto que se había comprado para recorrer “el bello país” que tenemos, sino que lo obligaron a salir de juerga con ellos en el camión que usaban para consumar sus tropelías. Subieron la moto a la caja y a James se lo llevaron adelante, donde no llegaron a violarlo porque se los impidió la falta de espacio, logrando, eso sí, emborracharlo con ginebra que le hacían beber a punta de pistola. Luego salieron del pueblo y tomaron una ruta solitaria y en el primer parador que encontraron se detuvieron para destruirlo sin herir a nadie ni robar nada. Entraban armados con ametralladoras y revólveres y hacían salir a todos menos al dueño al que ataban en una silla para que observara cómo le hacían pedazos todo el local al grito de “¡La propiedad privada es un robo!”. Al extraterrestre le dieron un hacha y lo obligaron a destruir una heladera de Coca Cola.
Después de arrasar este parador montaron el camión y bebiendo y gritando se internaron en la ruta y anduvieron horas enteras sin hallar algo para diezmar. El extraterrestre afirmó con dotes de actor consumado ante el inservible del comisario que poco a poco los piratas pasaron de la euforia a una disputa, al parecer por viejas diferencias no resueltas. En consecuencia detuvieron el camión en medio de la ruta y bajaron a zanjar las cuestiones a las trompadas pero los tres al mismo tiempo, todos contra todos. Fue este momento que usó el extraterrestre para bajar el solo la moto y huir, cosa que el forro del comisario prefirió creerle, desechando de plano mi verdad. Cuando le dije que la moto no era una moto sino un OVNI y que volaba, se rió y me recomendó dejar la bebida; cuando insistí y le conté cómo había atrapado al extraterrestre y cómo había desaparecido la moto, volvió a reírse y me dijo que si además de beber también me estaba drogando, tenía que hacer un tratamiento de rehabilitación urgente porque por lo que acababa de escuchar la droga no me volvía loco sino boludo y eso, la boludez extrema, era mucho más peligrosa que la locura. La sangre ya me velaba la mirada y se me había recalentado la escopeta en la mano pero aún pude contenerme y escuchar al extraterrestre que adujo haber andando sin rumbo con la moto hasta dar con el parador de Ibañez justo al mismo tiempo que divisaba a lo lejos unas luces de un camión que se acercaba, debido a lo cual se escondió en la parte trasera de “El acabose” donde yo lo recibí a los tiros y lo desmayé a los golpes y lo maniaté y le robé la moto”.
En este exacto punto del relato Ibañez perdió el control de sí mismo y empezó a disparar al comisario y al extraterrestre, que se parapetaron tras un escritorio. La balacera despertó a la dotación de la policía, tres agentes que en ese momento dormían en el único calabozo, aprovechando que no estaba ocupado por ningún reo. Media hora después, Ibañez ya sin municiones fue atrapado por los policías que después de propinarle una feroz golpiza, lo encerraron inconsciente.
El reportaje culmina informando que “el extraterrestre James” fue dejado en libertad, que la moto no apareció en ningún lado y que Ibañez, por acción del dirigente político y abogado, Luis Zamora, abandonó la comisaría diez días después con una causa por secuestro, robo, desacato, intento de homicidio, toma de una comisaría y cuantiosos daños materiales.


Manger
Muy bueno y muy entretenido, amigo Quique. Una excelente descriptiva de la pampa argentina, por cierto. Un abrazo.
Quique
Manger amigo, gracias por leer mis textos. Un abrazo desde las pampas.
Xailluz
Un relato incorporado dentro de otro relato. Muy entretenido. Mi voto y mi abrazo desde Chile.
Quique
Vamos Chile carajo que le tienen que ganar a Brasil!!!! Me salió el futbolero. Entonces abrazo de gol. Gracias amigo.
Mabel
Es extraordinaria la forma de escribir que tienes, muy buen relato, un abrazo y mi voto desde Andalucía
Quique
Mabel querida, gracias, eres un lectora consecuente y una poeta florida. Un beso enrome y otro gracias.
Jonio
Buena historia terrenal y extraterrenal, creativa y castiza. A este gallego le ha gustado. Un saludo a ti y a todos los pampeños. Mi voto.
