Jeff apartó de un puntapié la inutilizada mano que yacía en el suelo, con las uñas pintadas de negro, que junto con el resto del cuerpo se había interpuesto en su camino. Le dio una última calada al cigarrillo que lanzó con una torcida sonrisa al desgastado colchón, observando con delicia cómo las crecientes llamas saboreaban el tejido y lo devoraban con ansiedad.
Evitó mirarle la cara en todo momento; su identidad carecía de importancia en el momento de capturarlas, ahora no iba a ser menos. Había recogido con su coche a otras tantas como ella a lo largo de su vida…Demasiadas tal vez, tan diferentes y tan parecidas, con esos ojos, ese pretencioso perfume dulzón, esa esencia podrida en común, esa altiva actitud de diva, de femme fatale.
Se observó a si mismo con una sonrisa llena de satisfacción en el espejo de la suite, mientras las descomunales llamas ardían con fiereza, alimentándose ahora de las cortinas. Se sacó un peine del bolsillo y lo pasó cuidadosamente por su ya de por sí arreglado cabello, mientras sus ojos seguían admirando su reflejo. De pronto, una repentina sensación de inseguridad, salida de ninguna parte. Le había parecido divisar una sombra en el espejo, al otro lado de las llameantes cortinas. Jeff sacudió la cabeza y siguió con su tarea, pero la sensación de que alguien le estaba observando no desaparecía.
Molesto consigo mismo, lanzó una malidición silenciosa y se giró para mirar hacia atrás. No vio nada, excepto el fuego que él mismo había provocado. El humo había comenzado a aislar herméticamente la suite. Es hora de irse, se dijo a sí mismo y sus ojos captaron otro movimiento a sus espaldas a través del espejo. Se le erizó el vello de los brazos y gritó con ansiedad, “¿Quién anda ahí”? . Juró escuchar risotadas, que resonaron demasiado cerca de su oreja izquierda. Quería salir corriendo, pero sus piernas se habían quedado petrificadas, clavadas en el suelo. Su cuerpo de repente no le pertenecía.
Jeff cerró los ojos y recordó a mamá, su estricto rostro gris y su particular método de educación. Se tapó la cara con las manos y lloró, cuando una dulce voz le susurró algo al oído y una fuerza descomunal le despegó las manos de la cara y tiró de sus párpados, obligándole a mirar, a ver su distorsionada imagen en el espejo y a una mujer saliendo de entre las llamas, seguida de otra más, y otra, y otra, y otra, y otra, llenando de gritos y de recuerdos con olor a muerte la maldita habitación.
Todas ellas, estudiantes, bailarinas, profesoras, madres, enfermeras, clavaban en él sus vacías cuencas y su rostro retorcido por el odio, mientras él lloraba y pataleaba como un niño. De nada le sirvió llevar encima todos sus juguetes, como le gustaba llamar a los demoniacos elementos de tortura de su colección, las sesenta y seis almas perdidas devoraron su esencia, no dejando a los ojos del mundo ni un sólo rastro de él.
Tan sólo unas gotas de perfume que se esfumaban lentamente de la suite.


RafaSastre
Estás dotada de una “gracia” especial para los relatos negros, Christine. Me gustan todos los que escribes.
ChristineCarcosa
Muchas gracias, Rafa, la verdad es que recurro a estos temas cuando simplemente necesito escribir, y es lo primero que sale, somos lo que leemos…
Paul Devouge
siniestro, me ha gustado!! un abrazo y mi voto
ChristineCarcosa
Muchas gracias Paul!
Manger
Uno de los mejores, estimada Christine. Reminiscencias de desórdenes sufridos en la infancia que se proyectan en el desprecio hacia la mujer. Muy bueno. Mis felicitaciones y, como siempre, afectuosos saludos.
ChristineCarcosa
Me alegra muchísimo que te haya gustado, estimado Manger
Quique
Creo firmemente que en la literatura es importante el qué, pero mucho más medular es el cómo, y en el cómo amiga, das la nota. Tu estilo es estupendo.
ChristineCarcosa
Muchísimas gracias por tu comentario, Quique, el cual me voy a tomar como una pequeña crítica y trabajar un poco más en el “qué”
VIMON
Excelente relato, Christine, felicitaciones y mi voto.
ChristineCarcosa
Muchísimas gracias Vimon
Patxi-Hinojosa
Tienes mucha imaginación, y la muestras de forma muy profesional. Vamos, que escribes de maravilla. Me ha encantado el relato. Mi voto y un muy fuerte abrazo.
Aziza
Una sola palabra: ¡Wow! Me ha encantado. Hay ciertas pinceladas en tus relatos que denotan una gran maestría y un dominio de lo que escribes espectacular. Es como si tú misma te adentraras en tu propio relato, indagando en los pensamientos y sentimientos más profundos del personaje. Tienes mi voto, querida compañera. No dejes de escribir nunca. Mis más grandes respetos y un abrazo.
Mabel
Me gusta tu forma de escribir estos relatos que te hacen estremecer, un abrazo y mi voto desde Andalucía
ChristineCarcosa
Muchísimas gracias a Patxi, Aziza y Mabel por vuestro tiempo y vuestros comentarios, que aprecio muchísimo