Quique
Hola Jonio, te agradezco los conceptos, un abrazo y seguimos en contacto gracias a la literatura.
Patxi-Hinojosa
Coincido con los compañeros, este es un relato muy entretenido, escrito con fluidez periodística, diría yo, y que al final se hace corto. Mi enhorabuena, querido amigo Quique, mi voto y un muy fuerte abrazo.
PD: Visto lo visto (mejor dicho, leído lo leído… ), me encantaría tener el privilegio de disfrutar de alguno de tus trabajos teatrales…
Quique
Amigo Patxi, no soy lo que se llama un dramaturgo, soy actor, clown y doy clases de teatro en mi sala, el Galpón de Diablomundo. En lo actoral trabajo desde la improvisación para llegar al texto y en mis puestas parto del trabajo actoral para construir texto. Ahora estoy ensayando un espectáculo que se llamará “La muerte se olvidó de mí”, en el que por primera vez parto del texto. Adhiero por formación al teatro antropológico, que es una de las corrientes que más bregó por terminar con la primacía del texto en el teatro, y por la ruptura con el realismo o el naturalismo en la escena. Es decir, parto del cuerpo para el trabajo actoral, y no de la palabra. Pero así y todo trabajo con textos míos, y de autores que admiro como Beckett, Ionesco, Gromwowicz y Nietzsche, más algunos argentinos como Osvaldo Lamborghini, Roberto Arlt y Macedonio Fernández.. En breve prometo subir algunos textos de mi autoría. Espero haber satisfecho tu pregunta. Un abrazo y gracias amigo por leer mis textos.
Patxi-Hinojosa
Pues a la espera quedo (quedamos) querido amigo Quique. Y muchísimas gracias por hablarnos de tu trabajo que intuyo apasionante a la par que muy difícultoso…
ChristineCarcosa
Genial e ingenioso texto, Quique, me encantan esos dejes de humor ácido tan oportunos. Te dejo mi voto y un muy afectuoso saludo
Quique
Gracias estimada amiga. Un beso.
Nerea_Parker
Me encantó por muchas cosas… Una, porque soy de la provincia de La Pampa, otra, porque actualmente vivo/estudio en Córdoba (la otra provincia que mencionás en el relato), y además de ello, la forma de humor con la que narrás es increíble. Y también, sutilmente -o no- vas contra el capitalismo. Me encantó que hayan destruido una heladera de Coca Cola (Jajaja). Mi voto, claramente. ¡Y a Portada!
Fantástico escrito. Un saludo pampeano-cordobés, Quique.
Quique
Gracias Nerea, tus palabras son elogiosas y qué bueno lo que me contás. La provincia de Córdoba es parte de mi vida. He trabajado y vivido, he hecho muchas cosas allá. Es uno de los lugares en donde mejor me siento. Y sí, hay una velada crítica al capitalismo, a ese capitalismo que no se priva de poner, por ejemplo, publicidades en los parajes más desolados. Bueno, muchas gracias por tus palabras otra vez y un beso grande.
alex vargas
me ha encantado, un texto divertidísimo, “la boludez extrema es más peligrosa que la locura”, escribes con mucho ingenio. mi voto
Quique
Gracias amigo. En cuanto a la boludez extrema te digo que aquí en mi país, esta llanura de los chistes, es una epidemia que está diezmándolo todo. Y no hay, por ahora, antídoto. A veces creo que los infumables zombies que proliferan en los medios, son una metáfora de este fenómeno. Un abrazo y otra vez gracias.
Pedro-Buda
Me gustó muchísimo y adhiero a quien dijo que se fusiona una suerte de relato periodístico con el narrador de cuento, en un comentario. Tiene es magia de la fusión, del detalle, que a mí me gusta. Puedo ver a los personajes delante de mí, por las muy buenas descripciones. Y sí, la ironía está ahí presente en cada aso. Me gustó.
Quique
Gracias Pedro. Estaré leyendo tus trabajos a la brevedad. Es un placer para mí intercambiar con gente tan sensible e interesante. Un abrazo grande desde Buenos Aires.